Un recuerdo antiguo de Moisés en Etiopía

“… contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.”

Nm 12:1

Presentación.

Si existe un recuerdo primitivo de Moisés, Números es el último lugar donde esperaríamos encontrarlo. Pero… ¿hay allí alguna huella que nos haga pensar en un sustrato histórico antiguo?

Introducción.

Te pongo en situación brevemente, para no perder el hilo. Desde el ensayo sobre la historia de Aarón, venimos buscando huellas en la Torá de un estrato literario primitivo sobre Moisés. Es imprescindible encontrarlo para entender el mensaje bíblico, porque en nuestros ensayos previos hemos concluido que la historia de Aarón y la de Moisés beben de tradiciones independientes, y queremos encontrar cuál es esa tradición mosaica. Sin embargo, no hemos encontrado rastro en Ex ni en Lv, salvo una misteriosa pista sobre la tribu de Dan. Hoy abordamos el libro de Nm completo. Te adelanto que hay otro fósil sorprendente sobre Moisés, donde menos cabría encontrarlo: en la antigua Etiopía.

El patrón repetido.

En Nm todo sigue como lo dejamos, con el patrón que describimos al detalle en nuestro último ensayo: Moisés aparece pegado y casi siempre en relación con Aarón: “Habló YHVH a Moisés y a Aarón, diciendo” “contaron Moisés y Aarón”, “delante de Moisés y delante de Aarón”. Tras la muerte del sacerdote, en los últimos capítulos, es su hijo Eleazar quien suele aparecer junto a Moisés, sin que deje de repetirse la coletilla “como YHVH había mandado a Moisés.” Los pasajes más interesantes, son de redacción deuteronomista, vinculados a la guerra y a la tierra prometida, no en vano repetidos en Deuteronomio. En definitiva, se repite el patrón estructural que añade a Moisés de modo artificial para insistir en su presencia y legitimar su autoridad, aunque no intervenga en la trama y su mención se limite a decirle a los demás lo que YHVH le dijo que les dijera. Más allá de la broma y el trabalenguas, podemos comprobar ese interés del autor con los cierres de los capítulos, siempre en versículo completo, claro.

Nm 1, 54:

“E hicieron los hijos de Israel conforme a todas las cosas que mandó YHVH a Moisés; así lo hicieron.”

Así remata el primer capítulo, pero no es un caso aislado.

Nm 3, 51:

“Y Moisés dio el dinero de los rescates a Aarón y a sus hijos, conforme a la palabra de YHVH, según lo que YHVH había mandado a Moisés.”

No quiero ser prolijo, sé que se entiende la función literaria, pero quiero destacar una cita más de la conclusión del 9.

Nm 9, 23:

“Al mandato de YHVH acampaban, y al mandato de YHVH partían, guardando la ordenanza de YHVH como YHVH lo había dicho por medio de Moisés.”

No es necesario seguir acumulando ejemplos. El patrón está claro. Lo importante es entender para qué sirve y cómo funciona.

Esta última explicativa recursiva es muy elocuente: Al mandato de YHVH acampaban, y al mandato de YHVH partían, vale, entendido, no lo hacían por capricho, sino obedeciendo órdenes divinas; guardando la ordenanza de YHVH, sí, claro, obedeciéndole; como YHVH lo había dicho, que sí, que sí, obedeciendo a YHVH; por medio de Moisés. Ah… vale, ahora lo entiendo.

En fin, creo que se ve cómo se construye el versículo por adición de yuxtapuestas que procuran matizar la duda que el lector pudiera tener sobre la presencia de Moisés en todo esto.

Los cierres de capítulos con esa coletilla salpican todo el libro hasta el final. Pongamos un último ejemplo. Siempre en versículo completo y emancipado del flujo narrativo.

Nm 29, 40:

“Y Moisés dijo a los hijos de Israel conforme a todo lo que YHVH le había mandado.”

Un añadido descuidado.

De entre todos los añadidos, destaca un pasaje muy interesante que revela cómo el autor añadió a Moisés al texto. Y es especialmente educativo porque no tiene la estructura que ya conocemos. Sin embargo, debido a un descuido editorial, quedó desnudo y sin coser.

Nm 3, 1-5:

“Estos son los descendientes de Aarón y de Moisés, en el día en que YHVH habló a Moisés en el monte de Sinaí. Y estos son los nombres de los hijos de Aarón: Nadab el primogénito, Abiú, Eleazar e Itamar. Estos son los nombres de los hijos de Aarón, sacerdotes ungidos, a los cuales consagró para ejercer el sacerdocio. Pero Nadab y Abiú murieron delante de YHVH cuando ofrecieron fuego extraño delante de YHVH en el desierto de Sinaí; y no tuvieron hijos; y Eleazar e Itamar ejercieron el sacerdocio delante de Aarón su padre. Y Jehová habló a Moisés, diciendo…”

Es fácil observar que hay una interpolación en el primer versículo que quedó huérfana de costura. La alusión a Moisés, cuando YHVH habló a Moisés, parece intercalada mecánicamente, como en todos los casos anteriores, pero aquí no tiene sentido. No se mencionan los descendientes de Aarón y Moisés, sino solo los de Aarón. Pero YHVH habló a Moisés diciendo…

La bendición de Aarón.

Un caso interesante que ayuda a entender la obsesión del autor con diluir la autoridad de Aarón es el de la bendición a los israelitas. Como se trata de una bendición en verso, podemos sospechar que es antigua y no ha sido modificada. No siempre es así, pero ya sabes que los versos resisten muy bien el paso del tiempo. Como debe ser, por cierto. El caso es que la bendición pertenece a Aarón, aunque Moisés aparezca añadido a la fuerza.

Nm 6, 22-26:

“YHVH habló a Moisés, diciendo: Habla a Aarón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles:
YHVH te bendiga, y te guarde;
YHVH haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia;
YHVH alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.”

Vemos que los añadidos introductorios complican la gramática una vez más: Habló YHVH a Moisés diciendo, habla a Aarón y dile, así bendeciréis diciéndoles…

Ni siquiera podemos estar seguros de que sea una bendición de Aarón, toda vez que el autor enmarañó la gramática de tal manera que ahora resulta ilegible. Pero no importa, lo escrito es incongruente con lo que se nos ha contado previamente. Recordemos que YHVH habla a Aarón con familiaridad en muchos pasajes bíblicos, podría recibir los versos de la bendición directamente de la divinidad. La interpolación aquí de Moisés, una vez más, es innecesaria y reveladora.

La desilusión de Nm 7.

En el principio de Nm 7 sí hay una intervención de Moisés como protagonista. Nuestra ilusión en la búsqueda se desvanece cuando vemos que se encabeza con la sospechosa fórmula introductoria de las interpolaciones gruesas:

Nm 7, 1:

“Aconteció que cuando Moisés hubo acabado de levantar el tabernáculo…”

El fragmento sirve para explicar que las ofrendas que hicieron los príncipes de Israel cayeron en manos de los levitas, con detalle de familias y atribuciones, pero recalcando, eso sí, que fue Moisés el intermediario. En el texto es evidente que el personaje es superfluo en la transacción entre príncipes y levitas, y muestra la intención del autor de añadir a Moisés para legitimar su autoridad en un momento tan relevante. Por suerte, la fórmula introductoria “aconteció” alerta de la interpolación.

Sobra decir que el resto del capítulo, con 89 vv., no cita a Moisés, como es natural, porque el asunto no va con él. Salvo al final, para recoger su presencia y recordar su autoridad, aunque no guarde relación con las ofrendas de los príncipes. El contraste temático es demasiado llamativo. Ocupa, como es lógico, un versículo completo y aislado.

Nm 7, 89:

“Y cuando entraba Moisés en el tabernáculo de reunión, para hablar con Dios, oía la voz que le hablaba de encima del propiciatorio que estaba sobre el arca del testimonio, de entre los dos querubines; y hablaba con él.”

Sobre las interpolaciones de Moisés en versículo completo te remito a nuestro ensayo anterior.

Josué y las codornices.

Cuando llegamos al capítulo 11 volvemos a animarnos con el protagonismo de Moisés. Sin embargo, no encontramos en él nada nuevo, sino lo contrario: una reinterpretación del mito de las codornices, del que ya hablamos en su momento. En medio se intercala un pasaje ajeno a la narración principal en el que aparecen y desaparecen Eldad y Maldad, dos personajes sin trascendencia, solo mencionados aquí. Su redacción tardía viene atestiguada por la presencia de Josué, una vez más, que es el personaje que da sentido al pasaje. No cabe, por tanto, encontrar en este capítulo ninguna huella antigua de la historia de Moisés.

Después viene el pasaje de Miryam y Aarón contra Moisés, que me reservo para el final, porque está aislado del resto y requiere un análisis diferente. Ahí la dinamita explota sola.

Los doce espías deuteronomistas.

Si seguimos el orden de los capítulos nos topamos con el pasaje de los doce espías, que tiene miga para discutir y no acabar nunca. Pero en la búsqueda que nos interesa podemos identificar unos elementos comunes que, de acuerdo con nuestros análisis previos, nos permiten sacar una conclusión rápida.

En Nm 13 se narra esa historia, se repite en Dt 1, y se añade un versículo que por más que uno lee no deja de sorprenderse.

Nm 13, 16:

“Estos son los nombres de los varones que Moisés envió a reconocer la tierra; y a Oseas hijo de Nun le puso Moisés el nombre de Josué.”

A buenas horas se nos cuenta este cambio de nombre repentino, después de haber sido mencionado ocho veces desde Ex, todas ellas sin relación con la historia. Todo parece indicar que la redacción del pasaje, relacionada con Josué y con la conquista de Canaán, pertenece a la órbita deuteronomista, y no a un recuerdo primitivo de la historia de Moisés.

Lo mismo podemos decir de los pasajes que siguen, sobre el castigo a los hebreos de morir todos en el desierto y la derrota en horma, repetidos en Dt y en sintonía con el precedente. Esta parte es muy interesante por otros motivos, pero no aporta nada nuevo a nuestra búsqueda de hoy. Pero no te desilusiones, que lo mejor está por venir.

La confesión de Coré.

La rebelión de Coré en Nm 16 es un nuevo pasaje de discusión y reprimenda, con la función narrativa de apuntalar la legitimidad de Moisés. Resulta llamativa la necesidad del autor de subrayarlo tantas veces. Observamos que el protagonista es Aarón, citado catorce veces, y que el personaje de Moisés podría desaparecer de la trama sin que esta cambiase en absoluto. El autor fuerza su presencia como en tantas otras ocasiones para legitimar al héroe y diluir el protagonismo de Aarón. Las fórmulas de costumbre se repiten y las coletillas delatan la intención que ya conocemos. Quizá podemos destacar esta cita elocuente del interés del autor por aclarar las dudas. Un versículo completo, como siempre.

Nm 16, 28:

“Y dijo Moisés: En esto conoceréis que YHVH me ha enviado para que hiciese todas estas cosas, y que no las hice de mi propia voluntad.”

A estas alturas de la trama, esa aclaración es una confesión.

Aarón, Balaam y Josué.

En Nm 20 se narra la muerte de Aarón. Viene precedida de esa reinterpretación del mito del agua de la roca que se resuelve con el castigo fulminante a Moisés y a Aarón. Tienes todos los detalles en nuestro ensayo ¿Por qué murió Moisés? Un análisis literario de su castigo. Baste aquí con recordar que la función narrativa del pasaje es destruir a Aarón en un último esfuerzo por legitimar a Moisés. Una vez más, la presencia de Josué delata su genética editorial.

La historia prosigue con el ciclo de Balaam, donde por supuesto no aparece Moisés. Como ya contamos en su día en nuestro Ep. 45, la historia de Balaam no pertenece a esta tradición y presenta unas tensiones narrativas y teológicas de gran envergadura. El pasaje es una delicia literaria, pero no aporta nada a nuestro análisis de hoy. Salvo quizá un detalle: subrayar que Moisés, añadido a la fuerza en todas partes, no fue interpolado aquí, lo cual permite intuir que los fragmentos en verso del ciclo de Balaam pueden mantener un recuerdo muy fiel al original.

Más adelante, en Nm 27, Moisés le cede el testigo a Josué como líder de los hebreos. Como ya hemos explicado, la genética de Josué es nítidamente deuteronomista, con lo cual no cabe encontrar aquí recuerdos primitivos de Moisés. Y así, según se acerca el final del libro, la historia va encajando con la tradición literaria deuteronomista.

Miryam y Aarón contra Moisés.

Hemos de reconocer que el capítulo 12 es muy interesante para entender la Biblia hebrea. Lo tratamos en detalle en nuestro Ep. 41 del Resumen de la Biblia. Lo he dejado para el final porque es un tesoro.

Si recuerdas, el pasaje sirve para amartillar la legitimidad de Moisés como mediador único con YHVH. Cuenta que Aarón y Miryam se quejaron a Moisés, argumentando que ellos también eran profetas divinos, y en consecuencia YHVH los reprendió. El texto aprovecha para insistir en que YHVH habla cara a cara solo con Moisés y solo él puede verlo.

Observamos una historia más de legitimidad mosaica discutida y reforzada. La novedad que aporta el pasaje es la forma en la que Miryam queda castigada con lepra. Es un personaje alegre que apenas había cantado en honor a YHVH, no tiene otra actividad en la trama, y ahora es despachada de la historia para siempre con un desprecio inexplicable. Su siguiente mención es dolorosamente escueta: “allí murió y allí fue sepultada.” Miryam solo aparece en Ex 15, cuando canta, aquí en Nm 12, cuando es castigada, y en Nm 20, cuando muere.

Es muy llamativo que un personaje que la trama describe por su irrelevancia, canta y muere, aquí tenga un protagonismo tan ostentoso: discutirle a Moisés su condición de profetisa. El texto no conserva sucesos de Miryam de los que podamos deducir que era profetisa de YHVH. Sin embargo se menciona dos veces que lo era, en Ex y aquí, aunque no haya recuerdo de sus profecías.

Por otra parte también se menciona varias veces que era hermana de Aarón y se recuerda su linaje, además de aparecer junto a él en este pasaje. La actitud de Aarón aquí, por cierto, es propia de un hermano, no así la de Moisés, que despacha el asunto como un notario.

En resumen, el personaje tiene trazas de ser verosímil, toda vez que no encuentro ninguna incoherencia en sus escasas apariciones pero su presencia pone en jaque la legitimidad de Moisés, que es precisamente lo que el texto se esfuerza en consolidar. Es decir, este pasaje tan breve y huérfano de contexto, cuya finalidad es apuntalar la autoridad de Moisés, recurre a un personaje del cual no tenemos apenas datos, hermana de Aarón y profetisa de YHVH, cuya función es discutirle a Moisés la legitimidad exclusiva. Y digo trazas de ser verosímil porque no hay ningún motivo para que el autor invente un personaje así para escribir un pasaje ajeno a la trama principal en el que se discute la legitimidad del héroe. Habría bastado con no inventar a Miryam, o simplemente no inventar ese pasaje. En cambio, parece como si el recuerdo estuviera ahí latente en la tradición y el autor tuviese la necesidad de reescribirlo para disipar las dudas sobre la autoridad de Moisés.

A esto se añade la presencia de Aarón, cuya verosimilitud histórica, o al menos legendaria, ya hemos argumentado en otros ensayos. Aarón encaja perfectamente en una discusión de ese tipo sobre la exclusividad de la intermediación divina, toda vez que el texto menciona que YHVH habla con Aarón muchas veces, y casi nunca aplica paños calientes para aliviar la tensión teológica que eso implica. También encaja con un conflicto en el que se involucra su hermana. Además, expresa gestos emotivos de compasión insólitos en la Torá, propios de un personaje verosímil, que no solemos ver en los héroes de cartón.

En definitiva, el texto parece esconder un recuerdo latente de Aarón y Miryam como profetas mediadores de YHVH, que en algún momento se reescribió para deslegitimarlos y sustituirlos por la autoridad de Moisés. Por el contexto en el que se inscribe el pasaje, y su sintonía con el resto, esa reinterpretación debe ser también tardía y artificial, y podemos sospechar que no conserva memoria de un Moisés primitivo.

Sin embargo…

El crimen de la mujer cusita.

Como recordarás, el pasaje viene introducido por un móvil del crimen muy curioso e inesperado: la mujer cusita. Recordemos que en la tradición bíblica, Cus es una región africana que la Antigüedad identificó de forma consistente con Etiopía, al sur de Egipto.

Nm 12, 1:

“Miryam y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita.”

Como sabes, este versículo no tiene ninguna relación con lo que cuenta el pasaje, la discusión orbita alrededor de la legitimidad para hablar con YHVH. Sin embargo, el pasaje se introduce con un motivo en apariencia extemporáneo: le reprochan a Moisés otra cosa mucho más mundana, acostarse con una mujer de Cus.

¿Qué demonios significa esto? Los añadidos, interpolaciones, reescrituras, tienen como fin corregir el texto y matizar detalles que no convienen a los intereses del autor. Cuando nada tienen que ver con la trama y cumplen una función narrativa, es ahí donde se revela su interés. Pero cuando no encajan en la narración y además no tienen ninguna función, o incluso contradicen, como en este caso, el discurso de la trama… ahí tenemos la huella de algo interesante.

La mujer cusita que había tomado Moisés no solo contradice este pasaje, que versa sobre otra cosa, su exclusividad para mediar con YHVH y tiene la función de desprestigiar a Aarón y a Miryam. También contradice la historia relatada sobre Moisés. No sabemos nada de Cus, ni que hubiesen cusitas en el campamento, ni que Moisés hubiese ido a Cus jamás, ni que tuviese otra esposa que no fuese Séfora, la madianita, ni siquiera que tuviese más de una esposa. Por supuesto, la cusita no vuelve a ser nombrada en la Biblia. Entonces, ¿qué?

Entonces, tenemos un objeto extraño clavado en el cielo del paladar que pone patas arriba toda la historia bíblica de Moisés. Contra todo pronóstico, los autores, mientras intercalan un pasaje que no viene a cuento para enfatizar la legitimidad de Moisés, reescribiendo lo que consideran para adaptarlo a sus intereses, incluyen una incomodísima mujer cusita que contradice sus intereses. Menuda paradoja. Y no por error, sino “porque había tomado mujer cusita”. El texto lo subraya de manera deslumbrante.

¿Acaso no es este el detalle más verosímil de la historia de Moisés, previa a la redacción deuteronomista?

¿Y qué me dices de la serpiente de bronce?
¿Creías que se me había olvidado…?

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