Los besos y el coronavirus

Si eres tú uno de esos que alguna vez me ha besado, ándate con ojo hoy, querido lector. Porque en medio de este frenesí coronavírico la situación en la que hasta ahora nos besábamos puede tornarse traumática. Y yo no quiero eso. Prefiero, antes que dejar de amarte, prevenirte con esta advertencia, y que puedas decidir libremente lo que sea mejor para ti.

Hasta ahora he sido paciente. Entiendo que la novedad y la alarma, unidas al desconocimiento y a la incertidumbre, pueden haber hecho mella en tu entereza. El miedo va de la mano de la desinformación, el peligro parece a veces tangible, y no se le puede pedir a nadie que no tema, ni que se informe. Así que no te lo pido. Pero es bueno que sepas algunas cosas, por el bien de nuestra relación. La paciencia se me acabó.

Quizá no seas consciente, pero cuando te he besado has estado siempre expuesto a la muerte. Vivir tiene ese riesgo, que la Parca acecha en cada esquina. Te he besado con herpes y no te importó. A mí tampoco que tú lo tuvieras. He estado resfriado muchas veces, y mis mocos no fueron nunca un obstáculo para ti. Tampoco fue la gripe, con su fiebre y sus temblores, óbice lo bastante grande como para que no me besaras. He estado expuesto al sarampión, a la varicela, a la rubeola… y tú sin saberlo me has besado cariñosamente. Algunas veces, cuando tuve gastroenteritis, fue un virus contagioso el que me la provocaba, y no tuviste miedo de besarme y quedar contagiado. Claro, que quizá creas que esos virus no son tan peligrosos como el coronavirus, aunque no hayas contrastado esa ridiculez. Pero tal vez no te has parado a pensar que también he tenido coronavirus, de varios tipos, igual que tú, y nos besamos como si nada. O quizá creas que no matan tanto como este de ahora, puede que sea eso. Te sorprenderá saber que también he estado expuesto a la tuberculosis, a la meningitis, a todas las hepatitis que te suenen y a miles de otros virus que no conoces, los cuales podrían habernos fulminado, estos sí de verdad y en cuatro días. No es una metáfora, he estado expuesto a ellos literalmente, y si no he muerto aún es porque el cuerpo humano tiene esa tenacidad tan irresponsable de no dejarse matar por cualquier cosa. Pero a mí me daba igual, porque vivir tiene ese riesgo, y porque besarnos es una de las pocas cosas que le da sentido a este caminar tan peligroso.

Llegados a este punto, considero que ya has tenido tiempo suficiente para entender los riesgos que entraña besarme, y ya conoces también sus beneficios. Así que si aún tienes miedo, evita que nos veamos, te lo pido por favor. Porque si nos vemos voy a besarte como siempre, como un niño que solo sabe que te quiere, aunque sea el último beso que te dé. No podría soportar el recuerdo de un saludo distante. No quiero esa cicatriz. Si nunca tuve miedo de pelear a sangre y fuego por ti, imagínate lo poco que tiembla mi corazón con algo tan insignificante.

Y esto va para ti, Muerte: sé que no eres tan mala como dicen, pero si crees que he de morir por un beso, aquí me tienes.

2 comentarios en “Los besos y el coronavirus

  1. Tienes la suerte de poder ser besado y abrazado. Lo que consuela a los que no reciben ese beso… es que no se van a contagiar por un beso.. lo que no les excluye del posible contagio… muy bueno Javi

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    1. Tengo suerte, una montaña. Me apenan los que la han perdido.

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