Plan Nacional de Gestión Menstrual Sustentable

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Plan Nacional de Gestión Menstrual Sustentable. Como lo oyes. Se lo dices a un exégeta de Borges y lo entierras, con las carnes abiertas de par en par. Así se llama el Proyecto de Ley, con mayúsculas, que la diputada Daniela Vilar, del Frente Todos argentino, quiere calzarle a sus pares. Es de esas personas que profundiza en “políticas de soberanía alimentaria y ambientalismo popular,” de las que escriben lxs como artículo plural neutro, trabajadorxs, pibxs y cosas por el estilo. A mí me cuesta, lo confieso. Me pregunto cómo lo pronunciará cuando habla. Virgiliano como es uno, me pide una j, insultante y madrileña. También le gustan las “políticas ambientales con perspectiva de inclusión social,” a quién no, y no se sorprende cuando “el activismo menstrual argentino trabaja en red y logra cosas impensadas.” Qué cosas serán esas, se preguntará usted, que le tienen en ascuas: pues, obviamente, conseguir “estadísticas oficiales sobre gestión menstrual.” Ojo, oficiales. ¡Ojo!, gestión menstrual. Empecemos por el principio.

Podría pasar por broma de derechas, por noticia falsa para sacarle la risa al pobre ciudadano argentino, que bastante llora de normal. Como esa estupidez que se exagera a tal extremo que nadie duda de que se están burlando. Pero no, va en serio, aquí te dejo el Proyecto de Ley en prenda. O aquí la noticia de La Nación, donde ameniza las citas más relevantes con extractos elocuentes de Twitter. Sin embargo, no deberíamos tomarlo a la ligera. El texto encierra todo el decálogo de malas intenciones de un comunista totalitario y, con esa ley aparentemente inocua y absurda, se puede vislumbrar el camino de terror que aguarda a quienes dejen entrar en su casa esas ideas. Primero la puntita, y luego entera y doblada. Sirve de ejemplo y advertencia para todos los hispanos, y yo diría que para todo occidente, enfermo del mismo mal.

La tergiversación del lenguaje es la sal que adereza el texto, como hace todo buen dictador. Frases largas ininteligibles llenas de neologismos, como las que he señalado más arriba, o como por ejemplo esta delicia: “una política menstrual respetuosa de la salud y el cuerpo de las personas menstruantes necesariamente tiene que concientizar y promover los productos de gestión menstrual sustentables, también como una política ambiental que de una respuesta a las problemáticas ambientales que provenientes de productos menstruales no reutilizables.” Frases que dejan al ingenuo pensando en que algo sabio habrá dicho con tantas palabras, sobre todo esas hinchadas innecesariamente para darle pompa al discurso. Sobra decir que la aprendiz de dictadora es analfabeta y no sabe escribir sin faltas de ortografía ni errores gramaticales, como ves. Ella dice que estudia Maestría en Políticas Públicas, pero más le ayudaría aprender a leer y escribir. También prostituye el significado de las palabras, en un juego de eufemismos y engaños al que el tonto termina acostumbrándose. No, linda: sustentable es algo que se puede defender con razones, respetuoso es aquello que causa u observa veneración y respeto, visibilizar es hacer visible artificialmente lo que a simple vista no se ve, como las amebas, social es todo lo relativo a la sociedad, o sea, a todos, no a los pobres, o público, que venía siendo algo relativo a todos, conocido por todos, o accesible a todos, y ha terminado instalándose como algo perteneciente al Estado. Pero queda mejor decir políticas públicas que políticas estatales, mejor educación social que educación de pobres, visibilizar desigualdades es más fino que enfatizar artificialmente diferencias, y se llama respetuoso con el ambiente y sustentable lo que no tiene ningún efecto a tu alrededor, porque es bonito decirlo, te unge de bondad. Me gusta especialmente eso de “precios cuidados,” que significa control de precios, es decir, desabastecimiento y mercado negro, pero queda hermoso.

El abuso de adjetivos y adverbios enfáticos es un arma habitual del tirano y del demagogo, un gran defecto en la literatura, pero un recurso efectivo para causar miedo y manipular a quien no sabe leer bien. El texto está granado de ellos: numerosos, gravemente, grandes, importante, fuertemente, más, múltiples, controversial, drásticamente, excesivo, aún más, único, fundamentales, incremento, necesariamente, y muchísimo más aún… Eso en un par de párrafos, la colección daría para un glosario anexo. También se abusa del adjetivo que inspira ternura para demostrar la bondad de que carece, son muy abundantes: saludable, sustentable, nativo, respetuoso, productivo, accesible, profesionales, gratuito, social… Y, cómo no, de los verbos de acción benevolente, esos que parece que van a cambiar el mundo y ayudar a los pobres de una vez por todas: promover, abordar, decidir, difundir, garantizar, recabar, producir, desarrollar, articular, instrumentar… Son simples palabras, no son hechos, tan inútiles y falsas como estas: acceso, salud, impacto, gestión, información, incentivo, sociedad, especialistas, sensibilización, difusión, capacitación.

A tal punto llega el abuso del lenguaje y los conceptos inventados que el artículo 2 de la ley se dedica a definiciones, para explicar qué es la Gestión Menstrual y qué los Productos de Gestión Menstrual Sustentable, así, con mayúsculas, que da más respeto. Se construye, como puedes observar, un universo nuevo ajeno a la realidad. Y sobre él luego nacen y se reproducen los sinsentidos de la tiranía, y con ellos sus servidumbres. En el campo semántico, brilla con fuerza las personas menstruantes. Da risa verlo escrito, pero no es cosa de risa. Con la apariencia cándida de querer englobar a las mujeres que se sienten masculinas pero menstrúan, se orinan en las mujeres. Desprecian su nombre, su singularidad, su humanidad y lo más hermoso que tienen, su condición natural. Ese conjunto de características biológicas que las hace especiales y diferentes, y por tanto maravillosas, se ningunean: personas menstruantes. El fin es malvado como pocos: suprimir las diferencias, igualar, convertir a las personas en seres idénticos, automáticos, desprovistos de personalidad. A nadie le importa que a una mujer le guste vestirse como quiera, acostarse con quien desee o sentirse un Aquiles viril, un tigre de bengala o un helicóptero acorazado, la cuestión es que tenga igualdad de derechos, que los tiene, que nadie la discrimine legalmente, cosa que no sucede, y que le dejen ser como le dé la gana sin que venga nadie a llamarle “persona menstruante.” ¡Por el dios del amor! La ley no te pregunta lo que te gusta hacer en la cama, ni lo que tienes entre las piernas, ni si menstrúas o cagas por una sonda. Te lo preguntan los médicos cuando tienes un problema, y no les importa lo que tienes en la cabeza, sino tu enfermedad. Perdóname, estimado lector, que me enciendo, pero es que no sé cómo soportan las mujeres semejante maltrato. Pronto nos llamarán a todos seres mamantes, para no discriminar a nadie, como las ovejas. En esa línea, a las mujeres las llama cuerpos, “se adecue a las necesidades de cada cuerpo.” Lo que hay que aguantar. Toda esta sarta de estupideces cancerígenas las sostiene la imbécil diciendo que la menstruación es una construcción social. Digo imbécil porque lo es, tonta, falta de inteligencia. La floración de las magnolias y el camuflaje de los pulpos deben ser también una construcción social, como los eclipses, que son de ultraderecha a todas luces. Son también memorables, por qué no mencionarlo, las fuentes de las que extrae su basura: “un montón de nuevos problemas,” “distintos estudios realizados,” “un impuesto por menstruar,” “la menstruación es un factor que puede ocasionar ausentismo…” En fin, fuentes clásicas primarias, Plinio, Heródoto, Plutarco, ya sabes.

Debajo de todo ese montón de estiércol se esconden las infectas intenciones totalitarias comunistas. Con sutileza, el objetivo es promover la producción nacional, promover desde el Estado, crear observatorios, capacitar en todos los niveles del Estado, recabar estadísticas, desarrollar políticas estatales, generar información, sí, generarla, crear autoridades, instrumentar acciones, difundir campañas, articular programas y planes, arbitrar gestiones, adecuar presupuestos, dar cumplimiento, generar normas, crear una agenda estatal, un observatorio de gestión menstrual… No me invento nada, lo pone en el texto. Es decir, se pretende construir un artefacto enorme lleno de atribuciones y poderes estatales extraídos de la libertad de los ciudadanos, un pesebre en el que colocar a los fieles para que controlen a los infieles, sufragado además con los impuestos de los más pobres. Y el fin, lo dice ella, es concientizar a la sociedad, eso es lo más importante, concientizar, meterle la mierda en el cerebro a la gente para que no tenga otra cosa en qué pensar. Eso sí, lo llama educar y sensibilizar, por la libertad.

De una cosa tan simple como la menstruación de las mujeres hay que ver lo que se les ocurre hacer para vivir a costa de los pobres, para perpetuarse en el poder, para infectar las mentes ingenuas y quitarnos libertades, esta vez en el ámbito de lo más íntimo, de la piel para adentro. Imaginaos lo que serán capaces de hacer por nuestro bien con asuntos como la libertad de expresión, de reunión, de circulación, de prensa, de propiedad… Te dirán que es mejor controlar desde el Estado las mentiras de las redes para garantizar tu libertad de información, que se deben prohibir determinadas opiniones para salvaguardar tu libertad de expresión, que no se permiten según qué reuniones para evitar disturbios, que es mejor no ir a donde uno quiera por el bien de los demás, que lo prudente es monitorear la vida de la gente para evitar injusticias, y que en solidaridad con los más pobres van a quedarse con el dinero y las propiedades de todos. Por un mundo más justo, sustentable y respetuoso con el ambiente nativo.

Tú ya lo sabes, a eso se le llama tiranía comunista, sin eufemismos, y trae consigo un heredero horrible: el hambre.

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