La tortura que no te conté

Emequia, 2020, Tortura. Acuarela y tinta sobre papel.

Cuando se despertó no se podía mover. Lo último que recordaba era empuñar la kopis contra un cartaginés, un tirón del talabarte, un golpe en la cabeza y la cubierta del buque estallándole en la sien. Luchaba en una batalla que parecía perdida. Treinta naves focenses habían naufragado cuando vio caer a su hermano. La rabia, y no la fuerza, le hizo abalanzarse sobre la espada púnica que le había dado muerte. Cuando se despertó ya era prisionero en su tierra, en Agila, ahora presa del enemigo. Cuentan que el bando griego, el suyo, ganó la batalla de Alalia, pero no para él. Al estilo de Pirro, sus tropas vencieron en las costas corsas, pero dejaron las playas cubiertas de sangre propia y ajena. No se podía mover porque estaba bien atado, pies y manos, el cuello y la cabeza, varias cadenas en el torso, muchas en las piernas y en los brazos. Su mala suerte fue que lo habían apresado los estruscos, aliados de los cartagineses. No estaba atado sin más, a un árbol o en el suelo, sino a otra persona, miembro a miembro, cara a cara, juntos los vientres, y hasta las palmas de las manos. Habría notado el aliento de su pareja de haber estado viva. Murió, supuso, atada a él. Cuando fue recobrando el sentido vio que no era el único. Estaba en un campo, sembrado de prisioneros como él, atados a otros cuerpos de frente, de la misma guisa. Un escalofrío le hizo revolverse cuando se dio cuenta de que en cada pareja había un cadáver. Presa del pánico, intentó separar al menos la cara para no morir de angustia, pero estaba tan firmemente sujeto que solo consiguió restregar la nariz por la boca abierta del muerto. Sintió náuseas y arcadas. Los reflujos le quemaban la garganta, con esa tos ácida interrumpida solamente por regüeldos. Tuvo que tragar los restos de su propio vómito, porque la estrechez no lo dejaba caer al suelo. Habría preferido morir que ser prisionero de esa manera. Pero no era un prisionero. No había huella de los etruscos, nadie en la explanada, solo el sol y los cadáveres emparejados con los vivos. Eran condenados. La podre, los gusanos de la carne en descomposición, la sangre infecta y la deshidratación irían poco a poco royendo la vida de sus huesos hasta el final. Eso si conseguía que su alma no enloqueciera por tener el rostro de la muerte tan cerca de su boca. La desesperación se apoderó de él cuando descubrió que el cadáver al que estaba encadenado su destino era el de su hermano. Corría el año 537 a. C. Semejante tortura… ¿por qué?


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*BIBLIOGRAFÍA:

Agustín de Hipona, Réplica a Juliano. Obra completa bilingüe en www.augustinus.it.

Aristóteles, (2006), Protréptico, Madrid: Adaba. Edición bilingüe de Carlos Megino Rodríguez.

Beatrice, P. F., (2001), Le corps-cadavre et le supplice des pirates tyrrhéniens. In Delruelle, E., & Pirenne-Delforge, V. (Eds.), Kêpoi : De la religion à la philosophie. Mélanges offerts à André Motte. Liège: Presses universitaires de Liège.

Brunschwig, J., (1963), Aristote et les pirates tyrrhéniens, Revue Philosophique De La France Et De L’Étranger, 153. París: Presses Universitaires de France.

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Virgilio Marón, P., (1992), Eneida, Madrid: Gredos, Madrid.


*NOTA SOBRE LA ILUSTRACIÓN:

Tortura, la ilustración que encabeza el texto, es un trabajo de Emequia realizado expresamente para ilustrar La tortura que no te conté. Si te interesa, quizá puedas conseguirla en su web.

3 comentarios en “La tortura que no te conté

  1. Mágico, así ha empezado mi domingo con esta lectura.
    La magia de leer un buen trabajo, bien documentado sobre un tema tan inesperado y sorprendente .
    Estoy deseando saber con que nos sorprendes el próximo domingo.

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    1. Muchas gracias. Me alegro mucho de que te haya gustado. Estaba seguro de que sabrías apreciar su valor. No creo que sea capaz de hacer algo como esto cada domingo a las 8, pero me comprometo a ponerle todo el corazón.

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  2. Mágico, así ha empezado mi domingo con esta lectura.
    La magia de un trabajo bien hecho, documentado y sobre un tema tan inesperado , un verdadero placer.
    Estoy deseando ver con que nos sorprendes el próximo domingo.

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