El origen de Moisés

Presentación.

Era un levita, hermano de Aarón, que se crió en la corte del faraón y lideró a los hebreos en su liberación. Ese es el concepto canónico de Moisés. Sin embargo, un análisis del relato de su origen pone en duda que fuese levita y se criase en Egipto. ¿Acaso tampoco lideró a los hebreos durante el éxodo?

El nacimiento del héroe.

Cuenta la leyenda que, después de José, los hebreos prosperaron en Egipto hasta un punto en que el faraón tuvo miedo de su multitud. Para exterminarlos, ordenó a los suyos que echasen al río a todo varón hebreo recién nacido. En ese contexto, alrededor del s. XIII a. C., dos levitas dieron a luz a un hijo tan hermoso que decidieron esconderlo. Al cabo de tres meses resolvieron echarlo al río en una canasta de juncos calafateada con asfalto y brea, mientras su hermana lo vigilaba. Lo encontró la hija del faraón y decidió adoptarlo, aun sabiendo que era hebreo. En ese punto entró en juego la hermana del bebé, sugiriendo una nodriza hebrea para criarlo. De este modo volvió el niño a los senos de su madre para completar su crianza, y después fue entregado a la hija del faraón. Podemos deducir que esto sucedió cuando dejó de mamar, quizá un año o dos después. La madrastra lo llamó Moisés, porque de las aguas fue rescatado.

Esta es la historia que se cuenta al principio del libro de Éxodo, con un estilo literario poco habitual en la Biblia, propio de la literatura legendaria de ficción, en la que se describe la situación con pinceladas simbólicas muy vigorosas y se prescinde de los detalles. ¿Quiénes eran los padres, por qué no podían seguir ocultando al bebé después de tres meses, por qué pensaron que echar al bebé al río era una buena idea, quién es el faraón, quién su hija, por qué decide adoptar a un hebreo, sabiendo que está condenado a muerte por su padre, de dónde sale la hermana para interceder, por qué la escuchan, quién es? Son detalles imprescindibles para contextualizar un relato histórico, para justificar su coherencia narrativa, pero innecesarios para un cuento breve, donde prima la concisión, el hecho y el símbolo.

La función narrativa del relato.

Es interesante atender a este estilo literario para entender la función narrativa del pasaje y la intención del autor. El relato termina en ese punto, es muy breve, después el texto de Ex continúa con las aventuras de Moisés adulto, tras una elipsis de muchos años, sin dejar constancia de su niñez y su juventud. Es decir, el relato no tiene continuidad en la narración. Así pues, el autor no pretende construir un relato histórico del personaje, sino simplemente simbolizar su nacimiento heroico a través de tópicos legendarios o mitológicos: el bebé escapa milagrosamente de la muerte y por fortuna se educa en la corte. 

No en vano, el estereotipo de la canasta en el río era un cliché bien conocido, al menos tras la leyenda de Sargón de Acad. Conocemos esa tradición a través de textos neoasirios del s. VII a. C., que reivindican la leyenda de Sargón desde el s. XXIII a. C. Podemos señalar algunas coincidencias notables: su madre era de linaje sacerdotal, concibe en secreto, lo pone en una cesta de juncos impermeabilizada con brea, lo echa al río Éufrates, es rescatado y criado para la realeza. Ese tópico se utiliza en Ex con apenas sutiles cambios de contexto. 

Podemos rastrear otras tradiciones literarias que se ajustan al cliché: nacimiento peligroso, madre oculta, relación prohibida, amenaza real, exposición del bebé a las inclemencias naturales, intervención de fuerzas protectoras, dioses, animales campesinos, princesas, ascenso del niño durante su educación, rey, juez, héroe, salvador, etc. En Gilgamesh, en Mahābhārata, en el mito iranio de Feridún, en los ciclos reales hititas y hurritas, o incluso en los mitos griegos de Perseo y Edipo, por citar solamente los más conocidos, podemos encontrar ese tópico del nacimiento heroico cuya intención es legitimar la autoridad del personaje y su predestinación para acometer grandes hazañas. 

En definitiva, la función del relato es introducir un origen maravilloso del personaje a través de arquetipos literarios de reconocida efectividad, sin intención biográfica o histórica, sino meramente simbólica, para reforzar su legitimidad heroica. 

El autor, por tanto, no sintió la necesidad de justificar en la trama el resto de elementos que resultan desconcertantes, confiando en que el lector podrá imaginar razones convincentes para que todo encaje con coherencia. 

¿Por qué se detalla cómo era la canasta de qué materiales y con qué se calafateó? En contraste, no se menciona siquiera el nombre del río, aunque podamos intuir que se trata del Nilo, ni de los personajes que intervienen. La ausencia de nombres en el relato libera al autor de ataduras contextuales. No se menciona el nombre del faraón, ni de su hija, ni de su criada, ni de los padres de Moisés, ni de su hermana. Son seis personajes muy relevantes cuya función es arquetípica. De haber tenido una intención biográfica se habrían detallado. El contraste con otros pasajes bíblicos es muy elocuente, donde la abundancia de nombres de personajes superfluos que no intervienen en la trama resulta abrumadora. En este ejemplo nosotros tenemos que esforzarnos por intuir quién pudo ser el faraón y su hija, quiénes sus padres y su hermana, si queremos armonizarlo con el resto de la historia de Moisés de acuerdo con el relato bíblico y su cronología interna. No obstante, son matices irrelevantes para la descripción de su nacimiento legendario.

Encaje con la historia previa.

Por otra parte, el origen de Moisés no encaja bien con la historia previa. En Génesis la acción termina en Egipto, donde los hebreos gozan de un estatus privilegiado a través de José. De nuevo nuestra historia de Éxodo prescinde de los detalles y utiliza un nexo de transición simbólico.

Ex 1, 8:

“Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José.”

Observamos que se introduce una información nueva en la historia sin justificación. Es evidente que la intención del autor es zafarse de una incoherencia narrativa: si José y los hebreos vivían con privilegios en Egipto, ¿por qué iban a querer matarlos allí? El texto resuelve el problema de raíz: porque el faraón no conocía José, es decir, ya no tenía memoria de José y no respetaba los privilegios de los hebreos en Egipto. Sin embargo, no se trata de una justificación narrativa, sino de una excusa simbólica. Para que fuese justificación habría que explicar por qué ya no se acordaba de José. El texto no ofrece esa razón.

En la misma línea, el faraón determina el exterminio a partir de una excusa injustificada.

Ex 1, 10:

“… seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos…”

Cabe preguntarse por qué un pueblo que vive integrado en Egipto y goza de privilegios desde generaciones podría querer unirse a los enemigos del faraón en caso de guerra. El texto no justifica ese temor, simplemente lo menciona, pero carece de coherencia con la trama. Si el pueblo hebreo es fuerte y numeroso y vive en armonía con los egipcios, lo natural en caso de guerra es que defiendan sus hogares codo a codo con sus compatriotas egipcios. Sin embargo, el relato de Éxodo nos obliga a creer que por ese infundado temor el faraón sometió a los hebreos a una dura servidumbre para menguar su poder en Egipto, hasta el punto de ordenar a las matronas a desasistir a las parturientas y, finalmente, a echar al río a los varones recién nacidos. Obviamente, esa resolución tan cruel e impía no está justificada en la narración. Los hechos no invitan a deducir de forma coherente que el faraón pudiese decretar una atrocidad tan caprichosa.

De nuevo nos encontramos ante un relato simbólico, que deshumaniza al arquetipo con dos pinceladas para posicionar al lector en contra del antihéroe de la historia. Pero cabe insistir en que su construcción literaria no guarda armonía narrativa con la historia previa de los hebreos en Egipto.

Encaje con la historia posterior.

Si damos por buena la premisa de que el relato del nacimiento de Moisés tiene una función narrativa simbólica, suficiente para enfatizar la predestinación heroica del personaje, deberíamos encontrar que la historia prosiga sin coherencia con ello. Y así es.

Ex 2, 12:

“Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.”

Ese entonces sucede justo después de que su madrastra lo bautice como Moisés, con una elipsis indeterminada de muchos años. El autor pasa del relato simbólico de su nacimiento a caracterizar al personaje como taimado y asesino, con resolución para matar y esconder el cadáver. El hecho también sirve para justificar su huida de Egipto y comenzar sus aventuras en el desierto. 

Observamos una discontinuidad narrativa muy evidente entre el relato de su nacimiento y la narración posterior. La canasta de juncos calafateada con asfalto y brea no tiene ninguna importancia en la historia. Su madrastra, hija del faraón, desaparece sin aportar nada, por no mencionar a la criada. Los padres biológicos tampoco intervienen en la narración. Ni siquiera el faraón parece el mismo con el que discutirá después, pues no se reconocen mutuamente. La hermana sin nombre no podemos identificarla con Miryam tampoco, porque en ningún momento se dice que Miryam sea hermana de Moisés, salvo en la interpolación de Nm 26:59 que ya mencionamos en nuestro ensayo anterior sobre la historia de Aarón. Puedes verlo en este canal. No vamos a repetir de nuevo el análisis, baste con mencionar que parece evidente que se trata de una interpolación, con lo que no podemos deducir que Miryam sea su hermana solamente a partir de esa cita. Es más, la ausencia de otras pruebas de parentesco invita a pensar que no lo era en una versión primitiva del relato. Sea como fuere, lo que es resulta claro es que la hermana que aparece en Ex 2 no podemos identificarla con Miryam.

En cuanto al carácter del personaje, esa resolución expeditiva para matar, esconder el cadáver y huir de Egipto no está en sintonía con el personaje descrito en su origen. La forma en que se narra el asesinato es impromia de lo que sabemos de él. Es difícil imaginar que un ahijado de la corte del faraón, acostumbrado a convivir con la aristocracia egipcia, se resuelva a matar a un egipcio de forma tan atropellada tan solo porque maltrataba a unos hebreos. Aun cuando pudiéramos imaginar que fue una reacción visceral, propia de alguien intolerante con las injusticias, sus consecuencias no parecen coherentes con el contexto: no es lógico que un ahijado del faraón huya de Egipto sin pensarlo dos veces cuando puede defender la justicia de sus actos. Tendríamos que dar por hecho que su asesinato fue execrable e injustificado, pero eso es precisamente lo contrario de lo que pretende el texto: enfatizar la justicia con la que Moisés se posiciona del lado del débil. 

Si atendemos al resto de su historia, el carácter del personaje es todavía más incompatible con su presentación: jamás se menciona que fuese educado en la corte egipcia y jamás actúa como tal. Esta situación es muy llamativa durante el ciclo de discusiones que mantiene Moisés con el faraón, alrededor de las plagas. En ningún momento se alude a su condición de ahijado del faraón. Nunca actúa como hijo de sus padres ni como hermano de su hermana, ni siquiera como levita. Tan solo se menciona su parentesco con Aarón, el cual, para mayor desconcierto, no aparece en la historia de Ex 2.

En definitiva, podemos concluir que el relato del nacimiento de Moisés también está desconectado de la historia posterior del personaje.

El encaje editorial.

Llegados a este punto, podemos concretar que el nacimiento del héroe es un relato breve y simbólico desconectado del resto de su historia, cuya función narrativa es legitimar su destino heroico. Si no fue redactado junto al resto de sus aventuras, hemos de deducir que debió ser escrito después del núcleo primordial del personaje, precisamente para construir un origen milagroso que no tenía. Cuando un relato mitológico se concibe de forma global, se suele empezar por el nacimiento y seguir por las aventuras, en cuyo caso el carácter del personaje es coherente durante toda la historia y sus hechos se justifican en las circunstancias en que fue descrito. Puesto que no tenemos coherencia en este caso, hemos de descartar que el nacimiento de Moisés fuese concebido desde un principio. Al contrario, a partir de un relato primordial de sus aventuras heroicas se debió construir el origen milagroso para reforzar su legitimidad como libertador.

Implicaciones.

Es el momento para reflexionar en las implicaciones que esto supone, sumamente interesantes en el caso de Moisés. La cuestión es que cuando se añade un texto a una historia previa se puede hacer con la intención de justificar aspectos que son oscuros, y armonizar el relato, o con la de contextualizar a la historia con matices diferentes que sirven a nuevos intereses. No se añade por añadir. Me explico con algún ejemplo. Si en una historia resulta extraño que el protagonista de Villarrobledo sepa hablar japonés, añadir una perícopa al principio, que mencione a sus padres japoneses o sus estudios de jardinería en Okinawa, puede ayudar a aclarar esa parte de su carácter, en especial si su conocimiento del idioma va a intervenir en la trama de forma relevante. El desenlace sería insatisfactorio si de repente se pone a hablar japonés en Villarrobledo sin ninguna justificación. Este es un ejemplo de añadir para justificar, de manera que la historia sea más coherente. 

Vamos con otro ejemplo. Supongamos que el personaje de Villarrobledo es un héroe de la II Guerra Mundial, cuyas hazañas son legendarias en Okinawa. Podría resultar interesante para sus seguidores añadir una perícopa al principio que mencione sus orígenes japoneses, a fin de legitimar su destino heroico. Este sería un ejemplo de contextualizar la historia con matices ajenos que resulten de interés para el autor.

Cabe preguntarse, por tanto, cuál de esas dos estrategias aplica al nacimiento de Moisés. Los datos son pocos, así que podremos revisarlos con rapidez. Si desnudamos el texto de los adornos nos queda que sus padres eran levitas, que era hermoso, que tenía una hermana y que fue educado en la corte egipcia. ¿Alguno de esos datos ayuda a justificar o a aclarar facetas oscuras de su historia, a fin de armonizar la trama? Yo diría que no. Su condición de levita no es problemática en la historia posterior, se menciona que es hermano de Aarón. Su hermosura no es relevante, no ayuda a entender mejor al personaje. Ya hemos explicado que no podemos vincular a la hermana de Ex 2 con Miryam. Aunque lo hiciéramos, Moisés no se relaciona con Miryam como si fuese su hermana. Es decir, esto no aclara nada. Y por último, su educación egipcia no tiene ninguna función narrativa, no sirve para definir al personaje.

No podemos descartar la torpeza literaria del autor, a mi juicio muy evidente, que podría haber matizado el nacimiento de Moisés con detalles que no resultasen tan incoherentes con el personaje. Pero en todo caso hemos de pensar en la otra estrategia, la de contextualizar al personaje con detalles que no tenía su historia primitiva. Su apariencia y la existencia de una hermana considero que tienen poco valor. Sin embargo, los otros dos son muy atractivos: era levita y fue educado en Egipto. ¿Qué interés podría tener el autor para añadir esos dos matices al carácter del personaje? ¿Acaso podríamos sospechar que en la historia primitiva de Moisés no era levita ni fue educado en Egipto?

Conclusión.

Hasta aquí hemos podido comprobar que el relato del nacimiento de Moisés es ajeno al resto de su historia y tiene una función simbólica, la de legitimar su heroicidad. Debió ser compuesto después del núcleo primordial de su tradición, no con la intención de perfilar los matices más oscuros del personaje, sino con la de proporcionarle un contexto del que carecía. 

Los únicos dos detalles que resultan interesantes de todo el relato son su condición de levita y su educación privilegiada en Egipto. Quizá la poca habilidad del autor con la pluma puso en evidencia sus intereses, pues lo primero no parecía necesario mencionarlo y lo segundo es incoherente con el comportamiento de Moisés. Cabe imaginar que en una tradición primitiva Moisés no era levita ni se crió en Egipto, pero que en algún momento resultó conveniente añadirle esos detalles a su historia para contextualizarla.

Semejante hipótesis pone en discusión su parentesco con Aarón y su encaje con los hebreos. Si no era levita, ¿qué demonios era? Los personajes relevantes hebreos tienen una genealogía clara, la Biblia no escatima nombres. Es muy llamativo que sus padres sean anónimos en el relato de su nacimiento, y también lo es que se calce el nombre de Moisés de manera forzada en el linaje de Aarón de Ex 6. 

Por otro lado, su relación con el faraón se vincula de forma sospechosa con el controvertido mito del éxodo de Egipto. Si nunca estuvo en Egipto, ¿para qué se escribe su educación en la corte? Aquí el autor tensiona la coherencia de todo el relato asociando la infancia de Moisés con el rival arquetípico de oriente medio. Toda la Torá huele a Egipto, pero el personaje de Moisés es el único que no encaja bien en ese contexto.

Si prescindimos de esos dos detalles tan desconcertantes, Moisés vino de Madián a liderar a los hebreos desde Egipto hasta Canaán. Un análisis más detallado de ese viaje pondrá en evidencia otras fuertes contradicciones que nos ayudarán a entender cómo se tejió su leyenda y quedó fundida en el relato Bíblico junto a la de Aarón y el mito del Éxodo.

Pero eso será en el próximo episodio.

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