“De monjas a diputadas”, análisis del poema

El poema “De monjas a diputadas” fue escrito por Lorenzo Pérez San Francisco y publicado en 2017 por la revista de la asociación judicial Francisco de Vitoria, bajo el pseudónimo “El guardabosques de Valsaín”. El texto es el siguiente:

Cuentan que en España un rey

De apetitos inconstantes

Cuyo capricho era ley

Enviaba a sus amantes

A ser de un convento grey.

Hoy los tiempos han cambiado

Y el amado timonel

En cuanto las ha dejado

No van a un convento cruel

Sino a un escaño elevado.

La diputada Montero

Expareja del ‘coleta’

Ya no está en el candelero

Por una inquieta bragueta

Va con Tania al gallinero.

Estructura externa.

Los quince versos de arte menor se construyen sobre la base estrófica de tres quintillas, cada una de ellas con dos pies que riman alternos en consonante. El autor recurre a una estructura formal clásica, que desde las primeras rimas del Cancionero de Baena viene recogiendo la tradición lírica en lengua castellana sin solución de continuidad. No en vano, el pie oxítono de la primera estrofa recuerda la moda del romanticismo.

Estructura interna.

Los recursos literarios del poema son escasos. Destaca el hipérbaton en los versos primero y quinto, pero sin valor expresivo, sino para encajar la rima. La frase hecha y la metáfora, a través de la metonimia, brillan con mejor tino, asumiendo el tono jocoso que quiere imprimir el autor (apetitos inconstantes, timonel, ‘el coleta’, estar en el candelero, inquieta bragueta, gallinero), relajando así el registro lingüístico a un nivel propio del género satírico. El uso de los adjetivos es desigual: aparecen con valor semántico en ‘apetitos inconstantes’ y en ‘inquieta bragueta’, pero de forma casi prescindible en ‘amado timonel’, ‘convento cruel’ y ‘escaño elevado’, que, siendo final de verso, revelan la necesidad del autor de utilizarlos para salvar la rima. Por otra parte, se echa en falta el uso de alguna puntuación para aclarar el sentido de la oración y evitar la ambigüedad. Para no ser prolijo, sirva este botón: no queda claro si ya no está en el candelero por una inquieta bragueta o por esa causa va con Tania al Gallinero, aunque lo podamos deducir por el contexto histórico.

Significado.

El sentido del poema se desarrolla a través de las tres estrofas: la primera recuerda la tradición española de convertir en monjas a las amantes del rey; la segunda establece un paralelismo entre esa conciencia histórica y la actualidad de 2017, observando que las amantes de los líderes políticos quedan convertidas en diputadas, el título lo subraya; la tercera concreta con un ejemplo reconocible la razón de la semblanza.

Intención.

El poema es un texto satírico sobre el cambio de costumbres de los hombres con poder respecto a sus amantes. El uso clásico de la quintilla, la rima consonante, cada vez más en desuso en poesía, el hipérbaton, prácticamente anacrónico, y la metáfora sexual con valor jocoso de otro tiempo, descubren el gusto del autor por las formas tradicionales y denotan su carácter conservador (en un sentido amplio), lo cual se subraya al elegir como ejemplo a políticos destacados de izquierdas, cuando en 2017 tenía muestras abundantes de todos los colores. Que el autor fuera juez nos serviría para constatarlo si fuésemos prejuiciosos, pero también era jurista Fernando de Rojas y no decimos nada de La Celestina.

Trascendencia.

El autor del poema fue condenado en 2018 por Jaime Moralles, del juzgado de primera instancia número 38 de Madrid, por erosionar la dignidad de Irene Montero, demandante y aludida en el texto, explícitamente y mediante vejaciones. En la sentencia, la condena se justificaba a mayores por ser una expresión de valoraciones machistas. De forma solidaria, también fueron condenados los que permitieron la publicación. La resolución fue una mina de opiniones acerca de la libertad de expresión y sus límites en el arte y el humor. La asociación expresó públicamente su rechazo al poema y dijo que “nunca debió publicarse por ser objetivamente atentatorio contra la igualdad de género, por lo que asumimos un grave error de control previo en la edición que no volverá a repetirse”. Los guardabosques de Valsaín también salieron a la palestra para mostrar su “indignación, repulsa y rechazo ante el uso que hace el autor de nuestra identidad profesional como seudónimo”.

Valoración.

El estilo literario del poema evidencia una falta de esmero, de rapidez en la construcción, cierta pobreza de recursos literarios, simpleza en la forma y un aroma rancio de poesía agotada. El sentido, en cambio, es más ingenioso, encontrando un paralelismo evidente entre las costumbres de 2017 y las de antaño, y destacando su evolución. La ligereza en la redacción, el tono jocoso y la concreción del ejemplo que refiere ponen de manifiesto el escaso valor literario de la pieza y señalan su interés como entretenimiento pasajero, casi efímero. Así pues, cuesta entender la trascendencia que tuvo el poema. De algo tan liviano no se puede hacer montaña. Lo más que se le podía reprochar al autor era su falta de esmero y de talento literario, pero bastaba con no leerlo. Su opinión, en cambio, no podía ser motivo de censura. No lo fue cuando la ley lo permitía en 2017, y nunca lo fue tampoco antes, cuando no lo permitía, ahí está la antología de poesía satírica española para demostrarlo, abanderada por Quevedo. Que a Irene Montero le doliera el puñetazo en la boca es normal, pero es a lo que se expone el boxeador cuando sube a la arena a jugarse el cuero. Responder con otra sátira más ingeniosa habría sido más elegante que la demanda. Que el autor fuera o no machista tampoco podía ser motivo de escándalo, máxime cuando una exégesis concienzuda del texto no lo manifiesta. El machismo es tan estúpido que se condena por sí solo. Lo que sí escandaliza, visto a día de hoy, y nadie dijo, es que el juez Jaime Moralles tuviera la estrechez intelectual y cultural de condenar al autor de un poema por hacer literatura, aunque no fuera de la mejor, demostrando su sesgo político en la dentellada, y que nadie le llamara a capítulo por administrar la ley con injusticia y parcialidad. Ya no digo de los socios responsables de Francisco de Vitoria, que además de estrechos de miras y advenedizos fueron desleales con el autor y por miedo a las consecuencias abandonaron la libertad de expresión y enterraron su honor. Y de los guardabosques de Valsaín no opino, que a veces es mejor estarse callado. Si todo esto pasara hoy no daría crédito.

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