La Ninja

Es difícil digerir la nostalgia de la despedida. Más aún cuando el adiós es doloroso y para siempre. Quizá ayude la emoción de la sorpresa, la ilusión. Tal vez no haya otro modo de tragarlo: la pérdida de un amor, envuelta en otro nuevo y mejorado. En raras ocasiones se encuentran ambos sentimientos a la vez.

Una botella queda en mi bodega de Ninja de las Uvas 2017. Un vino inolvidable que se va para no volver. Lo era, era mercenario, asesino, listo, incisivo e iconoclasta. Guerrero como un samurai, pero diestro en otras artes, en la sutileza, en la discreción. Te hechizaba con sus perfumes envenenados, se iba escurriendo ligeramente por la garganta, engañándote… y cuando te dabas cuenta te había hundido el sable hasta el alma con sus encantos, dejándote una cicatriz incurable en la memoria. Dicen que era un vino natural. ¡Qué va! Era un hechicero sobrenatural. Me dan ganas de llorar cuando pienso que nunca volverá al combate.

Noventainueve botellas hay en mi bodega de Ninja de las Uvas 2018. Parece la edad de alguien demasiado mayor, que se irá agotando poco a poco, cumpliendo años al revés hasta no quedar nada. No veo rastro de aquel shinobi de 2017, como si lo hubiera parido otra madre tierra en otro planeta. Ningún ninjato para hendirte las tripas, ninguna granada de magnesio para explotarte en la boca, ninguna shuriken para cortarte la nariz desde lejos antes de adivinar por dónde te mataba. Es, en cambio, una kunoichi. Abandona el aspecto mortal del ninja ataviado de negro a cambio de las transparencias, la elegancia de las sedas de rosa y púrpura. Es sutil aun más si cabe y ligero como la pelusa de las bayas rojas. Su delicado aroma es antídoto y no veneno para curar las heridas que están por nacer, lotos y peonías tiernas, abanicos de guerra afilados para dormirte con su aleteo, flautas de monjes zen. Su mejor arma está en la lengua, dulce como la sangre de cereza, vibrante e intensa, sin disfraces de serpiente, reina desnuda de la seducción: beso de geisha, de esos que no se acaban nunca, esos que ya no pueden enamorarte más.

Llevo como puedo el peso de las lágrimas por el ninja que conocí. A la vez río embelesado como un niño por la ninja que tengo en la copa. Lo confieso, me ha engañado con su magia. Vuelvo a estar muerto.

*Foto del autor.

1 comentario en “La Ninja

  1. Natividad de Pinto Torrejon 26 septiembre, 2019 — 12:14 pm

    Comentario q te hace vibrar de deseo.
    Deseo de meter tú nariz en un ámbar perfecto,para embriagarte.
    🤜 🤛 👌

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