Relato de un náufrago

*Publicado en InformaValencia.

Los senderos de Dios son inescrutables, los que recorre el destino de un libro también. En 1955 un diario bogotano publicó en catorce entregas las aventuras de un militar que naufragó a causa de una tormenta. Estuvo diez días a la deriva, sin comer ni beber, pero alcanzó la costa colombiana por empeño de la diosa Fortuna y por esa terquedad que tienen los hombres de no dejarse morir. El náufrago firmaba el relato, pero no era difícil intuir que debajo de la aparente literatura de testimonio se escondía una pluma más elevada, una estructura narrativa inteligente, una prosa cuidada, una voluntad de estilo, difíciles de imaginar en un militar de veinte años.

Los catorce episodios disponen el suspense al estilo de Hitchcock, sabiendo de antemano lo que va a pasar, pero manteniendo la tensión dramática en cómo va a suceder, dejando en el lector la intriga de ver cómo acontecen los increíbles hechos reales que ya conoce. A su vez, cada capítulo deja la palabra suspendida en un clímax, para recogerla al día siguiente continuando el hilo y avanzando hacia una nueva y esperada aventura.

No obstante, el interés literario estriba fundamentalmente en la introspección psicológica de un personaje abandonado a su suerte, en las dimensiones que puede alcanzar la soledad, en la crueldad del paso del tiempo, en la simpleza en que queda reducida la vida cuando se compara con la inmensidad del mar, en lo deseable que puede llegar a ser la muerte cuando lo contrario ya no tiene sentido. Si uno se deja llevar por la imaginación y se pone en la piel del protagonista le abruma el vértigo de un precipicio infinito. “El mar es igual por todos lados,” es una de esas imágenes terroríficas.

Sin embargo, el diario que publicó el relato tuvo que cerrar y el autor de esa novelización terminó exiliado en París. Tuvieron que pasar quince años para que un editor, aprovechando la fama de tal nombre, publicara el texto como novela firmada por Gabriel García Márquez: Relato de un náufrago. Gabo se atrevió a incluir una introducción en la que ponía en contexto la crueldad de los hechos. El Gobierno corrupto de Colombia utilizaba buques militares para el contrabando. El accidente no fue causado por una tormenta, sino por el exceso de carga ilegal. La capitanía del barco prefirió perder a cinco soldados en alta mar antes que deshacerse de la carga. El único superviviente no fue rescatado, voluntariamente. Cuando llegó milagrosamente a tierra fue silenciado. Cuando se publicó el relato se amenazó al periódico y se terminó cerrando. El autor se exilió por miedo a un desenlace trágico.

Desde 1970, la novela completa nos deja dos lecturas paralelas, la del peligro que se corre al dejar a un Gobierno corrupto impune, y la de la poesía que encierran algunos pensamientos: “Cuando el viento aúlla en el mar, cuando las olas se rompen contra los acantilados, uno sigue oyendo las voces que recuerda.”

4 comentarios en “Relato de un náufrago

  1. Sofia Esmerinda Estévez Sánchez 2 abril, 2020 — 9:55 pm

    👏👏👏👏

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  2. Es difícil ver esa parte en la que tienes que interpretar tú, que es un barco de contrabando y que por eso, nadie va a su rescate. Este detalle se puede llegar a ver en el episodio de la avioneta, en el que dice que esta le vio pero que no fue a su rescate.
    Dura esa parte.

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    1. Quizá la crítica más dura y sutil de Gabo esté justo ahí.

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