Las meditaciones del emperador

*Publicado en InformaValencia.

Todos tenemos meditaciones, pero pocas merecen ser atendidas. Las de los sabios quizá. Las de aquellos sabios que ocuparon un lugar relevante tal vez sean incluso interesantes. Las del sabio que dominó el mundo son, en cambio, imprescindibles.

Emperador César Marco Aurelio Antonino Augusto. Ese abigarrado nombre al que ya no le cabía más pompa gobernó todo el Mediterráneo, desde las Columnas de Hércules hasta Jerusalén, desde Cartago hasta Britania, entre 161 y 180 d.c. Si bien no fue el mayor imperio de la humanidad, sí probablemente el más próspero y de mayor riqueza cultural de cuantos han sido. Para algunos, la época más feliz de la historia del hombre. Por suerte, nos dejó sus Meditaciones manuscritas, un documento sincero de incalculable valor filosófico, elaborado con una dulzura y una profundidad de pensamiento tan tiernas como impropias de un emperador. Su perspectiva, además, no es cualquiera.

Resulta increíble que las ideas de alguien tan poderoso estén armadas de estoicismo, de sencillez y de desapego. Quizá este hecho sea el más educador. “Mínima es la fama póstuma, por larga que sea, y su existencia depende de una sucesión de hombres insignificantes que pronto mueren, que no se conocen a sí mismos y menos aún a quien murió hace tiempo.” O de una forma más simple aún, no exenta de poesía, “todo es efímero: lo que recuerda y lo recordado.” La franqueza con la que afronta lo inexorable es sobrecogedora: “pronto no serás más que ceniza o esqueleto, y un nombre (y tal vez ni siquiera eso); y el nombre, ruido y eco.”

Un cierto determinismo religioso y cósmico impregna todo su pensamiento, “todo hecho es consecuencia de uno precedente”, “la historia de tu vida ya está escrita y tu servicio consumado”, “todo nace y acaba conforme a sus designios”. Es fácil hoy estar en desacuerdo, descreer de esa potencia divina, pero su perspectiva no es tan simple, es mucho más inteligente de lo que parece. El ser supremo que todo lo rige es una metáfora: “este dios interior es la inteligencia y la razón.” En un alarde de humildad, sabedor de sus limitaciones, concede toda posibilidad, “o destino fatal con un orden inflexible, o providencia piadosa, o caos azaroso.” Pero no lo hace con resignación, sino con voluntad activa, “si dios existe, todo está bien, pero si el azar lo rige todo, que no te dirija a ti.” Una voluntad para mejorar, para ser feliz, para estar en paz: “O vives en el mundo y te has acostumbrado, o te has ido porque querías, o has muerto y tu misión ha terminado. No hay nada más: ten buen ánimo.”

Ese punto de vista sereno le permite actuar de acuerdo a su condición humana, tranquilo, sin miedo. “Si afecta a tu parte racional, obsérvalo, y si concierne solo a tu parte animal acéptalo sin avergonzarte.” Es consciente de que “allí donde es posible vivir, es posible vivir bien” y de que la virtud no está en la pelea, sino en recibir las cosas como vienen, sin ira, “aceptar sin orgullo, renunciar sin apego.” Confiesa una ingenuidad enternecedora, “busco la verdad, que nunca ha perjudicado a nadie”, sin dejar de advertir dónde está la virtud, “sinceridad, dignidad, fortaleza, moderación frente a los placeres, resignación ante el destino, necesidad de poco, bondad, libertad, sencillez, seriedad en los propósitos, grandeza de ánimo”, y dónde los defectos, “carácter avieso, afeminado, terco, salvaje, brutal, pueril, blando, falso, escabroso, interesado, tiránico.” Pero sabe que no es perfecto, se cuestiona lo más profundo, “es preciso que siempre me haga esta pregunta: ¿para qué estoy usando ahora mi alma?”, y se anima a ser mejor persona con dulzura: “Alma mía, ¿alguna vez serás buena, sencilla, única, desnuda, más evidente que la envoltura física? ¿Probarás tu disposición al bien y al amor?”

Sin embargo, Marco Aurelio también proyecta esa dulzura ingenua hacia los demás, no se queda en su propia persona, ensimismado en la grandeza de su nombre. Sabe que “una toga de púrpura son pelos de oveja manchados con la sangre de una concha” y nada más. Y nos advierte que “si no prejuzgas todo irá bien.” Su bondad hacia el otro, su respeto al diferente y su tolerancia de los errores ajenos son de una candidez que invita a llorar: “hay que hacer muchas averiguaciones antes de adoptar una opinión correcta respecto a la conducta del prójimo.” En todo caso, sugiere cómo debes tratar a las personas que yerran: “Si se equivoca, enséñale con amabilidad y muéstrale su error. Si no eres capaz, la culpa es tuya, o, mejor, de nadie.” Porque está seguro de “que la amabilidad y la serenidad son más humanas y más varoniles, y que quien las posee demuestra mayor fuerza, nervio y coraje viriles que quien se indigna o se queja.” Hay gente malvada, claro, pero no es motivo para perder la paciencia: “Solo los locos persiguen lo imposible. Imposible es que los malos no cometan maldades.” Así se comporta cada cual, de acuerdo a su naturaleza, es inevitable, pero a ti te corresponde actuar bien, “desengáñale de su error si puedes; si no, para estas ocasiones cuentas con la amabilidad.”

Sus Meditaciones tienen además el genio del poeta, del sabio sencillo que está por encima de todo y ya no necesita de adornos ni reconocimiento: “Habla, en cualquier lugar, con claridad y sin afectación. Emplea un lenguaje sano.” Es una máxima que abraza el hacer literario y también la conducta en la vida. Y con esta suerte de talento llano va dejando caer destellos de belleza, “todo tiene encanto para quien, con sensibilidad e inteligencia, puede captar el conjunto”. El testimonio de Marco Aurelio tiene esa mirada dulce y bondadosa propia solo de los más grandes, esa que reconoce la poesía escondida en toda cosa. Su lectura nos deslumbra todavía y nos reconcilia con la naturaleza. Para ser feliz, me basta reconocer que “las fauces del león, el veneno, todo lo que hace mal como la espina o el fango son accesorios de lo venerable y hermoso.”

5 comentarios en “Las meditaciones del emperador

  1. Marco Aurelio, un hombre íntegro, sabio y sencillo, cosa nada fácil dada su posición. Un artículo impecable, tanto por el escrito como por el personaje elegido… No se habla de él como se merece. Gracias

    Me gusta

    1. Pues sí. Su integridad y su bondad sincera nos dejan a todos en ridículo. Gracias a ti por el apoyo de tu punto de vista.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close