«Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.»
Génesis 17:10 – Reina Valera 1960
A raíz del Episodio 7 de nuestro resumen de la Biblia, acerca del pacto de la circuncisión, Marc nos hace un interesante comentario en el que cuestiona si la circuncisión es el pacto de Abraham o una señal del pacto.

Yo diría que estás en lo cierto, Marc, aproximadamente.
Veamos lo que dice el texto. Traduzco directamente del texto masorético, para que podamos ahondar después en la etimología. El pacto arranca en Gn 17: 1-2 con la instrucción de Yahvé. Sin embargo, el primer indicio de este asunto habríamos de buscarlo en Gn 15:18, “En aquel día hizo Yahvé un pacto con Abram”, pero retomaremos ese asunto al final, para no confundir demasiado. Supongamos que arranca con la instrucción de Yahvé en Gn 17:1, “anda ante mí y sé íntegro, y confirmaré mi pacto entre mí y entre ti”. Es en Gn 17:4 cuando empieza a aludir al contenido del pacto, sin concretarlo: “he aquí mi pacto contigo”. Y en Gn 17:7 especifica las características: “pacto eterno para ser para ti Elohim y para tu descendencia”. Entre los versículos se destaca que a través del pacto le proporcionará a Abraham una enorme descendencia y le entregará a su linaje la tierra de Canaán para siempre. Después de esa introducción, el versículo 10 contiene la literalidad del pacto. Traduzco lo que pone sin adaptar el lenguaje.
«זֹ֣את בְּרִיתִ֞י אֲשֶׁ֣ר תִּשְׁמְר֗וּ בֵּינִי֙ וּבֵ֣ינֵיכֶ֔ם וּבֵ֥ין זַרְעֲךָ֖ אַחֲרֶ֑יךָ הִמּ֥וֹל לָכֶ֖ם כָּל־זָכָֽר׃»
“Este mi pacto guardarás entre mí y entre vosotros y entre tu descendencia después de ti ser circuncidado para vosotros todo varón.”
Gn 17:10
En la versión que solemos manejar aquí, la Reina Valera de 1960, la traducción es bastante fiel, con sus signos de puntuación y la dulzura de la flexión: “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.”
Si atendemos a la letra del contrato, por utilizar términos jurídicos, el acuerdo consiste en eso, esa es la contrapartida exigida a Abraham y a su descendencia para que Elohim cumpla su parte. Pero en el versículo siguiente añade lo que decía Marc en su comentario:
Gn 17, 11:
“Y seréis circuncidados carne de vuestro prepucio y será para señal de pacto entre mí y entre vosotros.”
Es decir, que ahora el autor genera una cierta inconsistencia jurídica en el acuerdo, diciendo que la circuncisión no será pues el pacto en sí, sino una señal de este. Tenemos por un lado que el pacto es circuncidarse en Gn 17:10 y que circuncidarse es una señal del pacto en Gn 17:11.
El capítulo continúa con la narración de las circuncisiones que practicó Abraham a todos los que había con él y termina sin añadir detalles al acuerdo. El asunto no vuelve a retomarse. Como ya explicamos en el episodio 8, el capítulo siguiente, el 18, tiene otra temática narrativa que enlaza con el capítulo 13, retomando la historia que quedó en el aire en el encinar de Mamre. Señalo este aspecto por dos motivos: el principal es para dejar sentado que no se especifica nada más acerca del pacto aparte de lo que hemos citado, pero también hay otro aspecto relevante que ya señalé entonces, y es que los capítulos del 14 al 17 son un inserto que no encaja con el hilo narrativo que traía la historia de Abraham. Baste con recordar el final del capítulo 13 y el principio del 18 para ubicarnos,
Gn 13, 18:
“… y se estableció en el encinar de Mamre en Hebrón y edificó allí altar a Yahvé.”
Gn 18, 1:
“Y apareció a él Yahvé en el encinar de Mamre…”
Podemos comprobar que el contenido de algunos de esos pasajes interiores es más breve que los del hilo de la historia. Por ejemplo, el 18, que reanuda la trama, es alrededor de un 88% más largo que el 15 y el 16. Esto no concluye nada, pero si observamos el contenido de esos pasajes breves vemos que tienen la intención de mostrar temas muy concretos que no están hilados con el resto la narración, es decir, que si se omiten en la lectura se interpreta perfectamente el hilo narrativo. Obviamente, están ubicados ahí para después poder intercalar otros pasajes relacionados con esos temas o justificar determinadas posturas sacerdotales. Es decir, que no son inútiles al libro, sino simplemente inconexos desde una perspectiva exigente con la literatura. Por otra parte, vemos que el contenido de estos pasajes insertados es sacerdotal, no legendario, ni mitológico, ni histórico. Lo cual revela una intención del autor más allá de la ambición literaria, esto es, pretende subrayar una doctrina más allá de ofrecer una tradición. Por ejemplo, el 14 está encaminado a introducir el pasaje de Melquisedec, sacerdote de El Elyon, y podemos leer alabanzas sacerdotales como esa de: “bendito sea El Elyon, que entregó tus enemigos en tu mano.” Sobra decir que Melquisedec no aporta nada a la historia y no vuelve a aparecer. Por ejemplo, el 15 introduce la promesa de un hijo para Abraham, y podemos leer instrucciones rituales como la petición que le hace Yahvé: “Tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino.” Por ejemplo, el 16 cuenta la breve aventura de Agar en el desierto y la intervención divina: “Y la halló el ángel de Yahvé junto a una fuente.” El pasaje es prescindible, pero deja caer la instrucción de obedecer los siervos a los dueños y el origen sobrenatural del pozo del viviente-que-me-ve. Y, por ejemplo, el 17, que contiene el asunto que nos interesa acerca del pacto de la circuncisión, un pasaje exclusivamente sacerdotal, donde se enfatiza la intervención divina y el ritual.
Por otra parte, el estilo literario es también diferente. Cuando la historia se retoma en Gn 18 el tono vuelve a ser relajado, descriptivo, detallado, propio de la narración de una historia que forma parte de la tradición. Leamos brevemente el primer párrafo de Gn 18.
“Después le apareció Yahvé en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo. Que se traiga ahora un poco de agua, y lavad vuestros pies; y recostaos debajo de un árbol, y traeré un bocado de pan, y sustentad vuestro corazón, y después pasaréis; pues por eso habéis pasado cerca de vuestro siervo. Y ellos dijeron: Haz así como has dicho. Entonces Abraham fue de prisa a la tienda a Sara, y le dijo: Toma pronto tres medidas de flor de harina, y amasa y haz panes cocidos debajo del rescoldo. Y corrió Abraham a las vacas, y tomó un becerro tierno y bueno, y lo dio al criado, y este se dio prisa a prepararlo. Tomó también mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y lo puso delante de ellos; y él se estuvo con ellos debajo del árbol, y comieron.”
Como vemos, además de ese estilo, el texto está huérfano de epítetos sacerdotales, alabanzas divinas y recursos retóricos de énfasis religioso. Veamos algunos ejemplos que sí aparecen en los capítulos intercalados, entre el 14 y el 17, uno de cada capítulo, de botón:
“Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra”
“Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.”
“Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?”
“Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto.”
¿A dónde queremos llegar con esto? A confirmar la hipótesis de que el pasaje del pacto de la circuncisión es un inserto sacerdotal en la historia de Abraham, que probablemente no formaba parte de la fuente tradicional, en cuyo caso tendría la intención de sacralizar un rito cultural a través de un origen divino y mítico. Resumiendo el contenido de ese pacto, de acuerdo con el texto, tenemos que Yahvé le pide a Abraham que vaya delante de él y sea íntegro, lo cual podríamos interpretar como que se mantenga fiel a sus ordenanzas, le advierte que será un pacto eterno con él y con su descendencia, le promete que le dará la tierra de Canaán para siempre a su linaje y le especifica en qué consiste el pacto: ser circuncidado todo varón. Al final añade que cortar la carne del prepucio será la señal del pacto. Así pues, observamos que la literalidad del texto nos deja una ambigüedad incómoda, no queda claro si el pacto consiste en cortarse el prepucio o eso es simplemente una señal del pacto, en cuyo caso el pacto sería obedecer las ordenanzas de Yahvé y poner por firma del acuerdo la circuncisión. Si hacemos un esfuerzo interpretativo, la contrapartida de Yahvé es multiplicar el linaje y darles Canaán, aunque el texto no lo expresa así. Pero debemos deducir que es una condición previa que propone Yahvé para que hagan lo que les pide a cambio: circuncidarse. Sea como fuere, resulta evidente que la fuerza del pacto no la tiene obedecer a Yahvé, sino la circuncisión en sí, que es la que domina la literatura del pasaje. Es decir, el asunto de la circuncisión debió tener mucha importancia para el autor. No en vano, de las muchas cosas que podría pedirle Yahvé a Abraham para entregarle Canaán y prometerle mucha descendencia, esa de cortarse el prepucio no parece la más divina de todas. Y si la entendemos como una mera señal, parece un tanto extravagante.
En muchas ocasiones se alude a las virtudes sanitarias de la circuncisión en ese ambiente, por motivos de higiene, desierto, infecciones, importancia de la progenie… cosa que el autor quiso subrayar en el texto para que tal costumbre beneficiosa se mantuviera firme. Pero yo no creo que tal cosa sea la motivación del autor. Me explico. Abraham vivió según el texto entre el 2000 y el 1500 a. C. Dudo mucho que alguien pueda confirmar que en esa época y en la cultura de Abraham, que no sabemos bien si es caldea, egipcia o cananea, se circuncidaba a los bebés de ocho días por motivos sanitarios, con las herramientas y las condiciones higiénicas que podrían tener en el desierto, y con la debilidad del sistema inmunológico de un bebé tan tierno. Pero en caso de que fuera así, tal cosa confirmaría que se hacía habitualmente y que no existe ninguna razón para que el autor elaborase un origen mítico y trascendente para algo tan común. Del mismo modo, no parece necesario que el autor tuviera que justificar con el mandato divino algo que de natural la gente sabía que era beneficioso y ya venía haciendo por lo común. Al hilo de este asunto sanitario, algunos aluden a que era común en la región de Canaán la circuncisión en aquellos tiempos tan antiguos, y también después. Podemos añadir que también lo era en Egipto y en otras regiones. No podemos dejar de señalar que, por el contrario, era una costumbre aberrante para algunas culturas de la época antigua, que consideraban la perfección natural del pene como un síntoma de virilidad, y no al revés. Sea como fuere, ni lo uno ni lo otro parece justificar las intenciones del autor, pues si era común, como muchos sostienen, tal cosa no serviría de pacto con Yahvé, si atendemos a los propios términos de exclusividad que propone el texto, y si era considerado una aberración era absurdo proponerlo como mandato divino. El hecho de que el autor exprese que el Dios del pueblo hebreo solicita la circuncisión para cumplir su parte del pacto confirma que las gentes de Abraham no se circuncidaban (de hecho ninguno estaba circuncidado cuando Yahvé se lo pide), o, si lo queremos aterrizar a los tiempos del autor, que las gentes de su entorno no se circuncidaban, o al menos no muchas. No podemos olvidar que cuando se dicta una prohibición es porque se practica, y que cuando se impone una orden es porque no se está haciendo.
Llegados a este punto, ¿entonces qué? Recordemos el rodeo introductorio que hicimos para justificar que probablemente el pasaje del pacto de la circuncisión sea un inserto en la historia de Abraham con intención sacerdotal. Si estamos en lo cierto, y estoy plenamente convencido de que es así, las fuentes de la historia de Abraham podrían ser muy antiguas, pero ese inserto debió ser añadido en el periodo del exilio babilónico o incluso después, entre el s. VI y el s. IV. Podemos sospechar que esa costumbre de la circuncisión no era propia de la cultura babilónica en ese periodo, no tenemos registro de tal cosa, ni tampoco de en la cultura mesopotámica anterior. Al parecer, es una práctica propia de pueblos semitas. Por otro lado, podemos imaginar al pueblo hebreo cautivo en Babilonia, escaso, con raíces culturales tendientes a desaparecer, rodeado de una tradición que le es ajena. En ese entorno, es posible que algunos sacerdotes se propusieran unificar todas las historias orales y textuales de su tradición para cohesionar al pueblo hebreo en el exilio y consolidar su importancia cultural, para que no se diluyeran en el tiempo y se perdieran en el recuerdo. En ese esfuerzo de composición literaria debieron fundirse tradiciones distintas afines con su cultura, además de introducirse algunos elementos nuevos de su entorno reciente, con la intención de elaborar un texto apologético que ensalzarse los orígenes míticos de su pueblo y sus tradiciones. Es posible que para favorecer ese interés de perpetuarse en circunstancias tan adversas se promoviera la unión entre hebreos, y así lo refleja la Torá en muchos pasajes, en los que se enfatiza la necesidad de unión entre la propia parentela y no mezclarse con otras gentes, hasta el punto de relatar muchos casos endogámicos que en la actualidad consideraríamos incestuosos. La ordenanza de multiplicarse sobre la faz de la tierra y la prohibición de no tomar a la mujer del prójimo, estarían encaminadas a favorecer la proliferación, manteniendo un cierto orden conyugal y familiar entre la comunidad. En ese contexto, la circuncisión podría tener su encaje: una práctica tradicional que estaba en decadencia, que no practicaban los babilonios, con los que no convenía mezclarse, una señal incontrovertible que distingue a los miembros del pueblo elegido, relacionada simbólicamente con la fertilidad. Arrimada a esa tradición, se enfatizan en el texto otros rituales propios de esa cultura en decadencia que resultarían extravagantes en cualquier otro contexto, sacrificios de animales, días sagrados, protocolos alimenticios… pero que debían servir para fortalecer la conciencia de pueblo especial. Reconozco que, aunque me interesa mucho la antropología, me faltan fuentes y argumentos sólidos para confirmar esas hipótesis, mi campo de competencia es la literatura, pero en relación al texto que nos ocupa considero que esta posibilidad podría acercarnos a entender el pasaje del pacto de la circuncisión en su contexto histórico mejor que otras.
Si volvemos al texto, quedan algunas pistas etimológicas que ayudan a sostener nuestra idea, o quizá a complicar un poco más el asunto. El caso es que el pacto debe parecernos cuanto menos curioso, muy distinto a lo que entendemos por pacto hoy en día, un acuerdo entre partes por el cual cada una se compromete a una cosa. En el texto queda extraño, porque no se acuerda nada, Yahvé impone un esfuerzo y a cambio ofrece un premio. Expliqué en el episodio 6 que la palabra “pacto” que aparece en Génesis es la hebrea berít (בְּרִית). Se suele traducir por pacto, promesa o alianza. Pero eso no es lo más interesante. En el diccionario Strong de hebreo es la voz #1285, cuya definición es la siguiente: pacto, porque se hace pasando en medio de pedazos de carne. No estoy seguro del significado de ese matiz etimológico, pero creo que está relacionado con Gn 15, que es uno de los capítulos que hemos considerado insertos en la historia de Abraham, concretamente el que hemos citado antes: “tráeme una becerra de tres años, y una cabra de tres años, y un carnero de tres años, una tórtola también, y un palomino”, en el cual Yahvé le pide a Abraham todo esto y él los parte por la mitad, a excepción de las aves. Esto sugiere que el origen etimológico de la palabra berít podría estar relacionado con algún ritual más antiguo por el cual se cortaba o dividía algún animal en dos y ambas partes del acuerdo quedaban mutuamente comprometidas a lo pactado. No sería descabellado pensarlo, porque ese pasaje es inesperado y oscuro, toda vez que no tenemos constancia textual de que esos animales de tres años hayan de ser partidos por la mitad por ningún motivo, con la intrigante excepción de las aves, pero es posible que fuese inteligible para los lectores del autor, que conociesen el ritual de antemano. Poco después se alude al pacto: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram”.
Tal sugerencia podría apoyarse en la raíz primitiva bará (בָּרָה), de la cual parece derivar la voz berít. Bará, entre otros sentidos, significa seleccionar o escoger, y berít podría derivar de ella en su sentido de cortante, como en bara (בָּרָא), que significa cortar o seleccionar. En definitiva, aunque es muy difícil establecer una conclusión, y mis paupérrimos conocimientos de hebreo no me permiten llegar más lejos, parece que el campo semántico de berít invita a establecer relaciones entre pactar, cortar carne y escoger. Y así queda la simbología del pacto de Abraham, por el cual se cortará la carne del prepucio a cambio de que Yahvé seleccione a su descendencia como la elegida.
Y aquí lo dejamos, Marc, sin olvidar un detalle en el que no quiero profundizar hoy. Es Yahvé quien encabeza el capítulo del pacto, diciéndole a Abraham que él es el Dios Todopoderoso, y no vuelve a ser nombrado. Sin embargo, es Elohim quien hace el pacto con él, quien protagoniza el pasaje, quien se nombra nueve veces. El versículo inicial es por tanto un añadido sacerdotal para introducir el mito del pacto y atarlo al culto a Yahvé, de acuerdo con los intereses del autor. Pero el mito pertenece a Elohim.
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