«Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.«
Génesis 20:2 – Reina Valera 1960
La historia de Sara contada en Génesis propicia la interpretación de que Abraham la prostituye con su consentimiento de forma repetida. Esta tesis es muy controvertida, en tanto que contraviene la lectura espiritual que se suele hacer del texto bíblico. Según esta posible interpretación, Abraham aprovecha la belleza de su mujer para conseguirlo, y quizá su esterilidad, y ambos se hacen pasar por hermanos en tierra extraña, con el fin de poner a Sara en ocasión de que la tomen y recibir riquezas en compensación. Para apoyar esta interpretación tendríamos que encontrar en el texto argumentos que justifiquen algunos extremos: que no son hermanos en realidad, que Sara es cómplice de esa estrategia de engaño, que en varias ocasiones queda expuesta voluntariamente para que la tomen, que en varias ocasiones así sucede y reciben riquezas en compensación, y que hubo sexo de por medio. Este último aspecto no sería necesario demostrarlo, pues uno puede prostituirse y no conseguirlo, que es lo que propone la tesis de partida. Es decir, que el argumento de la prostitución se fundamenta en la intención de ofrecer servicios sexuales a cambio de riqueza, no en que se consuman. Dicho de otro modo, por definición consideramos prostituta a una persona que ofrece irse a la cama con otra a cambio de dinero, aunque esta otra no acceda. No obstante, puede demostrarse también que hubo sexo en el caso de Sara, de acuerdo con el texto. No será necesario probar que Sara era hermosa y estéril, pues son datos con los que todo el mundo estará de acuerdo y no generan controversia, de hecho el texto es coherente con ello en todo momento. El presente ensayo expone los argumentos que apoyan cada uno de esos extremos. Que la palabra prostituir esté fuera del ámbito semántico del autor no nos impide asociar los hechos a su significado: hacer que alguien se dedique a mantener relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero. Con todo, no desconocemos que el autor del texto que nos ha llegado de Génesis se esfuerza por disimular esta estrategia de Abraham y Sara, lo cual hace más difícil comprender la tesis en una lectura superficial, o aceptarla si el lector está alineado con el mensaje espiritual que quiere trasladar el autor. Sin embargo, nuestro trabajo es meramente literario, aliado solamente con el texto y sus palabras, huérfano de simpatías por ninguna interpretación religiosa y consciente de que el Génesis que hoy tenemos es el resultado de un sinfín de reelaboraciones humanas a partir de tradiciones muy antiguas, y no la palabra de Dios. Así pues, trataremos de probar que es verosímil y probable la existencia de una tradición subyacente, o varias, en las que Sara se prostituía, de acuerdo con el texto.
El texto de la controversia.
Antes de entrar en materia conviene repasar los pasajes de Génesis que pueden aludir a la prostitución de Sara. El primero es en Gn 12:10-20, con Faraón en Egipto. El segundo es el capítulo completo de Gn 20, con Abimelec. Y deberíamos añadir un tercero que está relacionado con estos aunque Sara no sea la protagonista, Gn 26:1-11, donde Abimelec vuelve a protagonizar la misma historia pero con Rebeca, la mujer de Isaac, hijo de Abraham y Sara. Transcribimos los textos íntegros para facilitar el seguimiento, la versión Reina-Valera 1960 en español y el códice de Leningrado. Aprovechamos para recordar que este códice es la versión completa más antigua que conocemos del texto masorético, fechada en el 1008 de nuestra era, lo cual puede darnos una idea de lo difícil que es considerar uno de estos textos como “original”. Para mayor agilidad de lectura, en este ensayo no aludiremos al texto masorético cuando consideremos que la traducción es fiel, y solamente matizaremos los pasajes en los que el hebreo aporta mejor información.
Gn 12,10-20:
10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra. 11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; 12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. 13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti. 14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. 15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón. 16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. 17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram. 18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? 19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete. 20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.
10 וַיְהִ֥י רָעָ֖ב בָּאָ֑רֶץ וַיֵּ֨רֶד אַבְרָ֤ם מִצְרַ֙יְמָה֙ לָג֣וּר שָׁ֔ם כִּֽי־כָבֵ֥ד הָרָעָ֖ב בָּאָֽרֶץ׃
11 וַיְהִ֕י כַּאֲשֶׁ֥ר הִקְרִ֖יב לָב֣וֹא מִצְרָ֑יְמָה וַיֹּ֙אמֶר֙ אֶל־שָׂרַ֣י אִשְׁתּ֔וֹ הִנֵּה־נָ֣א יָדַ֔עְתִּי כִּ֛י אִשָּׁ֥ה יְפַת־מַרְאֶ֖ה אָֽתְּ׃
12 וְהָיָ֗ה כִּֽי־יִרְא֤וּ אֹתָךְ֙ הַמִּצְרִ֔ים וְאָמְר֖וּ אִשְׁתּ֣וֹ זֹ֑את וְהָרְג֥וּ אֹתִ֖י וְאֹתָ֥ךְ יְחַיּֽוּ׃
13 אִמְרִי־נָ֖א אֲחֹ֣תִי אָ֑תְּ לְמַ֙עַן֙ יִֽיטַב־לִ֣י בַעֲבוּרֵ֔ךְ וְחָיְתָ֥ה נַפְשִׁ֖י בִּגְלָלֵֽךְ׃
14 וַיְהִ֕י כְּב֥וֹא אַבְרָ֖ם מִצְרָ֑יְמָה וַיִּרְא֤וּ הַמִּצְרִים֙ אֶת־הָ֣אִשָּׁ֔ה כִּֽי־יָפָ֥ה הִ֖וא מְאֹֽד׃
15 וַיִּרְא֤וּ אֹתָהּ֙ שָׂרֵ֣י פַרְעֹ֔ה וַיְהַֽלְל֥וּ אֹתָ֖הּ אֶל־פַּרְעֹ֑ה וַתֻּקַּ֥ח הָאִשָּׁ֖ה בֵּ֥ית פַּרְעֹֽה׃
16 וּלְאַבְרָ֥ם הֵיטִ֖יב בַּעֲבוּרָ֑הּ וַֽיְהִי־ל֤וֹ צֹאן־וּבָקָר֙ וַחֲמֹרִ֔ים וַעֲבָדִים֙ וּשְׁפָחֹ֔ת וַאֲתֹנֹ֖ת וּגְמַלִּֽים׃
17 וַיְנַגַּ֨ע יְהוָ֧ה׀ אֶת־פַּרְעֹ֛ה נְגָעִ֥ים גְּדֹלִ֖ים וְאֶת־בֵּית֑וֹ עַל־דְּבַ֥ר שָׂרַ֖י אֵ֥שֶׁת אַבְרָֽם׃
18 וַיִּקְרָ֤א פַרְעֹה֙ לְאַבְרָ֔ם וַיֹּ֕אמֶר מַה־זֹּ֖את עָשִׂ֣יתָ לִּ֑י לָ֚מָּה לֹא־הִגַּ֣דְתָּ לִּ֔י כִּ֥י אִשְׁתְּךָ֖ הִֽוא׃
19 לָמָ֤ה אָמַ֙רְתָּ֙ אֲחֹ֣תִי הִ֔וא וָאֶקַּ֥ח אֹתָ֛הּ לִ֖י לְאִשָּׁ֑ה וְעַתָּ֕ה הִנֵּ֥ה אִשְׁתְּךָ֖ קַ֥ח וָלֵֽךְ׃
20 וַיְצַ֥ו עָלָ֛יו פַּרְעֹ֖ה אֲנָשִׁ֑ים וַֽיְשַׁלְּח֥וּ אֹת֛וֹ וְאֶת־אִשְׁתּ֖וֹ וְאֶת־כָּל־אֲשֶׁר־לֽוֹ׃
En una lectura superficial podríamos resumir los hechos del siguiente modo. Abraham y Sara marchan a Egipto porque pasan hambre. Deciden hacerse pasar por hermanos. Los egipcios ven que era hermosa y termina en casa de Faraón. Este les enriquece por ello. Yahvé castiga a Faraón por el pecado de tomar a la mujer de Abraham. Finalmente Faraón les expulsa de Egipto.
Gn 20:
1 De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar. 2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara. 3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido. 4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente? 5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? Con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto. 6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases. 7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos. 8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera. 9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo. 10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto? 11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer. 12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer. 13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es. 14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. 15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca. 16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada. 17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos. 18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.
1 וַיִּסַּ֨ע מִשָּׁ֤ם אַבְרָהָם֙ אַ֣רְצָה הַנֶּ֔גֶב וַיֵּ֥שֶׁב בֵּין־קָדֵ֖שׁ וּבֵ֣ין שׁ֑וּר וַיָּ֖גָר בִּגְרָֽר׃
2 וַיֹּ֧אמֶר אַבְרָהָ֛ם אֶל־שָׂרָ֥ה אִשְׁתּ֖וֹ אֲחֹ֣תִי הִ֑וא וַיִּשְׁלַ֗ח אֲבִימֶ֙לֶךְ֙ מֶ֣לֶךְ גְּרָ֔ר וַיִּקַּ֖ח אֶת־שָׂרָֽה׃
3 וַיָּבֹ֧א אֱלֹהִ֛ים אֶל־אֲבִימֶ֖לֶךְ בַּחֲל֣וֹם הַלָּ֑יְלָה וַיֹּ֣אמֶר ל֗וֹ הִנְּךָ֥ מֵת֙ עַל־הָאִשָּׁ֣ה אֲשֶׁר־לָקַ֔חְתָּ וְהִ֖וא בְּעֻ֥לַת בָּֽעַל׃
4 וַאֲבִימֶ֕לֶךְ לֹ֥א קָרַ֖ב אֵלֶ֑יהָ וַיֹּאמַ֕ר אֲדֹנָ֕י הֲג֥וֹי גַּם־צַדִּ֖יק תַּהֲרֹֽג׃
5 הֲלֹ֨א ה֤וּא אָֽמַר־לִי֙ אֲחֹ֣תִי הִ֔וא וְהִֽיא־גַם־הִ֥וא אָֽמְרָ֖ה אָחִ֣י ה֑וּא בְּתָם־לְבָבִ֛י וּבְנִקְיֹ֥ן כַּפַּ֖י עָשִׂ֥יתִי זֹֽאת׃
6 וַיֹּאמֶר֩ אֵלָ֨יו הָֽאֱלֹהִ֜ים בַּחֲלֹ֗ם גַּ֣ם אָנֹכִ֤י יָדַ֙עְתִּי֙ כִּ֤י בְתָם־לְבָבְךָ֙ עָשִׂ֣יתָ זֹּ֔את וָאֶחְשֹׂ֧ךְ גַּם־אָנֹכִ֛י אֽוֹתְךָ֖ מֵחֲטוֹ־לִ֑י עַל־כֵּ֥ן לֹא־נְתַתִּ֖יךָ לִנְגֹּ֥עַ אֵלֶֽיהָ׃
7 וְעַתָּ֗ה הָשֵׁ֤ב אֵֽשֶׁת־הָאִישׁ֙ כִּֽי־נָבִ֣יא ה֔וּא וְיִתְפַּלֵּ֥ל בַּֽעַדְךָ֖ וֶֽחְיֵ֑ה וְאִם־אֵֽינְךָ֣ מֵשִׁ֗יב דַּ֚ע כִּי־מ֣וֹת תָּמ֔וּת אַתָּ֖ה וְכָל־אֲשֶׁר־לָֽךְ׃
8 וַיַּשְׁכֵּ֨ם אֲבִימֶ֜לֶךְ בַּבֹּ֗קֶר וַיִּקְרָא֙ לְכָל־עֲבָדָ֔יו וַיְדַבֵּ֛ר אֶת־כָּל־הַדְּבָרִ֥ים הָאֵ֖לֶּה בְּאָזְנֵיהֶ֑ם וַיִּֽירְא֥וּ הָאֲנָשִׁ֖ים מְאֹֽד׃
9 וַיִּקְרָ֨א אֲבִימֶ֜לֶךְ לְאַבְרָהָ֗ם וַיֹּ֨אמֶר ל֜וֹ מֶֽה־עָשִׂ֤יתָ לָּ֙נוּ֙ וּמֶֽה־חָטָ֣אתִי לָ֔ךְ כִּֽי־הֵבֵ֧אתָ עָלַ֛י וְעַל־מַמְלַכְתִּ֖י חֲטָאָ֣ה גְדֹלָ֑ה מַעֲשִׂים֙ אֲשֶׁ֣ר לֹא־יֵֽעָשׂ֔וּ עָשִׂ֖יתָ עִמָּדִֽי׃
10 וַיֹּ֥אמֶר אֲבִימֶ֖לֶךְ אֶל־אַבְרָהָ֑ם מָ֣ה רָאִ֔יתָ כִּ֥י עָשִׂ֖יתָ אֶת־הַדָּבָ֥ר הַזֶּֽה׃
11 וַיֹּ֙אמֶר֙ אַבְרָהָ֔ם כִּ֣י אָמַ֗רְתִּי רַ֚ק אֵין־יִרְאַ֣ת אֱלֹהִ֔ים בַּמָּק֖וֹם הַזֶּ֑ה וַהֲרָג֖וּנִי עַל־דְּבַ֥ר אִשְׁתִּֽי׃
12 וְגַם־אָמְנָ֗ה אֲחֹתִ֤י בַת־אָבִי֙ הִ֔וא אַ֖ךְ לֹ֣א בַת־אִמִּ֑י וַתְּהִי־לִ֖י לְאִשָּֽׁה׃
13 וַיְהִ֞י כַּאֲשֶׁ֧ר הִתְע֣וּ אֹתִ֗י אֱלֹהִים֮ מִבֵּ֣ית אָבִי֒ וָאֹמַ֣ר לָ֔הּ זֶ֣ה חַסְדֵּ֔ךְ אֲשֶׁ֥ר תַּעֲשִׂ֖י עִמָּדִ֑י אֶ֤ל כָּל־הַמָּקוֹם֙ אֲשֶׁ֣ר נָב֣וֹא שָׁ֔מָּה אִמְרִי־לִ֖י אָחִ֥י הֽוּא׃
14 וַיִּקַּ֨ח אֲבִימֶ֜לֶךְ צֹ֣אן וּבָקָ֗ר וַעֲבָדִים֙ וּשְׁפָחֹ֔ת וַיִּתֵּ֖ן לְאַבְרָהָ֑ם וַיָּ֣שֶׁב ל֔וֹ אֵ֖ת שָׂרָ֥ה אִשְׁתּֽוֹ׃
15 וַיֹּ֣אמֶר אֲבִימֶ֔לֶךְ הִנֵּ֥ה אַרְצִ֖י לְפָנֶ֑יךָ בַּטּ֥וֹב בְּעֵינֶ֖יךָ שֵֽׁב׃
16 וּלְשָׂרָ֣ה אָמַ֗ר הִנֵּ֨ה נָתַ֜תִּי אֶ֤לֶף כֶּ֙סֶף֙ לְאָחִ֔יךְ הִנֵּ֤ה הוּא־לָךְ֙ כְּס֣וּת עֵינַ֔יִם לְכֹ֖ל אֲשֶׁ֣ר אִתָּ֑ךְ וְאֵ֥ת כֹּ֖ל וְנֹכָֽחַת׃
17 וַיִּתְפַּלֵּ֥ל אַבְרָהָ֖ם אֶל־הָאֱלֹהִ֑ים וַיִּרְפָּ֨א אֱלֹהִ֜ים אֶת־אֲבִימֶ֧לֶךְ וְאֶת־אִשְׁתּ֛וֹ וְאַמְהֹתָ֖יו וַיֵּלֵֽדוּ׃
18 כִּֽי־עָצֹ֤ר עָצַר֙ יְהוָ֔ה בְּעַ֥ד כָּל־רֶ֖חֶם לְבֵ֣ית אֲבִימֶ֑לֶךְ עַל־דְּבַ֥ר שָׂרָ֖ה אֵ֥שֶׁת אַבְרָהָֽם׃ ס
Los hechos sumarios podemos resumirlos así. Abraham y Sara se hacen pasar por hermanos. El rey Abimelec la toma. Dios se le aparece en sueños para aconsejarle y advertirle del pecado. Abimelec reprende a Abraham, y este se excusa arguyendo que son hermanos en realidad. El rey les entrega riquezas y en compensación Abraham ora a Dios para que repare el daño hecho al pueblo de Abimelec. Se entiende que, además de aconsejarle y advertirle, Dios también le castigó.
Gn 26, 1-11:
“1 Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. 2 Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. 3 Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. 4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, 5 por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.
6 Habitó, pues, Isaac en Gerar. 7 Y los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer; y él respondió: Es mi hermana; porque tuvo miedo de decir: Es mi mujer; pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto. 8 Sucedió que después que él estuvo allí muchos días, Abimelec, rey de los filisteos, mirando por una ventana, vio a Isaac que acariciaba a Rebeca su mujer. 9 Y llamó Abimelec a Isaac, y dijo: He aquí ella es de cierto tu mujer. ¿Cómo, pues, dijiste: Es mi hermana? E Isaac le respondió: Porque dije: Quizá moriré por causa de ella. 10 Y Abimelec dijo: ¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer, y hubieras traído sobre nosotros el pecado. 11 Entonces Abimelec mandó a todo el pueblo, diciendo: El que tocare a este hombre o a su mujer, de cierto morirá.”
1 וַיְהִ֤י רָעָב֙ בָּאָ֔רֶץ מִלְּבַד֙ הָרָעָ֣ב הָרִאשׁ֔וֹן אֲשֶׁ֥ר הָיָ֖ה בִּימֵ֣י אַבְרָהָ֑ם וַיֵּ֧לֶךְ יִצְחָ֛ק אֶל־אֲבִימֶּ֥לֶךְ מֶֽלֶךְ־פְּלִשְׁתִּ֖ים גְּרָֽרָה׃
2 וַיֵּרָ֤א אֵלָיו֙ יְהוָ֔ה וַיֹּ֖אמֶר אַל־תֵּרֵ֣ד מִצְרָ֑יְמָה שְׁכֹ֣ן בָּאָ֔רֶץ אֲשֶׁ֖ר אֹמַ֥ר אֵלֶֽיךָ׃
3 גּ֚וּר בָּאָ֣רֶץ הַזֹּ֔את וְאֶֽהְיֶ֥ה עִמְּךָ֖ וַאֲבָרְכֶ֑ךָּ כִּֽי־לְךָ֣ וּֽלְזַרְעֲךָ֗ אֶתֵּן֙ אֶת־כָּל־הָֽאֲרָצֹ֣ת הָאֵ֔ל וַהֲקִֽמֹתִי֙ אֶת־הַשְּׁבֻעָ֔ה אֲשֶׁ֥ר נִשְׁבַּ֖עְתִּי לְאַבְרָהָ֥ם אָבִֽיךָ׃
4 וְהִרְבֵּיתִ֤י אֶֽת־זַרְעֲךָ֙ כְּכוֹכְבֵ֣י הַשָּׁמַ֔יִם וְנָתַתִּ֣י לְזַרְעֲךָ֔ אֵ֥ת כָּל־הָאֲרָצֹ֖ת הָאֵ֑ל וְהִתְבָּרֲכ֣וּ בְזַרְעֲךָ֔ כֹּ֖ל גּוֹיֵ֥י הָאָֽרֶץ׃
5 עֵ֕קֶב אֲשֶׁר־שָׁמַ֥ע אַבְרָהָ֖ם בְּקֹלִ֑י וַיִּשְׁמֹר֙ מִשְׁמַרְתִּ֔י מִצְוֺתַ֖י חֻקּוֹתַ֥י וְתוֹרֹתָֽי׃
6 וַיֵּ֥שֶׁב יִצְחָ֖ק בִּגְרָֽר׃
7 וַֽיִּשְׁאֲל֞וּ אַנְשֵׁ֤י הַמָּקוֹם֙ לְאִשְׁתּ֔וֹ וַיֹּ֖אמֶר אֲחֹ֣תִי הִ֑וא כִּ֤י יָרֵא֙ לֵאמֹ֣ר אִשְׁתִּ֔י פֶּן־יַֽהַרְגֻ֜נִי אַנְשֵׁ֤י הַמָּקוֹם֙ עַל־רִבְקָ֔ה כִּֽי־טוֹבַ֥ת מַרְאֶ֖ה הִֽיא׃
8 וַיְהִ֗י כִּ֣י אָֽרְכוּ־ל֥וֹ שָׁם֙ הַיָּמִ֔ים וַיַּשְׁקֵ֗ף אֲבִימֶ֙לֶךְ֙ מֶ֣לֶךְ פְּלִשְׁתִּ֔ים בְּעַ֖ד הַֽחַלּ֑וֹן וַיַּ֗רְא וְהִנֵּ֤ה יִצְחָק֙ מְצַחֵ֔ק אֵ֖ת רִבְקָ֥ה אִשְׁתּֽוֹ׃
9 וַיִּקְרָ֨א אֲבִימֶ֜לֶךְ לְיִצְחָ֗ק וַיֹּ֙אמֶר֙ אַ֣ךְ הִנֵּ֤ה אִשְׁתְּךָ֙ הִ֔וא וְאֵ֥יךְ אָמַ֖רְתָּ אֲחֹ֣תִי הִ֑וא וַיֹּ֤אמֶר אֵלָיו֙ יִצְחָ֔ק כִּ֣י אָמַ֔רְתִּי פֶּן־אָמ֖וּת עָלֶֽיהָ׃
10 וַיֹּ֣אמֶר אֲבִימֶ֔לֶךְ מַה־זֹּ֖את עָשִׂ֣יתָ לָּ֑נוּ כִּ֠מְעַט שָׁכַ֞ב אַחַ֤ד הָעָם֙ אֶת־אִשְׁתֶּ֔ךָ וְהֵבֵאתָ֥ עָלֵ֖ינוּ אָשָֽׁם׃
11 וַיְצַ֣ו אֲבִימֶ֔לֶךְ אֶת־כָּל־הָעָ֖ם לֵאמֹ֑ר הַנֹּגֵ֜עַ בָּאִ֥ישׁ הַזֶּ֛ה וּבְאִשְׁתּ֖וֹ מ֥וֹת יוּמָֽת׃
Si bien los protagonistas son distintos aquí, vemos una coincidencia demasiado sospechosa con los pasajes anteriores, que podemos resumir de esta manera. Isaac y Rebeca marchan con Abimelec porque sufren de hambre. Se hacen pasar por hermanos, pues ella era hermosa. Abimelec lo descubre y le reprende por propiciar el pecado de que alguien pudiera tomarla. El rey advierte al pueblo de la situación. Después el capítulo prosigue diciendo que Isaac se enriqueció mucho y terminó por alejarse de Abimelec.
Intención del autor.
Nos parece obvio que el mensaje que quiere trasladar el autor a sus lectores es uno y claro: si tomas a la mujer de tu prójimo, en especial si es uno de los profetas de Yahvé, serás castigado. Para construir esa idea se sirve de tres relatos consecutivos y similares en los cuales los protagonistas se hacen pasar por hermanos y las mujeres quedan expuestas para que las tomen. En el primero Faraón toma a Sara y recibe el castigo divino en consecuencia. En el segundo Abimelec toma a Sara y también recibe el castigo divino en consecuencia, añadiendo una aparición de Dios en sueños para aconsejarle. En el tercero Rebeca queda expuesta para que la tomen, pero Abimelec ya está advertido y no la toma, sin sufrir entonces ningún castigo divino. Es en este punto donde más evidente resulta la instrucción religiosa: Abimelec sabe que tal cosa sería pecado para con Yahvé y advierte a su pueblo de que si tocan a la mujer del profeta serán castigados con la muerte.
Sin embargo, hemos de ser conscientes de que las historias de Génesis, si bien tomaron su forma definitiva alrededor del s. V o IV a. C, sin contar con las modificaciones posteriores a lo largo de quince siglos hasta llegar al códice de Leningrado, debieron tomar su fuente de tradiciones muchísimo más antiguas de las que no tenemos registro. De esta suerte, podemos aceptar que el autor de Génesis está reelaborando esas historias y procurando ajustarlas a un marco ideológico coherente con los intereses del tiempo que le tocó vivir. Por tanto, allí donde resulta inverosímil un acontecimiento, donde se contradicen los textos o donde aparece Dios de forma milagrosa para dar solución a los problemas, debemos sospechar una manipulación de la fuente previa, no necesariamente con mala intención, sino simplemente con el propósito de dar cohesión a historias diversas que no tenían un origen común pero pertenecían a la tradición de su pueblo, sin perder de vista en ningún caso el objetivo de fondo: ensalzar los orígenes heroicos del pueblo hebreo y el nombre de su dios.
Así pues, en el caso que nos ocupa llama la atención el hecho de que la historia se repita tres veces, dos de ellas con Abimelec. Llama la atención que el pasaje de Sara y Abimelec se produzca cuando ella tiene más de noventa años. Llama la atención que siempre se hagan pasar por hermanos, no solo Abraham y Sara, sino también Isaac y Rebeca. Llama la atención que Dios tenga que intervenir para justificar unos hechos que podrían haberse resuelto sin su ayuda con la misma conclusión, es decir, con la huida de los protagonistas colmados de riquezas. Llama la atención que recurran al amparo en tierra extraña cuando pasan hambre, descubran que las mujeres son hermosas y se hagan pasar por hermanos para que les vaya bien por causa de ellas. Llama la atención los fragmentos sacerdotales que aparentan ser una interpolación, evocando detalles religiosos que se desvían del hilo narrativo de la historia.
Supongamos pues que existió una tradición subyacente, de trama más sencilla, en la que se contaba que una pareja pasaba hambre en su tierra y se marchó a otro lugar más rico donde prosperar. Sabiendo que ella era hermosa y estéril se hicieron pasar por hermanos para propiciar una situación en la que alguien adinerado quisiera tomarla por mujer, incorporándola a su harén y correspondiendo al hermano con el pago preceptivo. Después marcharían a otro lugar. Quizá esa estrategia fuera repetida varias veces y constituyese un modo de vida, quizá fuera un simple recurso para salir de apuros económicos circunstanciales, o quizá solo sucedió una vez. Quizá también existiesen varias historias subyacentes que apuntan en esta dirección. Nunca lo sabremos, pero resulta curioso que la historia se repita tres veces, y que el texto deje una pista para sospechar que tal cosa era un hábito entre Abraham y Sara: “Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.” Para aceptar esta posibilidad interpretativa deberíamos comprobar de inicio dos extremos: que Sara no era hermana de Abraham, y lo utilizaban como engaño, y que Sara estaba dispuesta a exponerse de ese modo y participaba de forma activa en la estrategia de prostitución.
No eran hermanos.
Para interpretar que Sara no se prostituyó se suele argumentar que eran en realidad hermanos de padre, es decir, que no mentían cuando llegaban a tierra extraña con esa excusa, sino que era una verdad a medias. A continuación veremos que no es verosímil que fueran hermanos de padre, de acuerdo con el texto, lo cual, si bien no demuestra que se prostituyó, apoya la hipótesis de que utilizaban un engaño recurrente al llegar a tierra extraña, con alguna intención que analizaremos más adelante.
Sara aparece por primera vez en Gn 11 con el nombre de Sarai, como esposa de Abram, sin otro detalle sobre su origen.
Gn 11, 29:
“Y tomaron Abram y Nacor para sí mujeres; el nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Nacor, Milca, hija de Harán, padre de Milca y de Isca. Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo.”
Aquí cabe prestar atención a un matiz muy relevante. El texto no indica de dónde proviene Sarai, esposa de Abram, pero sí indica la procedencia de la esposa de Nacor, hija de Harán. Sin embargo, añade un dato del todo inesperado, era estéril. En términos narrativos, hemos de entender pues que el origen de Sara es irrelevante para la historia, pero que su condición de esterilidad será crucial en la trama. Y así resulta, pues el nacimiento milagroso de su hijo Isaac por intervención de Yahvé es el vértice sobre el que se construye la promesa divina al pueblo hebreo y el linaje de los elegidos. Si no hubiese sido estéril, la intervención de Yahvé no sería necesaria y se desvanecería la fuerza mítica del relato. Así pues, cuando el autor nos sorprende con ese dato sobre la esterilidad de manera tan poco sutil en la presentación de Sara, nos descubre cuál es su interés en la historia. Y, sin darse cuenta, sin que casi nadie se dé cuenta, desvela que el origen de Sara es irrelevante, por comparación con el contexto de Milca y por comparación con su condición de fertilidad. Este aspecto es crucial para entender algo que puede parecer obvio a estas alturas de la trama, pero que luego genera enorme controversia en el texto: el origen de Sara es desconocido e irrelevante. Hagamos un pequeño paréntesis sobre el origen de Abraham. Su padre fue Taré, y en Gn 11:26 se dice que cuando tenía setenta años engendró a Abram, Nacor y Harán, que esas fueron las generaciones de Taré y no otras, en Gn 11:27. No se nombra que tuviera otros hijos e hijas, como sí se dice de su padre Nacor en el versículo anterior, Gn 11:25, “y engendró hijos e hijas”, y como sí se dice en los capítulos precedentes acerca de otros patriarcas de los cuales no se quiere especificar más detalles sobre una descendencia que no va a intervenir en la trama. Es decir, que Taré tuvo esos tres hijos y fueron esos y no otros. Y a continuación viene el versículo que citamos al principio, Gn 11:29, en el que se presenta a Sarai como la mujer que tomó Abram y era estéril, sin mención de su origen, a diferencia de la mujer de su hermano, Milca, que sí se dice que era hija de Harán. Así, el personaje de Sara discurre por la historia sin mención de su origen hasta Gn 20. Por tanto, llegados a este punto no cabe otra deducción posible para el lector, si somos coherentes con el texto, que pensar que Sara tiene un origen desconocido e irrelevante para la historia, como sucede con otras mujeres de las cuales no se explica su ascendencia. Sin embargo, en Gn 20 el autor nos sorprende con un dato asombroso, Abraham dice en casa de Abimelec que es su hermana, hija de Taré.
Gn 20, 12:
“Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre.”
Por todo lo expuesto anteriormente, es muy difícil dar crédito a esas palabras en este punto, pues si tal cosa la tuviese prevista el autor habría indicado en Gn 11 el parentesco entre Abraham y Sara, o bien cuando define la descendencia de su padre Taré o bien cuando presenta a las mujeres de Abraham y Nacor y sus ascendientes, todo lo cual viene descrito en un manojo de cuatro versículos cuya coherencia narrativa es limpia. Deberíamos añadir aquí que en el pasaje de Egipto Abraham le pide a Sara que diga que es su hermana, y el autor no deja ninguna pista para sospechar que tal cosa sea cierta, sino que parece un engaño al que se ve llevado por las circunstancias:
Gn 12, 12-13:
“… cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya…”
La traducción es fiel al sentido del texto masorético, aunque debemos matizar que “me vaya bien” es traducción de la raíz primitiva yatáb, causar bien, entendido en el sentido figurado de causar felicidad o éxito, que en otras ocasiones se suele traducir por mejorar, colmar o prosperar, cuyo ámbito semántico creemos que está más alineado con la intención de Abraham, como tratamos de demostrar. Sea como fuere, observamos que desde la presentación de Abraham y sus ascendientes, y la presentación de Sara, hasta que Abraham le dice a Abimelec que es su hermana en realidad, no hay ninguna pista que nos haga sospechar que no está mintiendo, y tampoco la hay después. Dicho de otro modo, la ocurrencia de Abraham de decir que es su hermana no tiene apoyo en ningún otro lugar del texto por parte del narrador y sí contraviene la coherencia de la descripción de su genealogía. Por tanto, la interpretación más sencilla de esa alusión a que es su hermana es pensar que fue una excusa de Abraham para calmar a Abimelec, la cual el narrador no aclara después y propicia así que interpretemos con coherencia que ese dato no es cierto. La lectura habitual del texto desde una perspectiva religiosa no se plantea la posibilidad de que el patriarca Abraham mienta en este punto, por su condición de protagonismo espiritual en la historia, pero no tenemos ningún indicio en la historia que apoye su parentesco y sí tenemos indicios suficientes, como hemos señalado en estos párrafos, para descartarlo. Podemos añadir aquí la misma estrategia usada por Isaac y Rebeca, que se hicieron pasar por hermanos del mismo modo y con el mismo propósito ante Abimelec de nuevo, como hicieron sus padres. En este caso no hay controversia, es obvio que no eran hermanos y mentían con algún fin. Esta manera de proceder apoya por su analogía la hipótesis de que Sara y Abraham tampoco eran hermanos. En conclusión, aun conscientes de la dificultad de hacer una interpretación con seguridad plena, hemos de aceptar la posibilidad de que no eran hermanos como la más verosímil de acuerdo con el texto.
No mintieron por miedo a morir.
Habida cuenta de la dificultad para sostener que eran hermanos en realidad, en muchas ocasiones se argumenta que los protagonistas utilizaban ese discurso por miedo a morir, tal y como dice el texto. Sin embargo, si observamos con atención el relato de los tres pasajes, vemos que ese temor lo expresa Abraham en Egipto en Gn 12, y no el narrador, lo cual no es garantía de que no esté mintiendo de nuevo: “me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.” En Gerar con Abimelec, Gn 20, vuelve a ser Abraham quien lo dice, y no el narrador: “me matarán por causa de mi mujer.” Podemos utilizar los mismos argumentos que usamos acerca del parentesco de Sara para poner en duda que tal cosa sea un temor cierto, toda vez que el narrador no lo aclara para que sepamos con seguridad que Abraham no está mintiendo en ese contexto de engaños. Tenemos que llegar al tercero de los pasajes, en Gn 26, para empezar a sospechar que es posible que fuera verdad que tenían miedo de muerte, siendo aquí el narrador quien introduce la explicación: “pensando que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca”. Sin embargo, no podemos pasar por alto que en este pasaje el autor está reelaborando la historia anterior de tal suerte que los matices religiosos queden enfatizados para que resulte más obvia para el lector la doctrina que se quiere transmitir. Así, todo el pasaje tiene un aroma de repetición forzada de los mismos hechos, en la que resulte más claro que Abimelec no toma a la mujer porque está advertido por Dios de ese pecado, y que mintieron por miedo a morir, no por doblez, lo cual sería una actitud indigna del patriarca. El hecho de que se reelabore la trama por tercera vez apoya la idea de que el autor tenía necesidad de hacerlo para transmitir su mensaje con mayor claridad, pues los dos primeros con Abraham propician lecturas incómodas para su doctrina. Sea como fuere, el argumento más poderoso acerca de que no tenía caso temer por su muerte lo expone el propio texto de los tres pasajes con su conclusión. Es decir, no había de qué temer, pues la causa de su temor se demuestra infundada a la luz de las conclusiones. En los tres pasajes, tanto Faraón como Abimelec descubren que no son hermanos, sino pareja, y en ninguno de los tres casos toman la resolución de matar al varón para quedarse con la mujer, como sería predecible si fuera cierto el temor que tenían. Si damos por buena la hipótesis de que era muy probable que en ese contexto el poderoso matase al marido para quedarse con su mujer, resulta del todo inverosímil que después de descubrir el engaño, y una vez la mujer ya ha entrado a formar parte del harén del poderoso, este no mate al marido con más razón si cabe para mantener su propósito. Así pues, la interpretación más sencilla y coherente con los hechos de los tres pasajes es pensar que el autor pone en boca de los personajes una razón noble que justifique la mentira, el miedo a la muerte, pasando por alto que los hechos contradicen que ese temor sea verosímil. Cabe sospechar por tanto que la intención del autor es introducir una interpolación que disimule un hecho controvertido que contaba la fuente tradicional: los protagonistas fingieron que eran hermanos en tierra extraña con algún interés. La aparición de Dios para evitar la ejecución del varón no nos parece un argumento válido para descartar nuestra hipótesis, ya que ha de ser por fuerza una interpolación del autor. De acuerdo con el criterio de dificultad, si el autor hubiese construido por completo la historia que pretende transmitirnos habría evitado cualquier detalle que nos hiciera sospechar de la doblez de los protagonistas y de sus engaños. El poderoso podría haber pretendido a la mujer del patriarca, podría haber intentado matarlo para quedarse con ella y podría haber intervenido Dios para evitarlo, castigándole por su pecado, transmitiendo así al lector una doctrina limpia e incontrovertible: los poderosos acostumbraban a arrebatarle las mujeres hermosas a los pobres, y Dios intervino en el caso de Abraham y de Isaac para no permitirlo, castigando a Faraón y a Abimelec por causa de su maldad. Pero no es ese el relato que nos ha llegado, sino otro en el que aparece un engaño con aparente doblez que dificulta una interpretación espiritual limpia. Así pues, aun conscientes de que este argumento no prueba la prostitución de Sara, apoya la hipótesis de que en la historia subyacente se hacían pasar por hermanos en tierra extraña con algún interés, y no por miedo a morir.
Sara tenía autoridad.
Para que la estrategia de prostituir a Sara funcionase, Sara tenía que estar de acuerdo con el plan y participar activamente en él, pues tenía que seducir al poderoso, o al menos exponerse y dejarse querer por él para conseguir riquezas, y después tomar la iniciativa para huir con su marido. De otro modo cuesta creer que alguien pudiera tomarla por mujer y ofrecer riquezas a cambio, y sobre todo es inverosímil que finalmente ella escape de ese entorno para volver con su marido y abandonar el lugar. No podemos imaginar que los príncipes de Egipto alaben la belleza de una pobre extranjera si esta se comporta de forma discreta. Debemos intuir que esa hipótesis requiere cierta iniciativa de Sara. Ahora bien, con frecuencia se argumenta que Sara no tenía capacidad de opinar delante de su marido Abraham, o al menos no tenía fuerza para imponer su criterio, habida cuenta de que la mujer en ese contexto social era una propiedad del hombre, útil solamente en la medida en que podía dar hijos y cuidarlos, poco más importante que el ganado. En cuyo caso, Sara participaría en los hechos de forma pasiva. Si bien esto es cierto en general, podemos observar que el caso de Sara es excepcional y sí goza de cierta autoridad. La etimología de su nombre no deja lugar a dudas: sarái significa dominante, derivado de la raíz sar, que significa personaje jefe, y suele traducirse por grande, maestro, comandante, principal, gobernador…. Sar deriva a su vez de la raíz primitiva sarár, que significa algo así como tener dominio, y suele traducirse por dominar, autoridad, presidir… Cuando Dios le cambia el nombre no cambia el concepto, pasará a llamarse Sara, que significa dama o mujer noble, derivado de la misma raíz. Como sabemos, es frecuente en la Biblia hebrea que los nombres encajen con cualidades del personaje al que representan o con una anécdota relevante relacionada con su nacimiento, y así queda explícito muchas veces en el texto. Alrededor de esta historia de Abraham y Sara, para no irnos más lejos, podemos observar el ejemplo de Abraham, “será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes”, cuya raíz significa precisamente padre de multitud. O también el ejemplo de su hijo, “llamarás su nombre Ismael, porque Yahvé ha oído tu aflicción”, cuyo nombre significa Dios oirá. Así, aunque no se nos diga expresamente, debemos sospechar que el nombre de Sarai primero y Sara después no es una mera coincidencia, sino que está relacionado con su cualidad de dama principal y dominante, ya que acerca de su nacimiento no sabemos nada. Tal vez la referencia expresa a esta cualidad de poder de Sara se haya disimulado voluntariamente en el texto que nos ha llegado, quizá para dejar esa sensación generalizada de que la mujer no tiene una opinión relevante en esa sociedad, pero en cualquier caso hemos de sospechar que tal condición de poder en Sara debía existir en la fuente de la que bebe el relato. Para confirmarlo, debería bastar con la actitud autoritaria que demuestra Sara en otros pasajes.
Gn 16, 5:
“Entonces Sarai dijo a Abram: Mi afrenta sea sobre ti; yo te di mi sierva por mujer, y viéndose encinta, me mira con desprecio; juzgue Jehová entre tú y yo.”
En esta ocasión la traducción del texto masorético no es fácil. “Afrenta” debe entenderse en el sentido de violencia, injuria, injusticia, y parece que es ella quien la sufre y no que sea esgrimida sobre él. Por otra parte “me mira con desprecio” es traducción de “despreciada en sus ojos”, lo cual mantiene el sentido de lo que se quiere transmitir, aunque la raíz áyin, con el significado de ojo, se traduce en otros lugares como crimen, desagradar, iniquidad, lo cual nos hace pensar en un ámbito semántico con matices relacionados con la injusticia por la que protesta Sara. Sea como fuere, vemos que aquí Sara demuestra tres matices interesantes de su autoridad: tiene poder para hablarle de ese modo a Abraham, sin que este la reprenda por ello, tiene poder para disponer de una sierva y entregársela a su marido para que tenga sexo con ella, y tiene poder para invocar al Dios de Abraham para que le juzgue y dicte sentencia. En el versículo siguiente observamos que Abraham, sumiso, acepta ese reproche de Sara, agacha la cabeza y le devuelve a su sierva para que haga con ella “lo que bien le parezca”. Sara aflige entonces a la sierva hasta que esta decide marcharse. Podemos deducir por tanto que Sara tiene, cuanto menos, cierta autoridad. También podemos observar esta cualidad en un caso diferente, en Gn 18, cuando Dios le promete un hijo en su vejez. Recordemos que Sara se ríe de él, y Yahvé la reprende por reírse: “no me reí”, “no es así, sino que te has reído.” Aquí no solamente tiene la capacidad de reírse del poder del Dios de Abraham, sino que lo hace en su misma presencia y sin que este tome ninguna represalia para castigarla. Recordemos que por mucho menos Yahvé es capaz de arrasar con ciudades enteras. Para no ser demasiado prolijo, demos un último ejemplo que me parece muy contundente. En Gn 21 Sara le ordena a Abraham que expulse a su primogénito de casa, con su madre, “Echa a esta sierva y a su hijo”, y el texto subraya que tal cosa “pareció grave en gran manera a Abraham”. Sin embargo, Abraham acepta y los pone en la puerta con pan y agua para que se marchen errabundos por el desierto, en una escena cuya crueldad encoge el alma. Así pues, y en resumen, podemos concluir que, si bien la mujer no tiene por lo general mucha importancia en la sociedad que nos describe la Biblia hebrea, el caso de Sara demuestra que algunas mujeres, por algún motivo, sí tienen opinión y su autoridad es capaz de influir en el desarrollo de los acontecimientos. Si bien esto no concluye nada por sí solo, sí es un argumento más que posibilita la verosimilitud de nuestra hipótesis: Sara tenía arrestos e iniciativa como para que esa estrategia de prostitución pudiese funcionar.
Sara queda expuesta para que la tomen.
Hasta aquí hemos apuntalado los argumentos que favorecen el contexto para que Sara se prostituyera. Cabría justificar ahora si tenemos indicios textuales de que se expuso para que la tomasen. El pasaje de Egipto nos parece evidente: “cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él.” Hemos de suponer que los príncipes de Faraón y el propio Faraón tenían mujeres en abundancia y de la mejor clase. Sería ingenuo pensar que Sara anduvo discreta por Egipto y aun así su deslumbrante belleza hizo que los príncipes y el Faraón la viesen y la alabasen. Resulta evidente que Sara, extranjera y pobre, debió exponer sus encantos femeninos con el fin de seducir y agradar a los principales de Egipto o de otro modo no se justifica lo que dice el texto. Por si hubiera dudas, Faraón lo deja explícito más adelante: “¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer?” Aquí vemos confluir el engaño de hacerse pasar por hermanos con la exposición sexual de Sara. De las palabras de Faraón parece deducirse de forma plausible que Sara se expuso para ser tomada como mujer, es decir, se expuso sexualmente, y que el engaño de que fuesen hermanos no era un simple disimulo, sino una estrategia para ofrecerla a Faraón con la autoridad que un hermano debía tener en ese contexto. Podemos añadir un matiz más del texto masorético que no suaviza el texto como la hace nuestra traducción. En Reina-Valera se dice “poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer”, dejando en el lector ingenuo la sensación de que quizá no la tomó. Pero el texto masorético es más sencillo: “¿por qué dijiste ella mi hermana y la tomé para mí para mujer?” En definitiva, si bien este punto no es concluyente, nos parece que hay que hacer un gran esfuerzo de ingenuidad para sostener que Sara, pobre y errante, fue discreta y disimulada, Abraham no se la ofreció a Faraón y aun así este se encaprichó de ella y quiso tomarla.
El pasaje de Abimelec es si cabe más contundente: “Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.” En este caso la traducción es fiel al hebreo, la tomó. Una lectura desapasionada de ese versículo nos obliga a deducir lo evidente: Abraham ofrece Sara para que Abimelec la tome, diciendo que es su hermana. La copulativa de la segunda oración invita a pensar en una consecuencia de la frase anterior, tanto en español como en hebreo: dijo que era su hermana “y” en consecuencia Abimelec envió para tomarla. No sería una consecuencia lógica salvo que Abraham la ofreciese para ser tomada, con la potestad que debía tener un hermano en ausencia del padre. Y no hay más detalles en el texto que suavicen esos hechos ni induzcan a pensar otra cosa. Más adelante, el discurso de Abimelec confirma sin lugar a dudas que Abraham obró de esta manera ofreciéndola para ser tomada sexualmente, con tres frases muy contundentes: “¿Qué nos has hecho?”, “Lo que no debiste hacer has hecho conmigo”, “¿Qué pensabas, para que hicieses esto?” Hay que hacer nuevamente un gran esfuerzo de ingenuidad intelectual para argumentar que Abimelec tomó a Sara sin que Abraham la ofreciese, toda vez que el autor deja constancia con estas tres frases que Abimelec culpa a Abraham de haberle inducido a hacer algo que no debía. Sabemos que el texto intercala aquí las excusas de Abraham diciendo que fue por miedo a morir y porque en realidad es su hermana, pero ya hemos dejado claro más arriba que tales interpolaciones no sostienen la coherencia del relato, ni había motivos para temer, ni eran hermanos. De hecho, huella de que es una interpolación es la alusión a Dios que hace Abraham para justificar su engaño: “dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar”. El deux ex machina no puede servir de argumento literario satisfactorio.
En el pasaje de Isaac el texto no es tan controvertido, pues, como hemos explicado antes, se trata de una reelaboración más alineada con las intenciones doctrinales del autor, pero aun así deja un detalle sin pulir que redunda de nuevo en el hecho de que la mujer queda expuesta sexualmente para que cualquiera pudiera acostarse con ella: “¿Por qué nos has hecho esto? Por poco hubiera dormido alguno del pueblo con tu mujer”. Una vez más, vemos cómo el texto deja constancia expresa de que se le recrimina al protagonista, en este caso Isaac, por haber favorecido una situación en la que su mujer quedase expuesta sexualmente.
En definitiva, aun no siendo concluyentes todavía nuestras hipótesis acerca de la prostitución de Sara, observamos que la posibilidad de que se expusiera sexualemente, tanto por iniciativa de Abraham como por su propia actitud, son verosímiles de acuerdo con el texto.
Sara es tomada sexualmente dos veces.
Llegados a este punto incómodo de la lectura tradicional de la historia de Sara, en ocasiones se argumenta que no hubo prostitución pues no se terminó de consumar el acto sexual. Como hemos explicado más arriba, esto no es suficiente para descartar la prostitución. Basta con que Abraham la ofrezca sexualmente y ella se exponga a ser tomada para que consideremos la posibilidad. Si los argumentos anteriores no han sido suficientes para sostener sin dudas esa idea, el hecho de que Sara fuera finalmente tomada les otorga mucha más fuerza. Recordemos que en el pasaje de Egipto, “fue llevada la mujer a casa de Faraón. E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos. Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai.” No cabe otra lectura coherente con el texto que la de interpretar que Sara termina formando parte del harén de Faraón, en eso consiste ser llevada a su casa, y que Abraham recibe en contrapartida un pago de animales y siervos. Recordemos también que el texto masorético dice “la tomé para mí para mujer”. No se puede soslayar que Abraham acepta ese pago y no aparece en el texto ningún remilgo por ello, ningún detalle en el que apoyarnos para pensar que Abraham y Sara no estaban de acuerdo con ello. El autor recalca que Faraón recibió el castigo divino, evidenciando así que había motivos para castigarle, es decir, que había tomado a la mujer del patriarca, con todo el pecado que tal cosa comporta. No podemos sostener otra posibilidad, y el criterio de dificultad apoya una vez más que ese hecho subyace en la narración del Génesis, por más que el autor se esfuerce en suavizar el valor que tiene en la historia.
El pasaje de Sara y Abimelec es muy similar en este aspecto: “Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.” Por este motivo recibió su pueblo el castigo divino de haber cerrado la matriz de su pueblo, y no fue hasta que se arrepintió y Abraham oró por Abimelec que Jehová alivió al pueblo de su dolor. Resulta evidente lo que significa que un rey tome a una mujer, resulta concluyente que Abraham reciba los reproches del rey por engañarle y exponerle al pecado de tomar a la mujer del patriarca, y resulta definitivo que reciba el castigo divino por haberla tomado. El texto es claro respecto a los hechos, y la interpolación deus ex machina de la aparición de Dios en sueños para amonestar a Abimelec no puede desviar nuestra atención de la historia subyacente que el autor intenta disimular. En todo caso, aunque fuera cierto que en la tradición en la que se inspira el texto aparecía Dios en sueños para amonestar a Abimelec y quedase expreso que no hubo sexo explícito, sino que detubo la mano de Abimelec antes de que la tocara, tal cosa no invalidaría nuestra tesis: Abraham ofrece a Sara en su condición de hermano para que Abimelec la tome sexualmente como mujer, aun cuando tal vez Abimelec no llegase a consumar el acto sexual con ella porque Dios intervino para evitarlo.
Sea como fuere, hay un un hecho que no podemos pasar por alto en ambos pasajes, y que debe advertirnos de la posibilidad de que Sara sí tuvo sexo con Faraon y con Abimelec en la fuente tradicional, por más que el autor interpole apariciones divinas para disuadirnos de tal pensamiento: en ambos casos reciben riquezas en compensación y cae el castigo divino. Podemos hacer un ejercicio de ingenuidad nuevamente y pensar que las riquezas las entregan los poderosos no a cambio de los servicios sexuales de Sara sino en penitencia de un pecado que nunca terminaron de cometer. Pero ni el mayor de los esfuerzos de fe puede justificar que cayese el castigo divino sin que hubiese un pecado que castigar, en ambos pasajes. De hecho, la tercera reelaboración de la historia, en el pasaje de Isaac, es más clara a la hora de hacer explícito que no hubo pecado, y en consecuencia no hay castigo divino. Recordemos que en ella el autor aclara que Abimelec, ahora ya advertido por Dios del peligro de tomar a las mujeres de los patriarcas de Jehová, recrimina a Isaac por engañarle y exponer a su mujer para que se acostasen con ella, y antes de que tal cosa suceda advierte al pueblo de un peligro de muerte si tocan a Rebeca. Así, aclarando el autor que en este tercer pasaje no llegó a haber sexo y por tanto no llegó a caer el castigo divino, quizá sin darse cuenta refuerza el argumento de que en los dos casos anteriores, en los que sí hubo castigo de Dios, el pecado terminó consumándose.
La fuerza de los pagos en compensación.
El primer atisbo acerca de la prostitución que llama la atención al lector desapasionado aparece en Gn 12, 13: “di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya”. ¿Por qué habría de irle bien a Abraham por causa de Sara si ella dice que es su hermana? Como explicamos más arriba, deberíamos leer de acuerdo con el texto masorético “para que me causen bien, prosperidad, colmo, mejoría, por causa tuya”. No encontramos el modo de desoír el mensaje subyacente: que se exponga para ser tomada sexualmente y así en contrapartida él reciba un pago. Más adelante se confirma que la estrategia funciona: “E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.” ¿Qué tipo de servicios podría haberle proporcionado Sara a Faraón para que este le diese a su hermano esas riquezas en compensación?
El pasaje de Abimelec resulta menos obvio pues el autor se esfuerza en reelaborar la historia intercalando recursos de fe y apariciones divinas para que el pago compensatorio no parezca tan evidente. Pero recordemos los pagos: “Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham”, “he dado mil monedas de plata a tu hermano”. El autor nos quiere transmitir que Abimelec obedece las instrucciones que Dios le da cuando se le aparece en sueños, y sugiere la idea de que esos pagos no son recibidos por Abraham en compensación por haberle entregado a su mujer, sino en arrepentimiento por el pecado que estaba a punto de cometer. Sin embargo, Dios no le ordena ningún pago compensatorio, solamente le pide que le devuelva su mujer a Abraham y que entonces este orará por Abimelec. La oración de Abraham no será en vano, pues es necesaria para que a causa de ella Dios levante el castigo con el que azotaba al pueblo del rey. Así, parece que estas interpolaciones de fe no son coherentes con la trama del relato. Habría sido más sencillo que Dios le pidiera a Abimelec arrepentimiento y oración a cambio de liberar a su pueblo del castigo que le había impuesto, con la condición de devolver a Sara a su dueño. El pago de ganado, siervos y monedas no se justifica en el texto por intervención divina, sino de motu propio, y deja a la buena fe del lector creer que Dios se le presentó en sueños a Abimelec y este se arrepintió de todo cuanto hizo, aunque en realidad no hizo nada, y recompensó a Abraham para que Dios le aliviase del castigo divino, aunque en realidad no había motivos para recompensar a uno ni castigar al otro, y creer que los pagos se efectuaron de forma graciosa y no en compensación por haber tomado a Sara, pues aunque la había tomado no había llegado tener sexo con ella todavía y no había por qué pagar nada a cambio.
El tercero de los pasajes no sirve para concluir un pago compensatorio por la entrega de Rebeca, pues el texto dice claramente que nadie llega a tomarla, aunque había quedado expuesta para que cualquiera la tomase. Sin embargo, resulta sospechoso cómo continúa el pasaje en Gn 26:13 diciendo que “El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.” Si aceptamos la hipótesis de que este tercer relato es una nueva reelaboración de los anteriores, esa huella que alude al enriquecimiento de Isaac y a que fue prosperado podría ser un vestigio de los pagos compensatorios que parecen subyacer en la fuente tradicional.
Sea como fuere, la existencia en el texto de tales pagos refuerza la tesis de que fueron una exigencia razonable en compensación por la transacción de Sara.
La fuerza de la huida.
En línea con lo anterior, en los tres pasajes los protagonistas acuden a tierra extraña y salen de allí prosperados. Queda en el texto un aroma evidente de que acuden por causa de su pobreza, y no por capricho, y es en ese contexto cuando al parecer se recurre a esa vieja estrategia de ofrecer servicios sexuales para salir adelante. Después los personajes se alejan de esas tierras donde encontraron prosperidad porque el mandato divino así lo aconsejó. Podemos observar que el autor se esfuerza en argumentar que los personajes se marchan porque el poderoso les invita a irse, o bien escarmentado por Dios como Faraón, o bien advertido por Dios como Abimelec. Por otra parte, la devolución de Sara a su legítimo marido queda en ambos casos forzada por la intervención divina. Y por otra, los personajes no vuelven a interactuar con esos territorios en la historia, motivados principalmente porque Dios les induce a caminar por otras tierras. Así pues, podemos descartar todos los argumentos anteriores que apoyan la tesis de la prostitución de Sara, y conformarnos con la creencia de que Dios media oportunamente en cada momento para que los sucesos coincidan con los intereses religiosos del autor, o bien dejar viva la posibilidad de la prostitución y estimar que los personajes rematan la estrategia con su huida. De acuerdo con esta lectura, los personajes acuden a tierra extraña haciéndose pasar por hermanos en un momento de necesidad, con el fin de ofrecer a la mujer y recibir una compensación económica, y huyen tan pronto como reciben el pago. La huida no es un argumento de fuerza por sí solo para justificar la posibilidad de la prostitución, pero sí ayuda a encajar el relato en un marco de verosimilitud. De otro modo, la oferta de la prostitución no podría funcionar completamente, pues Abraham perdería a Sara a la primera de cambio, una vez entra a formar parte del Harén de Faraón. Es necesario que Sara tenga la iniciativa de volver con Abraham y huir de Egipto para que las aventuras de los protagonistas prosigan en otro lugar. Aquí el aspecto de la esterilidad podría tener la misma importancia, pues en caso contrario podría resultar muy inoportuno un embarazo indeseado de cualquiera que no fuese Abraham. En todo caso, no tenemos argumentos en el texto para afirmar que ese detalle participa en la estrategia, por más que resulte verosímil. La única explicación que el texto aporta para justificar que los hechos no sucedieron motivados por el engaño y con resultado de huida, en los tres casos, es la intervención de Dios. Sin embargo, nos parece una prueba insuficiente para descartar que en la historia subyacente había engaño y prostitución, toda vez que sabemos de la interpolación del autor en el texto que nos ha llegado y los intereses que movían su trabajo literario.
La discusión de la paternidad de Isaac.
Si bien preferimos no introducir matices ajenos a la literatura en este trabajo, no podemos olvidar la discusión acerca de la paternidad de Isaac. Es decir, este ensayo se fundamenta exclusivamente en una interpretación literaria de los textos, sus tramas, su hilo narrativo, la verosimilitud de las historias, los recursos retóricos del autor, etc. Preferimos no atender a cuestiones históricas, arqueológicas o culturales, y mucho menos religiosas. No porque tales consideraciones no sean de la mayor relevancia para entender plenamente el texto que nos ocupa, y máxime con la intención que motiva su redacción, sino porque tales aproximaciones están muy bien dirigidas por estudiosos mucho más capaces que nosotros en tales materias, y porque consideramos que el acercamiento puramente literario no siempre se utiliza en la exégesis bíblica con el valor que puede tener. Sin embargo, como decíamos, no podemos olvidar la discusión acerca de la paternidad de Isaac. Si bien el texto es explícito en Gn 20 acerca de que Abimelec no llegó a tocar a Sara porque Dios se le apareció en sueños y evitó que así sucediera, el versículo que sigue a ese pasaje tan controvertido no es otro que el embarazo milagroso de Sara. Gn 21, 1: “Visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado.” No ya la proximidad, sino la yuxtaposición de una cosa con la otra resultan sorprendentes: Dios se le aparece a Abimelec, le advierte del pecado, este obsequia a Abraham y le devuelve a la esposa, Abraham ora por él, Dios alivia al rey de su castigo y Sara queda embarazada milagrosamente. Más allá de la coincidencia de los dos hechos por cercanía de los textos no encontramos ningún argumento literario para sostener que Abimelec es el padre de Isaac. Pero no podemos descartarlo, y tal cosa ha sido fuente de controversia incluso dentro de círculos judíos. No profundizaremos en ello para no entrar en terrenos que se alejan de nuestra ambición literaria, pero baste con recordar la existencia de esta discusión para aludir a que no somos los únicos que desconfiamos de la lectura que el autor nos pretende transmitir.
La reiteración del engaño.
Dijimos al principio que no sabemos si la estrategia que utilizaron Sara y Abraham fue un caso aislado, un modo de vida, un hábito o un recurso de emergencia por el hambre. Con independencia de si tal estrategia fue para prostituirla o para cualquier otra cosa que la fe nos permita aceptar, no sabemos si tal estrategia de acudir a tierra extraña y hacerse pasar por hermanos con alguna intención era algo habitual en ellos. Sin embargo, de ser habitual sería más fácil concluir la tesis de la prostitución, pues un caso aislado es más fácil de disimular, pero una actitud recurrente dejaría demasiadas huellas en la historia y haría muy difícil que el autor consiguiera esconderlas todas. A nuestro juicio, el hecho de que la historia se repita tres veces es un síntoma de que había un hábito, aunque no es concluyente. Pero hay un fragmento explícito que apoya esa idea, en el pasaje con Abimelec: “yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.” En todos los lugares adonde lleguemos deja entrever una condición de viajeros itinerantes que se confirma en el resto del relato de Abraham, constatando que debieron llegar a muchos lugares como extranjeros a lo largo de su vida. Que en todos ellos diga que es su hermano solo lo podemos interpretar como una confirmación de que tal cosa era un hábito, o, mejor dicho, que era la estrategia acordada al llegar a cada nuevo lugar donde aún no les conocieran. Si nuestras hipótesis son ciertas y en la historia subyacente utilizaron este engaño para prostituir a Sara y huir con riquezas, esta cita pondría en evidencia que tal recurso era un modo de vida habitual, que al menos utilizaron durante cierto tiempo por causa de su pobreza.
La incoherencia del texto.
No es necesario repasar todas las incoherencias literarias que tiene el texto que nos ha llegado para recordar ese aroma de que el argumento narrativo no es verosímil. Por más que el autor se esfuerce en soslayar que Sara no es hermana de Abraham, tiene iniciativa para actuar, seduce a los poderosos, queda expuesta para que la tomen sexualmente, la toman, reciben pagos a cambio, Dios castiga el pecado de tomarla y huyen con riquezas, aunque se esfuerce, decimos, en suavizar esa aparente trama que subyace en la historia con interpolaciones milagrosas carentes de coherencia narrativa, no consigue evitar que podamos intuir su existencia. Y aunque las incoherencias de este tipo no son suficientes para justificar nuestra tesis, sí apoyan la idea de que el texto fue manipulado y refundido sin la pericia suficiente para que no se note. Cuando las incoherencias son demasiado grandes, la interpolación resulta demasiado evidente. A nuestro juicio, el trabajo literario del autor en el pasaje de Abimelec es muy pobre y, olvidando la historia previa de Sara, nos ofrece un escenario imposible de creer. El hecho que el autor no recuerda es que se dijo en Gn 17:17 que Sara tenía noventa años, y esto sucede después. No es creíble, ni siquiera para el autor, que en tal circunstancia el rey Abimelec tome a Sara por mujer. Este desliz literario no demuestra la prostitución, pero refuerza la idea de que el autor está manipulando con torpeza una historia más antigua, reelaborando tres veces una trama que le resulta incómoda, para aclarar el dogma del pecado que subyace al tomar sexualmente la mujer de un patriarca de Yahvé.
Conclusión.
No podemos concluir que Sara se prostituyese en la historia que subyace al texto que nos ha llegado de Génesis, ni podemos concluir que exista esa historia tradicional más antigua, ni siquiera que el autor se inspire en ella para elaborar su relato, ni tampoco que el texto se haya manipulado antes de llegar a la versión masorética del códice de Leningrado. Tampoco podemos concluir lo contrario. Solo podemos intuir posibilidades interpretativas. Desde nuestro punto de vista intuimos lo siguiente. Es muy probable que el texto masorético no sea fiel al texto original de Génesis, y mucho más probable que ese texto se inspire en una fuente tradicional más antigua. El texto deja indicios para argumentar con cierta solidez que en esa fuente los protagonistas utilizaban en tierra extraña una estrategia de engaño de forma habitual, por la cual se hacían pasar por hermanos con el fin de exponer a Sara sexualmente para que fuera tomada por alguien adinerado y recibir así un pago en compensación, aprovechando su enorme belleza y tal vez su esterilidad. Hemos puesto sobre la mesa argumentos para deducir que Sara no era hermana de Abraham y que tenía iniciativa y autoridad como para colaborar en la estrategia. Del mismo modo, hay evidencias textuales que hacen sospechar que fue tomada sexualmente, Abraham recibió el pago compensatorio y huyeron enriquecidos a otro lugar. Creemos haber aportado argumentos suficientes para demostrar el interés del autor por encajar esa historia dentro de su marco narrativo, disimulando el engaño y la prostitución a través de la intervención oportuna de Dios en diferentes situaciones, reelaborando tres veces la historia para suavizar las posibles interpretaciones que contravienen la doctrina que quería transmitir. Y en definitiva creemos que el criterio literario de dificultad hace más verosímil la historia subyacente de la prostitución que la historia interpolada de la intervención divina, toda vez que habría sido más cómodo para los intereses del autor eliminar los pasajes controvertidos, o inventar otros alternativos más alineados con sus ideas, que dejarlos vivos y reelaborarlos con tanto esfuerzo para construir una historia apropiada para sus lectores. La existencia de tales vestigios es siempre síntoma de que no pudieron ser completamente eliminados sin destruir la historia original.
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…a decir verdad, el texto merece una atención que en este primer intento no estuvo a mi alcance. El temor de abandonar sin volver a donde dejé la lectura me descorazona. No obstante, me hice una idea más o menos clara del asunto en tu cuenta YouTube… Si no hay modo de confirmar la fraternidad es un modo de admitir que mintieron deliberadamente. Siempre se nos ha insistido lo reñido que la verdad se encuentra con la mentira pero, al parecer, eso es un anacronismo en el caso de aquellos personajes, por muy estéril que fueran las chicas…
…en fin! Lo que no entiendo es por qué salen recompensados con riquezas luego de descubierta la farsa!
Si en el relato subyacente hubo prostitución, entonces debieron recibir las riquezas en el momento de la entrega de la mujer, y después de un tiempo escaparon. Si atendemos a la intención sacerdotal del relato en su versión definitiva, entregaron las riquezas por temor a Yahvé.
…existía la figura de la prostituta por aquellos tiempos tal como la conocemos ahora?
Yo diría que sí, aproximadamente, pues Tamar se hace pasar por ramera para acostarse con Judá, y este accede a cambio de un pago.
…wao! Había una suerte de autogestión; sin chulos, vamos! Parece que la fuerza erógena es muy superior a la gravitatoria… y todo fluyendo por la sangre!