«… y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.»
Ex 17:6
La vara de Moisés hizo brotar agua de la roca. La Biblia describe que lo hizo dos veces en el desierto de Meribá. ¿Nos está contando la historia de un zahorí?

Esta interesante cuestión la propone Gema, que se pregunta si sería posible que ese deambular por el desierto con una vara y conseguir sacar agua de las piedras no sea precisamente el retrato de un zahorí.
Recordemos cómo Moisés, a petición divina, realiza el primer milagro.
Ex 17, 5-7:
“… toma también en tu mano tu vara con que golpeaste el río, y ve. He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar Masahá y Meribá…”
El pasaje lo hemos tratado en algunos ensayos. Quizá con más detalle en ¿Por qué murió Moisés? Un análisis literario de su castigo. Es precisamente ese en el que Gema inscribe su comentario.
Recordemos también que el milagro se repite cuarenta años después y desencadena la muerte del héroe.
Nm 20, 11-12:
“Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y YHVH dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado.”
Así pues, ¿cabría pensar que el relato bíblico describe la historia de un zahorí? Reconozco que la idea es atractiva por lo inesperada. Pero a mí me resulta especialmente interesante por la oportunidad que me brinda de explicar un tipo de razonamiento que conduce a interpretaciones demasiado imaginativas del texto.
Aclaremos, por si alguien no lo sabe, que un zahorí es alguien con la capacidad de encontrar cosas ocultas, manantiales por antonomasia. Suelen utilizar la radiestesia, es decir, su sensibilidad especial para detectar sus radiaciones. Para ello es común que se ayuden de la rabdomancia, una palabrota que viene del griego y alude, precisamente, al arte de manejar la vara con ese fin: rabdós, vara, y mantenía, esa raíz que solemos poner como sufijo para construir términos como cartomancia, nigromancia o trashumancia.
Pues bien, me explico. El razonamiento es el siguiente: la Biblia cuenta que Moisés hizo el milagro de sacar agua de las piedras con la vara, algo semejante a lo que haría un zahorí con su vara de radiestesia. Es decir, podría estar describiendo un suceso de rabdomancia que fue modificado con el tiempo. La hipótesis sería la siguiente. Supongamos que lo que cuenta la Biblia sucedió realmente, Moisés sacó agua de la roca con una vara. Es más creíble que la sacase mediante radiestesia que con ayuda de una divinidad. A falta de comprobar que YHVH produjo el milagro, es verosímil pensar que Moisés encontró un manantial subterráneo a fuerza de rabdomancia.
Como decía, le agradezco a Gema la idea, porque me permite enunciar esta hipótesis lógica y describir el razonamiento equivocado que hay detrás. No quiero decir con esto que Gema esté equivocada ni que esa sea su hipótesis concreta. Al contrario, simplemente le agradezco la idea que me da el pie.
El caso es que es muy común partir de esa premisa: supongamos que lo que cuenta la Biblia sucedió realmente. Es atractiva como esquema de trabajo, puede ser fértil, pero al final hay que volver a la premisa y comprobar su validez antes de asentar la hipótesis con verosimilitud.
En este pasaje, la premisa exige que ese suceso fue protagonizado por Moisés, sucedió en el entorno del s. XIII a. C., se recordó con detalle durante siglos, pero se modificó con alguna intención y quedó fijado como milagro. Como podemos deducir de nuestros ensayos anteriores, el texto se fijó no antes del s. VII a. C., es decir, el recuerdo zahorí debió sobrevivir muchísimo tiempo. La intención de esa modificación debió ser la de atribuir el suceso a YHVH en forma de milagro, en lugar de dejarlo en un simple ejercicio de radiestesia. Por tanto, la premisa exige que YHVH no estuviera presente en el suceso, no hablara con Moisés y no obrara ningún milagro.
Además, esa premisa lleva aparejada otra todavía más fuerte: Moisés vivió en el entorno del s. XIII y lideró a un grupo de hebreos por el desierto durante mucho tiempo, huyendo de Egipto hacia Canaán. Lo cual impone que hubo hebreos en Egipto en ese tiempo y que huyeron. En coherencia con lo anterior, quizá YHVH tampoco intervino en ello.
En resumen, esa premisa de “supongamos que esto sucedió realmente” desencadena toda esta serie de supuestos que debemos comprobar antes de formular una hipótesis zahorí verosímil. El caso zahorí no es lo relevante aquí, sino el mecanismo de interpretación. Sirve como ejemplo para cualquier otra hipótesis interpretativa.
Por otra parte, esa hipótesis nos lleva a pensar que los autores que fijaron el texto, no antes del s. VII, recordaban que Moisés era un zahorí y trataron de ocultarlo reescribiendo la historia, atribuyendo el suceso al milagro divino. Y debieron hacerlo bien, porque no hay alusiones a la radiestesia en toda la Torá, pero sí una infinidad de alusiones a YHVH como motor de avance de la historia.
En la exégesis literaria, la interpretación más verosímil es la que resuelve más interrogantes con menos supuestos imaginativos: economía hermenéutica. La hipótesis zahorí supone que hubo hebreos en Egipto en el s. XIII y fueron liderados por un tal Moisés. Supone que era zahorí y practicaba la rabdomancia. Escaparon de Egipto por algún motivo hacia Canaán y vagaron mucho tiempo por el desierto, con ayuda de la radiestesia de Moisés, pero sin intervención divina. Ese suceso fue recordado por la tradición hebrea durante siglos, pero en algún momento lo modificaron para atribuir a YHVH los milagros, ocultando la faceta zahorí de Moisés. Esto debió satisfacer a todo el mundo, porque la Torá no conserva rastros de radiestesia y, en cambio, tiene una trama muy elaborada con protagonismo divino. Y recordemos que la Torá quedó fijada después de siglos de trabajo y de la intervención de muchos escribas, ninguno de los cuales quiso recordar la faceta zahorí de Moisés, y todos quisieron ocultarla.
En este punto saltan todas las alarmas hermenéuticas. No tenemos evidencia histórica de hebreos en Egipto en tiempos tan remotos, tampoco de un tal Moisés, ni de un éxodo. De acuerdo con la evidencia arqueológica y después de las conclusiones de nuestros ensayos previos, la historia de Moisés parece gestada no antes del s. VII con fines políticos e ideológicos. Añadamos, creo que es evidente, que la Torá es un texto de propaganda religiosa, de cabo a rabo. ¿Acaso hay duda de que los autores pretendían decir que Moisés hizo el milagro del agua de la roca con ayuda de YHVH? Después de construir un origen del mundo por obra divina, un paraíso, un diluvio, una historia de Abraham, un éxodo fundacional, un catálogo de leyes estrictas, un culto sacerdotal detallado… ¿queda duda de cuál es la intención de la obra?
Enfoco la pregunta de otro modo: ¿qué probabilidad hay de que todo eso sucediera realmente y no fuese por obra divina? Aquí los creyentes pueden sacar la espada de la discordia y vencer con facilidad: si damos por bueno que todo eso sucedió realmente, es más creíble que fue por obra divina que confiar en hipótesis parciales que justifican pasajes aislados.
En conclusión, así operan los razonamientos abductivos defectuosos: parten de una premisa no verificada y construyen sobre ella hipótesis cada vez más complejas que multiplican los supuestos sin comprobar. Sirva para Moisés, Aquiles, la Atlántida o los ovnis.
Y toda esta reflexión enlaza con nuestro trabajo de las últimas semanas: ¿qué recuerdos conserva el texto sobre la historia de Moisés? No me refiero a qué dice de Moisés, eso es evidente, sino a qué podemos encontrar latiendo bajo el texto que ayude a pensar que Moisés existió antes de la redacción del s. VII a. C.
Con independencia de si Moisés es un personaje histórico o de ficción, en este punto caben dos posibilidades: o bien los escribas conocían la historia de Moisés, real o ficticia, o bien se la inventaron. Es decir, o bien reinterpretaron una historia que recordaban o bien la construyeron ex nihilo. La dicotomía no excluye una solución intermedia: algo recordaban e inventaron el resto.
Nos parece muy interesante buscar qué hay de Moisés en el texto que sea anterior al s. VII, pues de ello depende la interpretación del mensaje bíblico. Y en eso estamos.
De momento, no hemos encontrado nada.
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