«Y habló YHVH a Moisés diciendo…»
«… como YHVH había mandado a Moisés.»
Presentación.
Seguimos persiguiendo a Moisés donde debería lucirse: en los Diez Mandamientos. ¿Está? Truenos, relámpagos, el pueblo aterrorizado… y en medio, la ley llega sin pronunciar su nombre. Se menciona como un sello: ‘como YHVH había mandado a Moisés…’ Una y otra vez. Entonces: ¿la ley necesita a Moisés… o el autor necesita al héroe para convertir la ley en revelación?
Introducción.
En los últimos ensayos venimos buscando una historia genuina de Moisés en el texto de la Torá. Ya hemos argumentado que, desde su inicio, la historia de Moisés parece construida a partir de una fuente tradicional distinta de la historia de Aarón, y concluimos que en algún momento debieron fundirse para cristalizar en el relato que nos ha llegado. Te remito a los ensayos previos para los detalles que, por consejo didáctico, debemos omitir aquí.
Es por tanto interesante aislar los elementos literarios que pudieran ayudarnos a reconstruir esa historia primitiva de Moisés en la que se inspiró el relato bíblico. Ya lo hicimos con Aarón, cuya presencia en la Torá es mucho menor, y resultó un ejercicio muy esclarecedor. Puedes repasarlo en el ensayo La historia de Aarón. Análisis de su construcción literaria.
En esta persecución de Moisés, no encontramos un fondo primitivo en su nacimiento, ni en su etapa juvenil, ni en la liberación de Egipto. Hasta el milagro del agua de la roca, tan controvertido, no hay un sustrato literario que podamos intuir independiente de Aarón y previo a la redacción deuteronomista del s. VII a. C. Hoy nos proponemos indagar en el resto del libro de Éxodo, de enorme relevancia para la tradición hebrea, que versa sobre las leyes divinas, su entrega y su instrucción.
Jetró delata al autor.
En Ex 18, 13s encontramos un fragmento de Moisés sin Aarón, donde el héroe protagoniza de manera incontestable. Aunque podría parecer un tesoro literario, viene precedido por la fórmula “Aconteció…” y tiene un paralelo en Dt 1, dos aspectos que denuncian su redacción tardía. Si los comparamos podría parecer que la idea se expresa en Dt 1 y Ex 18 nacen de la pluma del mismo autor, el parentesco es demasiado estrecho como para explicarlo solo por tradición común. En Dt, Moisés se vanagloria de su poder de gobernar sobre el pueblo y de subordinar a sus líderes bajo su mando. En Ex 18 se justifica el origen de ese poder. Pero el párrafo de Ex 18:13s se encabeza con “aconteció”, una fórmula sospechosa de introducir pasajes que no siguen el hilo narrativo y se añaden de manera oportuna. La hemos explicado ya muchas veces.
En esencia, el añadido alude a una sugerencia de su suegro Jetró: escoge varones de virtud para los asuntos menores, y los graves que lleguen a ti para resolver, con ayuda de elohim. De forma deliberada y consciente se ensombrece la figura de Aarón y del clan levítico. Y digo deliberada porque en la práctica deben ser los sacerdotes quienes ejercen ese tipo de intermediación y juicio menor, y someten los asuntos mayores a la autoridad sacerdotal. Una parte de la tradición se esfuerza en recordar, a lo largo de todo el catálogo legal, que toda discusión de matiz y juicio sobre las leyes recae en el sacerdote. Sin embargo, este fragmento evoca otra solución, una que no encaja con el resto de la doctrina. No podemos interpretar este detalle como un descuido de forma verosímil, sino que debemos sospechar de una tensión entre tradiciones.
La hipótesis de que ese fragmento de Ex 18 fue escrito a la luz de Dt 1 y añadido con posterioridad al relato de Ex se apoya en la función de una escritura legitimadora posterior. Me explico. Es un recurso literario común: primero afirmación, después legitimación retrospectiva. En Dt 1 el héroe hace un discurso político, acto soberano de legislador supremo, proyección de un deseo de legitimación y centralización de la autoridad. En Ex 18 se ofrece un relato dramático de justificación, que apela al origen antiguo y divino de esa idea. Lo hemos visto innumerables veces en literatura: aquí mando yo, te voy a explicar por qué. Es un canon en crítica literaria.
La sospecha se refuerza con la introducción “aconteció…”, como ya hemos explicado. Pero no solo eso. El fragmento de Ex 18 utiliza al personaje de Jetró, una figura meramente funcional y controvertida que parece construida para la ocasión. De hecho, nunca más se vuelve a citar. Hablamos de ello in extenso en nuestro ensayo sobre La familia de Moisés. Es decir, resulta muy llamativo que un pasaje que parece construido a posteriori para legitimar a Moisés utilice como vehículo introductorio a un personaje que parece construido ad hoc.
Cabe preguntarse, en todo caso, si la ausencia de Aarón tiene algún significado. Y no será difícil descubrir que el aparente protagonismo de Moisés está subrepticiamente relacionado con Aarón. Podríamos decir que brilla por su ausencia: no es verosímil, en este contexto, que la casta sacerdotal no esté involucrada. No podemos descartar, por tanto, que la intención del autor fuese la de ensombrecer el poder sacerdotal y legitimar la autoridad principal de Moisés y de sus elegidos. Una estrategia de ese tipo encaja con la tarea política de Josías en el s. VII, más evidente si atendemos al contexto deuteronomista del texto. En cualquier caso, todo rey puede desear centralizar su poder, elegir a sus subordinados y restarle atribuciones a la casta religiosa o a cualquier otro grupo influyente. Nunca fue mala idea retroproyectar en una historia legendaria las aspiraciones de un monarca. Y hemos de reconocer que el fragmento está muy bien traído por el autor, porque la descripción de los sacerdotes como figura poderosa todavía no ha sido consolidada a estas alturas del relato, y es más sencillo deslegitimar a Aarón antes de que sea investido sumo sacerdote y administre el culto a YHVH.
En conclusión, no creo que podamos encontrar en el pasaje un fondo tradicional genuino de Moisés, no un recuerdo ingenuo de su historia, sino más bien una escena elaborada literariamente con función política y teológica, no antes del s. VII.
Necesidad de legitimar al líder.
¿Por qué se intercala aquí el pasaje de Jetró? Es un momento crucial para legitimar al líder disipando cualquier duda antes de que entren en escena los diez mandamientos. Las leyes no necesitan a Moisés, pero el autor sí, como vamos a comprobar. Vienen después de la interpolación de Jetró y del capítulo 19, en el cual se insiste en reforzar la figura de Moisés como mediador único. Rescato unos fragmentos de Ex 19 para observar la continuidad de la intención:
“… Moisés subió a elohim…”
“… mía es toda la tierra.”
“… todas estas palabras que YHVH le había mandado.”
“… todo el pueblo respondió a una…”
“… para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.”
“… no subáis al monte, ni toquéis sus límites… porque será apedreado o asaeteado…”
“… Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a elohim…”
“… Moisés hablaba, y elohim le respondía con voz tronante.”
“… llamó YHVH a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió. Y YHVH dijo a Moisés…”
“Moisés dijo a YHVH: El pueblo no podrá subir al monte Sinaí, porque tú nos has mandado…”
El trabajo literario es muy evidente: la historia no avanza, solo se prepara al lector. La trama es mínima: YHVH va a dar las leyes, quiere que suba solo Moisés. Todavía no ha empezado la legislación, es un discurso previo de legitimación.
Para expresar esa idea, el autor amplifica el texto en torno a Moisés, con la intención de legitimar su poder y de certificar la exclusividad de mediación con la divinidad. El ejemplo de que quien suba al monte será apedreado o asaeteado no deja dudas de la cotidianeidad con que se escribe el pasaje. Es un matiz literario de verosimilitud que permite ver la mano del escriba con más claridad: cuesta aceptar, en el contexto de esta historia, que transgredir los límites divinos se castigue con piedras y flechas, y no con el fuego abrasador de YHVH, entre los ruidos estremecedores, truenos, relámpagos y nube espesa con que se presenta el elohim en este pasaje. YHVH no lo escatima por transgresiones menos relevantes, lo cual es una incoherencia interna.
En definitiva, un capítulo de transición hacia los mandamientos que pretende reforzar la figura de Moisés.
Mandamientos sin Moisés.
Sin embargo, a continuación se expresan los mandamientos sin que Moisés sea citado. Solo después reaparece con el mismo tono: estruendo, relámpagos, sonido de bocina fuerte, humo y el pueblo temblando de miedo. Resulta llamativo cómo Moisés y los truenos envuelven a los mandamientos, pero sin tocarlos.
Tras la ley, el pueblo debe asustarse y escuchar al héroe.
Ex 20, 19:
“Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable elohim con nosotros, para que no muramos.”
Piénsalo.
Creo que es nítida la intención del autor de distanciar a la divinidad del pueblo y glorificar la figura del líder, único mediador legítimo. Por supuesto, ni rastro de Aarón, levitas o sacerdotes, obviamente. Y esa ausencia, en un momento como ese, cuesta creer que sea casual.
Como imaginarás, el texto tiene un paralelo evidente en la historia deuteronomista, concretamente en Dt 5, cuya importancia no necesitamos repetir.
Patrón de legitimación.
Y así se desarrolla, con esta estructura, el resto del libro del Éxodo, veinte capítulos. Podemos observar un patrón estructural. Los pasajes se suceden con leyes e instrucciones divinas, sumamente importantes para la tradición hebrea, sin que se mencione a Moisés, intercalando fragmentos como el de Ex 19 donde se ensalza de forma grandilocuente su autoridad, con intención doctrinal pero sin valor narrativo. En ocasiones Moisés solo aparece mencionado con la coletilla de encabezamiento: “YHVH habló a Moisés, diciendo…” Se repite innumerables veces a lo largo de la Torá para empezar párrafos. No se trata de una fórmula descriptiva, el texto fluye igual o mejor sin ella.
Conviene poner énfasis en lo que queremos explicar: no estamos ante una necesidad literaria, sino ante una insistencia ideológica. Es un recurso retórico para reforzar, mediante la repetición, la idea de que YHVH habla a Moisés y no a otro. Pero el mensaje no requiere esa introducción, o al menos no de forma tan insistente. Es incluso molesta, y lleva a pensar, por lo inapropiada en términos literarios, que el autor necesita aclarar que fue así y no de otra manera, como si temiese que sus lectores podrían tener otra creencia.
Ejemplo de legitimación.
Con ese patrón en mente, podemos observar un ejemplo de legitimación intercalado en medio del catálogo legal, en Ex 33, muy semejante en su estructura a Ex 19. Como verás, la intención del autor es la de glorificar la figura de Moisés, una vez más. Recogemos unos extractos como ejemplo para enfatizar nuestra explicación:
“… cuando salía Moisés al tabernáculo, todo el pueblo se levantaba, y cada cual estaba en pie a la puerta de su tienda…”
“… YHVH hablaba con Moisés.”
“Y hablaba YHVH a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero.”
“Mi presencia irá contigo…”
“… has hallado gracia en mis ojos…”
Ya explicamos en nuestro episodio 27 del Resumen de la Biblia aquello de por qué no podemos ver el rostro de YHVH. Recordarás que todo el capítulo versa sobre la legitimación de Moisés ante el pueblo, utilizando el recurso de darle la exclusividad de ver el rostro divino, amenazando que cualquier otro que lo vea morirá. Esa estrategia pretende alejar a la divinidad del pueblo y establecer un mediador necesario, investido de un poder inmenso.
En Ex 34 continúa el esfuerzo literario. En medio de otras leyes, se describe a Moisés iluminado, tanto que tenía que ocultar su rostro con un velo para no cegar a los demás. El texto aprovecha aquí para subordinar a Aarón explícitamente: Aarón y los demás lo vieron resplandeciente, y vinieron a él, y él les mandó todo lo que habían de hacer.
“… Como YHVH lo había mandado a Moisés.”
Como decíamos, a parte de esos fragmentos superfluos de gloria al héroe, en el resto del Éxodo Moisés no tiene protagonismo en la trama, aparece solamente de manera forzada, como si fuera un añadido aclaratorio que la narración no exige. Podemos recoger tres ejemplos breves.
Ex 35, 29:
“… que YHVH había mandado por medio de Moisés que hiciesen…”
Ex 36, 6:
“… Moisés mandó pregonar por el campamento…”
Ex 38, 21:
“… que se hicieron por orden de Moisés por obra de los levitas…”
Están en sintonía con esta fórmula recursiva tan trillada: “… como YHVH lo había mandado a Moisés…” Se cita innumerables veces, algunos capítulos hasta cinco o seis veces. Observamos que todas esas referencias a Moisés son superfluas desde un punto de vista literario y todas tienen la misma construcción: fulanito hizo esto y luego se hizo aquello, como YHVH había mandado a Moisés, o como Moisés mandó directamente. El texto puede prescindir de esas fórmulas repetitivas ganando fluidez y elegancia, sin perder información.
Alguien podría objetar que esas fórmulas no son superfluas, sino todo lo contrario, marcan secciones, autoridad y encuadre de revelación. Sin ellas el texto dejaría de ser la Torá revelada y se convertiría en simple manual legal. Y eso es precisamente lo que estamos argumentando: son superfluas para el relato, pero cruciales desde un punto de vista doctrinal. La insistencia ayuda a consolidar la imagen de Moisés como líder que manda y media con la divinidad. En efecto, parece que sin ellas el texto deja de ser la Torá. Pero nuestro argumento apunta más profundo: con ellas, se convierte en la Torá.
En definitiva, hemos de concluir que no encontramos en todo el catálogo de leyes, desde Ex 19 hasta el final, un protagonismo genuino de Moisés que ayude a entender mejor el mensaje divino, que impulse la historia hacia adelante, que no se explique sin su presencia. Cuando se cita su nombre parece una fórmula retórica intencional. Cuando adquiere protagonismo se revela como un pasaje vacío de contenido con el propósito de ensalzar su figura de manera exagerada, sin relación directa con la historia, como si hubiese sido construido a posteriori para legitimarlo, paralelo a los discursos deuteronomistas. En el cuerpo de leyes no se cita. Y eso es muy interesante.
¿Las leyes preceden a Moisés?
Veamos ese interés.
Podemos tomar un ejemplo, para no ser prolijos. En la perícopa que va desde Ex 20:23s hasta Ex 23 íntegro, así como en el enunciado de los diez mandamientos, Moisés no es citado. Tampoco en Ex 26-29. Tampoco en otros, o meramente citado en el encabezamiento como decíamos, como partícula introductoria que parece impostada.
El contraste de esos capítulos de ausencia con el 19 o el 33 es muy llamativo. En Ex 19 y 33, como ya hemos explicado, apenas se cuenta nada, salvo ensalzar la figura del líder, sin apenas trascendencia para la trama ni información para las leyes. En Ex 19 el nombre de Moisés es citado 14 veces, en Ex 33, 11 veces. Por contra, en los capítulos de leyes y mandamientos, ninguna. Mención aparte merece el capítulo 24, en el que se repite 15 veces. Junto con Ex 18, envuelve el primer bloque de leyes al que nos referíamos antes: lo envuelve sin contaminarlo, muchas citas alrededor, para forzar un contexto de lectura, pero ninguna en lo importante, en la declaración legal.
Los números no son relevantes por su valor estadístico, sino por su contraste: muchas veces, alrededor de ninguna.
Sería demasiado ingenuo pensar que son cifras meramente casuales. Al contrario, creemos que son la evidencia de que Moisés no es el protagonista del catálogo legal hebreo. El autor intercala a Moisés justo antes de ofrecer el compendio de leyes, con un estilo exagerado en el que describe al pueblo atemorizado y a Moisés revestido de un enorme poder, y que además omite a Aarón y a cualquier recuerdo sacerdotal de forma deliberada. Al terminar el catálogo vuelve Moisés a escena y se cita con alegría hasta quince veces, 15 en tan solo 18 vv. Lo mismo sucede en los siguientes bloques de contenido legal, salpicados de “YHVH habló a Moisés, diciendo…” y “como YHVH mandó a Moisés”, o interrumpidos por fragmentos de legitimación del líder.
Esa es precisamente la estructura literaria típica para fabricar autoridad, agregar a un corpus legal autónomo una capa externa de fijación contextual y convertirlo así en revelación divina.
Conclusión.
En conclusión, podemos interpretar que el catálogo de leyes tiene una sustancia independiente de Moisés, quizá proveniente de una tradición previa, sin descartar algunas actualizaciones propias de cada momento de redacción. No es una conclusión firme, pero nos parece la más verosímil, a falta de encontrar una tradición primitiva de Moisés que se vertebre de forma autónoma y permita otra interpretación.
Esto es muy revelador y creemos que tiene mucho sentido: la tradición legal puede tener un fulcro cuyo origen se pierde en el tiempo, y la historia de Moisés pudo adaptarse después a esa tradición. En todo caso, aún seguimos buscando esa hipotética historia de Moisés.
Quizá pienses que nos hemos olvidado de que Aarón sube al monte Sinaí con Moisés y los setenta ancianos, y comen con YHVH en armonía, mientras este tiene los pies sobre un embaldosado de zafiro. Y del pasaje del becerro de oro.
Pero no es así.
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