¿Camina España hacia el comunismo?

*Publicado en InformaValencia.

¿Caminamos hacia el comunismo? Conviene hacerse esa pregunta y resolverla. Si te gusta el comunismo, o el socialismo, estás de enhorabuena. En caso contrario, puedes empezar a preocuparte seriamente. El Gobierno acusa todos los síntomas de querer llevarnos hacia a ese sistema, y lo está haciendo bastante bien, con sus errores, pero con eficacia.

Las ideas sociales y progresistas quedan muy bien cuando salen por la boca: justicia social, igualdad de oportunidades, protección de los más débiles, distribución honesta de la riqueza, abolición de las clases sociales, que nadie abuse del trabajo ajeno… Y cuando uno se pone filosófico son todavía más atractivas: el dinero debería desaparecer, la propiedad privada no debería existir, a cada cual según sus necesidades, la república del pueblo, etc. Pero esas ideas no consiguen nunca lo que prometen, y en el mejor de los casos conducen al mundo distópico de 1984, donde, por cierto, siempre que encienden la tele hay un tipo del partido lavándoles el cerebro, ya ves qué coincidencia. No consiguen la felicidad de nadie porque vienen acompañadas de cuatro jinetes apocalípticos: totalitarismo, esclavitud, ruina y hambre. Quizá la felicidad de sus líderes sí, pero no la del pueblo.

En primer lugar, un Estado que quiere imponer el comunismo necesita autoridad plena para controlar todos los aspectos de la vida de la sociedad. Lo que viene siendo totalitarismo. Para ello procurará concentrar los tres poderes en una sola mano. ¿Está intentando eso nuestro Gobierno? Pues veamos, ha prostituido el Tribunal Supremo y el Constitucional, contaminándolos con personajes de partido, que obran de acuerdo a sus inclinaciones ideológicas y a directrices políticas, que son capaces de dictar sentencias injustas a sabiendas y contrarias a la Constitución. En la cabeza de todos están algunas sentencias recientes, famosas y controvertidas, que no citaré por vergüenza y por no perder el hilo de lo importante. Han manoseado la Abogacía del Estado hasta convertirla en un instrumento del Gobierno, o incluso un instrumento del partido y de su coalición. No hay caso en que no actúe como si fueran empleados del PSOE. Y también han conseguido que el Fiscal General sea uno de sus ministros. El poder judicial está en sus manos.

¿Qué hay del poder legislativo? En principio reside en el Parlamento, pero, aprovechando el coronavirus, lo han cerrado. No se puede discutir, ni consensuar, ni reformar. Es casi un golpe de estado, y no hay ningún motivo para que esté así. El estado de alarma no legitima al Gobierno para hacer eso, para desenchufar el interruptor de uno de los poderes del Estado. Lo mismo pasa con los tribunales, que están detenidos, sin resolver asuntos y sin contar plazos hasta que Dios quiera, aunque no tenga nada que ver la justicia con el virus. Se gobierna a golpe de decreto ley, sin que las medidas pasen por el filtro de los contrapoderes que nos protegen de los abusos. El Congreso y el Senado ya no sirven para nada.

Pero… ¿entonces el ejecutivo puede hacer lo que le de la gana? Pues más o menos sí. Mediante el decreto de estado de alarma el Gobierno ha suspendido las libertades civiles mucho más allá de lo que le permite la ley y la Constitución, por no decir la ética. No hay ninguna justificación para el estado de alarma y menos todavía para extralimitarse de su sentido. El Gobierno podría tomar medidas contra la pandemia sin necesidad de estado de alarma, pero aun concediendo que fuese imprescindible, su función es solamente restablecer el orden público. Hay que ser muy ingenuo para no ver que esa no es la finalidad del Gobierno, porque el orden público está perfectamente controlado, demasiado controlado diría yo. Su intención es concentrar un poder totalitario, como otorgaría un estado de excepción, que es lo que preferiría haber decretado si hubiera podido. Cabe recordar que el estado de alarma tiene una duración máxima de quince días, aunque eso al Gobierno le trae sin cuidado, no hay ninguna justicia, Parlamento ni gaita que pueda pararle los pies.

Con los tres poderes a su servicio y las libertades suspendidas, el cuarto poder es el único que puede ponerle freno: la prensa. Sin embargo, el Gobierno ha concedido 15 M€ a las televisiones privadas, que abrazarán con gozo Mediaset y Atresmedia, y 100 M€ al resto de medios. Con ese dinero va a ser muy difícil que haya prensa dispuesta a criticar al que le da de comer, porque la mejor censura, ya se sabe, es la que se pone uno mismo para asegurarse el pan. Alguno habrá que no moje ni una perra y siga sacándole los colores al Gobierno, pero no pasa nada, con tener a la gran mayoría controlada es suficiente para seguir en el poder. Pero no satisfechos con eso, el ministro de justicia ya ha amenazado con promover leyes implacables para prohibir los bulos informativos. Mira qué bien, un bombón relleno de cianuro. Para el Gobierno, un bulo es esa información que pone en evidencia su abuso y su negligencia. Por ejemplo, es un bulo decir que el Gobierno miente con las estadísticas del coronavirus, o también que por culpa de su gestión está muriendo mucha más gente de la que debiera. También lo es cualquier estadística o investigación que ponga en duda los dogmas que profesa. Es un bulo todo lo que dice Juan Rallo, es un bulo lo que cuenta la oposición, que no deja de ser la ultraderecha con el tridente de Satanás, y es un bulo esto mismo que estoy escribiendo. Pues todo eso, prohibido directamente. Ahí se acaba la libertad de expresión, y nunca nos lamentaremos lo suficiente de ello.

Hasta aquí el Gobierno ha cabalgado los lomos del totalitarismo y la esclavitud, mediante la concentración de todos los poderes y el sometimiento de todas nuestras libertades. Va dejando miguitas de pan, como lo de rastrear los móviles, para que no nos perdamos. Pero ¿cabalgará también la ruina? Por supuesto. Entre unos decretos y otros, que no citaré en detalle por no ser prolijo, se permiten las expropiaciones sin indemnización, se obliga a las empresas a ceder sus recursos al “interés general”, se fuerza a los ciudadanos a prestar su ayuda para lo que consideren necesario en estado de alarma y se permite ocupar viviendas privadas por un plazo de cinco años. Por si fuera poco, se pretende “democratizar la economía”, que en lenguaje sencillo significa intervenir los mercados, planificar la producción, fijar precios, nacionalizar empresas y controlar sectores estratégicos como energía, banca y telecomunicaciones. Por otra parte, el Gobierno consume los recursos económicos sin control alguno, ni del Parlamento, por supuesto, ni de ningún sistema de transparencia. Sirva como ejemplo la compra de los test defectuosos, que nunca sabremos a qué proveedor se encargaron ni con qué criterios. Así hace con cualquier gasto, aunque nada tenga que ver con el virus ni con cuestiones sanitarias. Son impunes para despilfarrar a su antojo y sin rendir cuentas, incluso por encima de sus posibilidades, dando por hecho un endeudamiento que condenará el futuro de nuestros hijos. La ruina, decía, a corto plazo.

¿Y el hambre? Claro, después viene el hambre. Con el tejido productivo en cueros vivos, nadie evitará varios millones de parados, sobre los millones que ya hay. Entonces viene la renta mínima vital, para lo cual trabajan con denuedo. Renta mínima vital, en la lengua del comunismo, significa cartilla de racionamiento. En el lenguaje normal quiere decir que no te da para vivir. Quevedo lo llamaría archipobreza y protomiseria.

No hace falta seguir, porque entraríamos en la explicación de si el comunismo es malo o bueno, lo cual me parece innecesario. China, Corea del Norte, Cuba, Laos y Vietnam son los únicos países comunistas que quedan. La URSS, Afganistán, Angola, Camboya, Etiopía, Mozambique, Somalia y otros imperios de menos renombre también lo fueron. Cualquiera puede sacar las conclusiones.

¿Camina entonces España hacia el comunismo? Pues su querencia es esa. Al menos hacia un Estado socialista que contenga las virtudes señaladas. Conviene saberlo, tenerlo claro y obrar en consecuencia. A lo mejor esta vez sale bien y somos todos felices, iguales en la abundancia, sin envidias, sin preocupaciones, y alcanzamos una sociedad justa y maravillosa. Pero a lo mejor detrás de todos esos infortunios viene otra vez el caballo bayo de la Muerte, “para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra.”

6 comentarios en “¿Camina España hacia el comunismo?

  1. Maria Jose Fernandez Rubio 14 abril, 2020 — 9:30 pm

    Totalmente de acuerdo con tu exposición desde la primera, a la última palabra.
    Te agradezco que me hayas aclarado las dudas a las que no encontraba sentido.
    Todo lo que está ocurriendo me parece surrealista y, hablando con conocimiento de causa, una sarta de mentiras tan grande como la tormenta de citoquinas que esta destrozando los pulmones de los españoles, de nuestros mayores, y con eso, yo al menos, no contaba.

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    1. Lo más surrealista es que esté pasando y casi nadie se de cuenta, o a todo el mundo le dé igual, o, lo que sería peor, les parezca bien.

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