
Me atacan a las brujas y no puedo evitar salir en su defensa. Recientemente, Anne Hathaway ha cogido el testigo de Angelica Huston para encarnar a la Gran Bruja de Roal Dahl en la pelĂcula The Witches. Los ingeniosos diseñadores hicieron de la actriz un personaje fantástico y maravilloso. Sin renunciar a su belleza, la convirtieron en un icono malvado y grotesco, ayudándose de la exageraciĂłn de rasgos fĂsicos terribles, principalmente tres: una calva llena de cicatrices siniestras, una boca enorme semejante a las fauces de un dragĂłn y unas garras casi mitolĂłgicas. Algunas personas que sufren ectrodactilia se han sentido ofendidas porque las manos de la bruja se parecen a las suyas, lo cual interpretan como una falta de respeto y de sensibilidad intolerable. Culpan, sobre todo, a la actriz. La Warner se ha disculpado. Anne ha dicho que hace todo lo posible por no herir los sentimientos de los demás y que lo siente. Asistimos al parto con cesárea de un nuevo movimiento: el #NotaWitch. A ver por dĂłnde empiezo…

He tenido que leer tres periĂłdicos de tres paĂses distintos para asegurarme de que no era una noticia de broma, y no lo he conseguido, seguĂa sin entender nada. Una de las noticias mencionaba la cuenta de Twitter de los Juegos ParalĂmpicos, indignados con el asunto. IncrĂ©dulo y entre risas, me he acercado a ver si era verdad y… era verdad.

La ectrodactilia es una enfermedad hereditaria que ocasiona malformaciones en las extremidades, especialmente en los dedos. Los ofendidos lo llaman diferencias, no malformaciones. Se ofenden, dicen, porque la pelĂcula retrata esas diferencias como algo horrible, lo cual está muy mal. El esfuerzo deberĂa ir encaminado a normalizar las diferencias en las extremidades, no a crear estereotipos cinematográficos que asocien el horror con la ectrodactilia. Como la pelĂcula, además, es para todos los pĂşblicos, temen que los niños luego les cojan miedo. Para añadirle más leña a esa pequeña hoguera de sutilezas, denuncian que Roal Dahl nunca describiĂł asĂ las manos de las brujas, sino como garras de gato.
En fin, miedo me da el asunto cuando vean la pelĂcula los calvos y los que tienen los dientes hechos un desastre, como yo. O las mujeres guapas, o las señoras de bien que les gusta ir enjoyadas hasta los guantes y lucir pamela y faldas de tubo, pues las brujas de Roal Dahl son asĂ de presumidas. Hay que ver. Propongo el adjetivo ofensable, que no lo hay, para definir el carácter de estas personas que son tan susceptibles a la ofensa. Ofendiditos no me gusta.
Me pregunto quĂ© clase de personas habitan en este mundo occidental que no saben andar con una sonrisa por la vida y que todo les molesta, que se quejan de cualquier cosa, que se sienten acomplejadas por la más mĂnima ñoñerĂa y le endorsan a los demás sus miserias, acusando a todo el mundo de su mala suerte, sin poner un ápice de esfuerzo en tirar para adelante, con la barbilla levantada, confiando en sus propias capacidades. A las personas las valoramos por su inteligencia, por su carácter, su bondad, belleza, simpatĂa… por cualidades humanas virtuosas. A nadie le importa un cuerno si te faltan tres dedos, o te sobran dos, si eres asmático, estás calvo o tienes una pierna más larga que la otra. Y a quien le importe se puede ir a la mierda. Lo curioso es que los Ăşnicos que le dan importancia parecen ser los acomplejados, cuyos remilgos deberĂa tratarlos un psicĂłlogo o un psiquiatra, y dejar a la gente en paz. Rescato un ejemplo elocuente:

El personaje se hace llamar Stump Kitchen. Para quien no lo sepa, stump es muñón. En su cuenta de Twitter se confiesa youtuber, Ă©l, Ă©lla, seguidora de #blacklivesmatter, gluten free, vegan, defensora del pelo en el cuerpo, queer y neurodivergente. TambiĂ©n destaca stump love, que no quiero saber lo que significa. Pues bien, sea lo que sea, me alegro por Ă©l y por ella, me trae sin cuidado, igual que si come carne o alfalfa, si desprecia el gluten o le chifla el glutamato. Me da igual si le importan las vidas de los negros más que las del resto, se depile o no, tenga las neuronas divergentes o convergentes. Da lo mismo, es una persona y aquĂ tiene un defensor de sus manĂas y sus vicios, siempre estarĂ© al servicio de su libertad. Pero, por favor, que ese tipo de personas nos dejen de atormentar con sus tonterĂas y no nos acusen de sus complejos. #NotaWitch, dicen. No, claro que no, desde luego que no sois brujas. Ellas son extraordinarias, seres poderosos que se rĂen de las debilidades de todos nosotros. No os preocupĂ©is, que nadie os va a confundir con una bruja.
Pero eso no es lo más inquietante. Lo malo de verdad no es que una persona asĂ, con el cerebro lleno de acritud y sinsabores, que se siente mal porque no está bien, se ofenda con lo que hace el comĂşn de la gente sin prestarle atenciĂłn a sus pequeñeces. Bastante tiene con lo suyo. Solo cabe compadecerse y ayudarle en lo posible. Lo grave es que Anne Hathaway pida perdĂłn por ser buena actriz y hacer bien su trabajo, que una empresa de cine se disculpe por poner en marcha un proyecto inocente y bienintencionado, y que una masa demasiado grande de personas secunde el movimiento, o bien ofendidos, o bien sensibles a los ofendidos. El asunto es muy grave, porque si le damos cuerda a esas tonterĂas terminan arraigando en la polĂtica, tenemos ejemplos de sobra conocidos, y los polĂticos hacen leyes, y luego los jueces sentencian con lo que tienen a mano. En un mundo distĂłpico, Anne Hataway podrĂa terminar apartada de su trabajo por esa pelĂcula, pagando una multa o en prisiĂłn. Y ese mundo distĂłpico, estimado lector, sabes que a veces lo tocamos con los dedos sin darnos cuenta. Todo empieza con un hashtag, #FakeNews, #MeToo, #BlackLivesMatter… #NotaWitch. Y termina en dolor.
Por cierto, las brujas no son como te han contado, nunca lo fueron. Anne está guapĂsima, con las quemaduras de la cabeza, sĂntoma de una gran inteligencia, fruto del fuego de las torturas que ha sabido superar, con la sonrisa macabra llena de colmillos que parece que te vayan a desgarrar las piernas, como una bestia a su presa, feliz, satisfecha de sĂ misma, con sus hermosas y siniestras garras, hábiles y mágicas, capaces de acariciarte con ternura y de arrancarte el corazĂłn, sĂmbolo, en todo caso, de un gran poder. Eso es lo que veo yo, una mujer fuerte y maravillosa. Una bruja. ÂżQuĂ© ves tĂş?

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