Degeneración política

Qué tiempos aquellos en los que yo nací, en 1977, cuando todos hacían piña para dar a luz un futuro mejor. Cada uno con sus miserias y sus luces, perdonándose la vida y mirando para adelante. Parieron los Pactos de la Moncloa entre A. Suárez, Calvo-Sotelo, S. Carrillo, M. Fraga, Tierno Galván, F. González, J. Triginer, J. Raventós, J. Ajuriaguerra y M. Roca. Con lo cretinos que llegan a ser los políticos, lees esos nombres ahora y te parecen hasta ilustres, habida cuenta de lo que se ha degenerado la cosa hasta meter los belfos en el barro.

En 1981 llegó el pacto de las autonomías entre Calvo-Sotelo y F. González. Se conoce que el susto del 23-F los puso a todos en solfa y con ganas de bajarse los pantalones para limpiarse sus mierdas. Visos había ya de cuesta abajo. Bienvenidos sean mis epígonos, pues mejoran el original y de ellos serán mis defectos, debieron pensar.

En 1993 F. González, J. Pujol y X. Arrzalluz se pusieron de acuerdo para que el PSOE siguiera corrompiéndose pero les dejara a ellos una parte del pastel. El estado de las autonomías empezaba a dar sus frutos y los nacionalistas vascos y catalanes querían cosechar.

Pujol le ganó la mano a todos y en 1996 ya estaba con Aznar firmando papeles en el Majestic y recibiendo compentencias. Acuerdo, pacto, chantaje, extorsión, eso ya depende del cristal. No es trivial conocer que PNV y Coalición Canaria también le rascaron la billetera al PP antes de darle sus nueve y necesarios escaños.

En 2004 Zapatero, como los saltadores con pértiga, se propuso elevar el récord y hacer una ensalada multicolor a golpe de talonario. Nada de coaliciones, para qué. Las sillas de ERC, Izquierda Unida, Coalición Canaria, BNG y Chunta Aragonesista se podían comprar con dinero a tocateja, prebendas y competencias regionales, que es lo que cuenta.

Mariano, con su inconfundible estilo de no haber roto nunca un plato, ni haberlo lavado, ni haberlo visto, en 2016 se dejó querer por Rivera y por un sector del PSOE que ya no sabía si cortarse las venas o dejárselas largas. Demasiada corrupción tenía encima como para preocuparse de otra cosa. Así le lucieron las canas hasta que le explotó en la boca el follón de Cataluña mientras los vascos se partían de risa. Haber elegido susto.

Tres legislaturas en tres años y vamos a por la cuarta. Recientemente, Sánchez e Iglesias han acordado coalición, lo cual es nuevo, aunque a falta venderse a las autonomías. Me despierto hoy sabiendo que Adriana Lastra y Gabriel Rufián estaban hablando ayer de negocios. Sí, sí, la convivencia de los ciudadanos dependía de esos dos. No han sacado nada en claro. No me extraña.

El caso es que echo la vista atrás y descubro que el contraste de los nombres de ahora con los de 1977 es espeluznante. Hemos caído de Tierno Galván a Adriana Lastra sin darnos cuenta. Muy mal lo hemos tenido que hacer para que en lugar de estadistas y hombres de estado tengamos el parlamento sembrado de burócratas de un tallaje ético ridículo, por no hablar de sus luces y sus letras. Nos vamos por el barranco, me dice mi hijo. Catorce años tiene.

Queda por ver si los revolucionarios de izquierda se reparten la tarta con los nacionalistas de poca monta o si el miedo de PSOE y PP juntos puede más. Sospecho que ver la muerte súbita desde otro país sería lo más recomendable para mi tensión.

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