Izquierda y derecha, totalitario y liberal.

«Donde se trata de la libertad y de la fortuna de un ciudadano deben callar aquellos sentimientos que inspira la desigualdad.«

Cesare Beccaria – De los delitos y las penas, 1764.

Izquierda, derecha, fascista, comunista, neoliberal, rojo, progresista, libertario, anarquista, turbocapitalista, conservador… Etiquetas como esas se confunden entre el común hasta vaciarse de significado. Poco importa su sentido original, su etimología, al final han quedado como arma para clavársela en el pecho al rival político, y así identificarlo. Casi todas se construyen sobre una dicotomía innecesaria: buenos y malos. Sin embargo, casi nadie se siente identificado plenamente por ninguna etiqueta, pero a la vez la mayoría encuentra por doquier a personas que encajan perfectamente en alguna. De nada sirven las etiquetas, tampoco las políticas, salvo que hiciéramos una para cada persona, pero, ya que me sacáis el tema, pongamos un poco de orden semántico.

Tradicionalmente se ha dividido la masa política entre izquierda y derecha. Todavía hoy funciona esa dicotomía básica, hasta el punto de que muchos, cuando te preguntan de qué bando eres y respondes que de ninguno de esos dos, te contestan sin dudar: «si no eres de izquierdas es que eres de derechas.» Sin embargo, no es fácil definir esos dos términos con precisión. Lo intento con la izquierda. Como ya sabes, el origen se encuentra en la revolución francesa (1789): era la posición que ocupaban a la izquierda del Presidente de la Asamblea los que se oponían al veto del rey. A la derecha se situaron los partidarios del veto. El matiz no tiene importancia ya, ahora la izquierda se identifica con ideas reformistas, con conceptos como progreso, economía planificada, secularismo, insubordinación o justicia social. Muy recientemente, a colación de su amor por la reforma, abanderan las políticas ecologistas. Por otra parte, al abrigo de la insubordinación y el secularismo, también defienden la libertad individual en algunos aspectos morales. Tú, lector inteligente, observas que es muy difícil encajar en todo eso a la vez, porque quizá estés a favor de la libertad sexual, pero no quieras una economía planificada, o tal vez milites en el ecologismo, a la vez que en el catolicismo. Si me perdonas, simplificaré la definición de izquierda con dos conceptos muy amplios, por motivos didácticos: libertad moral y economía planificada.

Es una simplificación, no se malinterprete: libertad para decidir sobre cuestiones morales del individuo, sexo, drogas, apariencia, religión, pero a su vez una economía planificada, para asegurar desde el Estado que todo el mundo puede acceder a unos mínimos deseables para la vida feliz. En una frase: me da igual con quien te acuestes, pero el dinero lo tenemos que repartir entre todos.

La derecha se define básicamente por oposición a todo lo anterior, sobre todo en estos tiempos en los que lo contrario de izquierda es ultraderecha, y donde los más radicales defensores de la izquierda llaman derecha incluso a la socialdemocracia. En la derecha se olfatean las ideas conservadoras, los conceptos como tradición, libertad económica, religión, orden. Simplificando en dos conceptos muy amplios: orden moral y libertad económica.

La mayoría me perdonará la simplificación si no le sacamos demasiada punta a los matices: libertad económica para prosperar como sociedad y eliminar la pobreza, pero a su vez un orden tradicional en los valores morales sin los cuales podrían darse comportamientos incívicos y poco éticos. En una frase: haz lo que quieras con tu dinero y tu esfuerzo, pero te vas a comportar como Dios manda.

Como puedes ver, salvo que uno esté cegado por la ideología, se pueden defender los cuatro aspectos a la vez sin entrar en contradicción: haz lo que quieras con tu vida, pero actúa éticamente, incluso con tu dinero y tu esfuerzo, pero no te olvides de los que no pueden sin ayuda. No parece, por tanto, que haya buenos y malos. Sería hermoso que todo el mundo lo viera con esa sencillez.

No obstante, el eje tradicional de izquierda y derecha no basta. Se fundamenta en los conceptos: qué se debe prohibir y qué se debe permitir. Sin embargo, a mi juicio, hay otro eje más importante que se fundamenta en los procedimientos: ¿se debe prohibir? Es el eje de autoridad y libertad. En este eje la cuestión no estriba en qué es bueno y qué debe ser prohibido, sino en el procedimiento por el cual se prohíbe y quién tiene autoridad moral para hacerlo. Cuanto más se prohíbe y de forma menos consensuada, el sistema es más autoritario. De esta suerte, una sociedad en la que se prescribe con denuedo tiende al totalitarismo. Simplificando otra vez: orden moral y economía planificada.

Así a simple vista nos espanta a todos, porque ahí anida el fascismo, el socialismo nazi, el comunismo… Sin embargo el discurso del totalitarismo suele funcionar bien en determinados contextos sociales atemorizados y necesitados de ayuda, sirva el presente como ejemplo: el Estado debe garantizar que todo el mundo pueda acceder a unos mínimos deseables para la vida feliz, mediante una economía planificada, y a su vez debe velar por un orden tradicional en los valores morales sin los cuales podrían darse comportamientos incívicos y poco éticos. Si uno no está demasiado ciego por su ideología, observará cómo todos los políticos defienden en alguna medida estas líneas, pues todos ellos aspiran en cierto modo a un poder mayor. En una frase: el dinero lo tenemos que repartir entre todos, y además te vas a comportar como Dios manda.

En el lado opuesto del totalitarismo está el liberalismo, que a estas alturas del texto ya no necesita apenas presentación: libertad moral y económica.

A simple vista parece el paraíso: libertad para decidir sobre cuestiones morales del individuo, sexo, drogas, apariencia, religión, y a su vez libertad económica para prosperar como sociedad y eliminar la pobreza. En una frase: me da igual con quien te acuestes y lo que hagas con tu dinero y tu esfuerzo.

En 1696, como tú bien sabes, David Nolan nos ayudó a entender esos dos ejes en los que se puede simplificar la masa política. Abusando de su gráfico en cruz, este conjunto simplificado podríamos dibujarlo así:

En resumen, el liberalismo es una ideología de mínimos, fundamentada en la libertad del individuo en general, consciente de que cada uno tiene una idea diferente de cómo se deben hacer las cosas; el totalitarismo lo es de máximos, con autoridad en las normas que debe cumplir todo individuo, conocedor del único modo de hacer las cosas bien; la izquierda y la derecha son ideologías mixtas, con autoridad o con libertad según de qué aspectos se trate. En consecuencia, el centro no es estar centrado, sino prohibir un poco de todo y dejar algo de espacio libre.

Ya sé que es todo una simplificación, pero… la pregunta que cabe hacerse llegados a este punto es en qué zona te sientes más cómodo tú, sin prejuicios ideológicos, y justificar la respuesta. Te invito a ello. Nada malo puede salir de la reflexión.

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