El fin de la primavera

«Tú y tu hija, la muy hermosa Perséfone: dadme, benévolas, una vida agradable como recompensa de este canto.

Himno homérico II a Deméter, s. VII a. C.
Bernini, El rapto de Proserpina, 1622

Mañana Hades rajará la tierra para raptar a Perséfone y llevársela al inframundo, donde reina sobre las almas de los muertos. Las ninfas que recogen flores con ella no dirán nada. Ahíta de tristeza, su madre Deméter, nutricia última de todos nosotros, abandonará su cuidado de las cosas con vida para buscarla. Las aves dejarán de perseguirse por los árboles, volverán los conejos a encerrarse en madrigueras, las flores se marchitarán, las abejas desaparecerán y no encontrarás amor por ningún sitio.

El sol abrasará los campos primero, espigará los pastos, tostará los tallos verdes y solo habrá paja en el secarral. Las viejas regarán los zaguanes con su chapoteo ritual, cerrarán puertas y ventanas, se desnudarán a oscuras en la habitación encarada al norte, en silencio y sin moverse, asustadas junto a un vaso de agua con limón. Fuera, el fuego, y dentro, el miedo de que un rayo se cuele por una rendija y les derrita los ojos. Hervirá el horizonte, verás las montañas evaporarse y disolverse las carreteras. Los pinos a penas serán la mecha para prender los bosques y convertirlos en el cauterio de la enorme herida que dejó Hades en la piel del suelo. Crepitarán los grillos de tanto respirar el azufre de la calima, hasta morir calcinados si una lágrima de Aurora no lo impide. El mundo será una hoguera, atizada por la cólera de los dioses en cada amanecer. Tú y yo, la leña que la avivará, hasta que se asole todo. Los lagartos serán los únicos que no se quemen, inextinguibles como las piedras, con la sangre helada en un desierto de ceniza.

Cuando ya no quede más por arder, vendrá el frío y nada sobrevivirá. Así sucederá hasta que Deméter recupere a Perséfone del inframundo. Solo entonces, a sus pies, germinarán de nuevo los brotes verdes y se abrirán las flores. Volverán las abejas, y los pájaros, y los conejos. Los misterios de la inmortalidad serán revelados, pero únicamente a quienes permanezcan fieles al amor. Las ninfas, que no dirán nada, se convertirán en Sirenas. Y tú y yo, que moriremos mañana abrazados, resucitaremos.

Deméter y Perséfone, s. I a. C.

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