«… porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.»
Gn 2:17

En Gn 2-3 se narra el mito del Edén, el pecado de Eva, la desobediencia del hombre y la expulsión del paraíso. Algunas interpretaciones teológicas sostienen que la serpiente engañó a Eva y la sedujo para que pecase, comiendo del fruto prohibido, lo cual desencadenó la condena de muerte que todos padecemos. Sin embargo, una lectura apegada al texto pone en evidencia ciertos matices que contradicen esa interpretación. Es obvio que la desobediencia de Eva desencadena la condena, pero hay que notar que es YHVH quien engaña al hombre, y la serpiente quien revela a Eva la verdad.
Veamos en qué consiste la amenaza.
Gn 2, 17:
“mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
La amenaza de YHVH utiliza la fórmula “morir morirás”, la raíz mut duplicada con énfasis en la acción, que Reina-Valera suele traducir por “ciertamente morirás”, “de cierto morirás” o locuciones similares que refuerzan la amenaza. El uso de esta fórmula, môt tâmût, morir morirás, es típica en advertencias o sentencias de índole jurídica, como consecuencia inexorable de una falta. Es muy frecuente en el catálogo de leyes de Éxodo y Levítico para referirse a las penas de ejecución irremediable a consecuencia de pecados graves. Así pues, la amenaza de Gn 2:17 no se refiere a una muerte biológica inmediata ni a una muerte mística necesaria, sino a una certeza legal de ejecución. Es decir, no es una advertencia amable sobre el peligro farmacológico de comer el fruto, o un desencadenante metafísico de muerte, sino una cláusula condicional penal: si comes, incurres en pena de muerte.
Por si quedasen dudas, el texto dice “el día que de él comieres”, lo cual refuerza más si cabe la sentencia inminente, cosa que, como sabemos, no se sucederá.
En el capítulo siguiente interviene la serpiente para revelar que esa amenaza es impostada y no se cumplirá.
Gn 3, 4:
“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;”
Aquí se utiliza una expresión enfática similar, môt təmûtûn, aunque Reina-Valera lo traduce de otro modo quitándole peso al énfasis y cambiando ligeramente el sentido. No es la única traducción que suaviza el texto con esa sutileza. Si lo reconstruimos con el espíritu del hebreo, se trata de la negación frontal de la cláusula penal de Gn 2:17. En otras palabras, YHVH amenaza con que si alguien come del fruto incurre en pena de muerte, y la serpiente dice que eso no es verdad, que no incurre en pena de muerte, o al menos que no se ejecutará esa pena capital. Más concretamente, YHVH dice que ese día morirás, y la serpiente dice que no, que ese día no morirás.
De acuerdo con el texto, debemos descartar, por tanto, cualquier interpretación que implique muerte biológica a consecuencia de comer el fruto. También cualquier interpretación que implique muerte metafísica, algún día, a causa de comer del árbol. Es pues explícito que el texto se refiere a una muerte jurídica inmediata por ejecución de la pena capital. YHVH dice: si comes, serás ejecutado, hoy. La serpiente dice: no es verdad, si comes, no serás ejecutado.
La narración prosigue como todos sabemos: Eva y Adán comen del fruto prohibido y, en consecuencia, YHVH los castiga por su desobediencia. Como podíamos sospechar y resulta obvio de la lectura, la ingesta del fruto no produce una muerte biológica automática ni desencadena ninguna muerte metafísica. Tampoco conlleva una ejecución inminente como amenazaba YHVH, sino que sucede lo que sugería la serpiente: no serás ejecutada.
Ni siquiera el castigo de YHVH implica una pena de muerte legal como amenazaba. El castigo consiste simplemente en expulsarlos del Edén, para que no coman del árbol de la vida y sean inmortales como los elohim.
Gn 3, 22:
“He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.”
En esencia, YHVH impide al hombre que acceda a la inmortalidad. El castigo no consiste en ejecutar a Eva y a Adán, sino simplemente en impedirles alcanzar ese don natural. Así pues, Adán y Eva no reciben una pena de muerte, de cierto morir no mueren, muy al contrario, tienen una larga y fecunda vida que termina en la vejez. Adán vivió la friolera de 930 años, una cifra incompatible con cualquier interpretación sensata de môt tâmût el día que de él comieres.
El mito que se desprende de la literatura del texto pretende explicar, entre otras cosas, la etiología simbólica de por qué no somos inmortales. Al parecer, YHVH deseaba mantener al hombre en su ingenuidad y en completa obediencia a sus órdenes. Ante la primera evidencia de insurrección decide apartarlo del paraíso y evitar que acceda al don de la vida eterna, sobre todo porque ya ha perdido la inocencia y tiene conocimiento del bien y del mal. De algún modo, el mito establece una incompatibilidad entre el conocimiento y la inmortalidad, reservados solamente para los elohim.
Según el mito, YHVH engaña al hombre con una amenaza de muerte por ejecución inexorable, a sabiendas de que no será ejecutado. Se deduce del texto que su intención era mantenerlo en la ingenuidad, evitando que adquiriese el conocimiento del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es difícil interpretarlo como una simple prueba de obediencia, en tanto que podría haberles puesto cualquier otro tipo de prohibición: no paséis más allá de aquella frontera, por ejemplo. Por su parte, la serpiente se presenta como opositor de YHVH, revelando la falsedad de la amenaza y advirtiendo a Eva de las consecuencias reales de comer del fruto: como explica en Gn 3:5, sabe elohim que si coméis del fruto seréis como los elohim, conocedores del bien y del mal. Esa interpretación encaja con la reflexión final de YHVH: ya han comido del fruto y ahora son como nosotros, conocedores del bien y del mal, así que solo nos queda una alternativa, evitar que sean inmortales. Podría haberlos matado como amenazó, pero simplemente los aleja del árbol de la vida, cuyo fruto, al parecer, otorga el don de la vida eterna.
Se constata, pues, que las sugerencias de la serpiente eran ciertas: Eva, no serás ejecutada, sino que tendrás conocimiento, como los elohim, y elohim lo sabe. En efecto, YHVH lo sabe y lo verbaliza, “ahora es como nosotros”, y resuelve la situación evitando la competencia, expulsándolos del Edén, no ejecutando la amenaza de muerte.
En resumen, el mito alude al peligro del conocimiento, al pecado de desobedecer a YHVH, al riesgo de hacer caso a otros seres que contradicen su voluntad, puesto que tiene fuerza para imponerla, directamente o con ayuda de otros elohim. Su construcción literaria es elegante y no tiene grandes fisuras en sí misma, solo que no encaja con algunas interpretaciones teológicas que se han hecho a posteriori, y quizá tampoco con otros textos bíblicos, escritos por otros autores y en otras épocas. YHVH engaña al hombre con una amenaza que no va a cumplir, pero esto no deja en buen lugar la figura de YHVH si se asume ontológicamente que es Dios. La serpiente advierte a Eva de este engaño y le revela la verdad, pero tal cosa no encaja bien con una visión satánica de la serpiente. YHVH castiga al hombre y le impide alcanzar la inmortalidad, lo cual pone en entredicho la inmensa bondad divina. YHVH teme que el hombre pueda ser como ellos, como los elohim, lo cual hace tambalear los dogmas del monoteísmo.
Y así podríamos seguir mencionando detalles que producen tensiones muy incómodas entre el texto hebreo y algunas interpretaciones teológicas que, de acuerdo con sus dogmas, fuerzan la fidelidad de la hermenéutica para que se ajuste a sus intereses ideológicos. A mi juicio, conviene leer el texto en paz con el autor y disfrutar de su ambigüedad mitológica. Supongo que eso no puede ser malo.
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