Pepa Bueno, entre el periodismo y la mentira

«La nueva aristocracia estaba compuesta sobre todo por burócratas, científicos, técnicos, organizadores de sindicatos, expertos en publicidad, sociólogos, profesores, periodistas y políticos profesionales.»

Orwell – 1984.
Pepa Bueno

Muchos se alegraron, hace ahora un mes, del nombramiento de Pepa Bueno como nueva directora de El País, una periodista de prestigio avalada por un currículo de relumbrón. A mí me dio por pensar mal, no sé por qué. Considero necesario un periódico sesgado a la izquierda, siempre que sea reflexivo y honesto, para abonar la pluralidad de ideas y ofrecer una perspectiva inteligente dentro de una corriente política. Pero como no todo es político, y un periódico también puede informar sobre cultura o sobre la botánica inglesa, una buena dirección profesional es importante. Sospechaba, conociendo la querencia de Pepa hacia la izquierda, que su elección redundaría en rebajar la calidad del periódico, la cual andaba ya muy maltrecha. Entiéndase por calidad la publicación de información y opiniones útiles, honestas, reflexivas, veraces, libres, bien documentadas, con buena fe… sea cual sea la inclinación política del periodista, del director o de los propietarios. Lo sospechaba, no porque ser de izquierda implique rebajar la calidad, sino porque la ideología de Pepa no le iba a permitir publicar información y opiniones útiles, salvo a sus intereses, ni honestas y reflexivas, lo cual no casa bien con la ideología, ni veraces, que la verdad es siempre un obstáculo para el dogma, y mucho menos libres, donde el periodista pueda expresar su opinión sin censura, ni tampoco bien documentadas, porque cuando uno se documenta bien se le desmoronan las ideologías. Y tampoco con buena fe, porque para algunas personas todo es político y está al servicio de ese interés. Era mi sospecha, nada más. Compruebo hoy, con un ejemplo lateral de aparente inocencia, que El País es una basura, quizá no sea culpa de Pepa, pero, si es la directora, es la responsable.

Antes de exponerlo, cabe recordar que la elección de Pepa no está motivada solamente por su talento. Quince días antes despidieron a Antonio Caño, que fue director de El País entre 2014 y 2018, una persona de mucha relevancia en la empresa, el cual alegaba que «es un despido por razones ideológicas, ilegal y sin precedentes en la historia de Prisa.» Algunos malpensados dicen que fue por falta de afinidad con Pedro Sánchez, uno de tantos despidos. Quizá sea la opinión de Antonio: «durante la gestión de la anterior directora, se impidió la publicación de otro artículo mío crítico con el actual Gobierno español.» Con ese sonido del río, algún agua llevará Pepa que me hace sospechar que El País va a peor.

Ayer publicaba una notica bajo el epígrafe «familia real británica» con esta imagen de portada:

El titular era el siguiente (enlace aquí):

“Un timo absoluto”, “decepcionante”: las malas críticas se ciernen sobre el palacio de Buckingham

Hay muchas personas que solamente leen los titulares y ven la foto. Para ellas, queda la idea de que la monarquía inglesa está recibiendo algunas críticas. La intención puede ser esa, con el fin de abonar el discurso de rechazo a la monarquía española, habida cuenta de que la británica es la más emblemática. O también la de hacer hype, como dicen ahora, para engatusar al lector a pinchar en el enlace. O un poco de todo. Sea como fuere, es una basura construida sobre falsedades y con mala fe. Me explico.

Por un lado, la foto es de 2018, cuando aún no estaban de moda las mascarillas en el campo. Por otro, el contenido nada tiene que ver con la familia real británica. Además, las críticas no se ciernen sobre el palacio de Buckingham, pues el uso de «el palacio de Buckingham» designa a la realeza británica, mediante metonimia, y la realeza no es objeto de ninguna crítica. Y, en definitiva, las críticas no son más que opiniones de una relevancia ridícula: son algunas reseñas en Trip Advisor sobre la visita a los jardines del palacio. Sí, hijo, sí, como lo oyes. Un botón de la noticia:

“Un timo absoluto”, escribió Siofra en Trip Advisor. “Decepcionante”, replicó Richard en su comentario de principios de mes. “Estaba muy ilusionada con esta visita, pero me quedé masivamente frustrada, como muchos otros”, criticó Michelle.

Aunque te resulte increíble, estimado lector, con esos mimbres y nada más se construye la basura informativa de El País bajo la dirección de Pepa Bueno. Con mala fe se escogen las heces, se las envuelve en celofán y se le meten al lector en la boca. Entiendo que en agosto escasean las noticias interesantes, pero eso no justifica la mentira y el engaño. Se podría haber titulado «Critican en Trip Advisor los jardines del palacio de Buckingham,» haciendo honor a la verdad y sin inducir al lector a pensar cosas que no son. Pero no, la ética no forma parte del código deontológico de El País y su directora.

Pero no todo es malo. El texto lo firma Lourdes Gómez, quien sospecho que habrá tenido que tragarse ese sapo con una pinza en la nariz y apretando los ojos, pues su trayectoria no es sospechosa de mala praxis periodística. Todo lo contrario. Aún se puede leer su crítica en El País en 1979, «La marginación política de la mujer española,» analizando los resultados de voto femenino en las elecciones de 1977. Desde entonces, centenares de artículos, quizá miles, han salido de su pluma para El País, generalmente desde Londres, abordando temas interesantes de toda índole con rigor y buena fe. Aquí algunos ejemplos de titulares, no sin cierta nostalgia: «Carlos deja el polo y Diana sigue con problemas» (1993), «Prince convierte su nombre en símbolo al iniciar la gira europea» (1993), «Atribuidos al IRA los atentados antidroga en zonas católicas del Ulster» (1996), «España pugna con Alemania y el Reino Unido por la fábrica de motores de Ford» (1999), «Un retrato de Picasso alcanza en Londres 25 millones de euros» (2002), «La crítica acoge con dureza ‘1984’, la ópera de Maazel sobre el libro de Orwell» (2005), «La BBC difundirá tres nuevos canales a través de YouTube» (2007). Son titulares elegidos al azar, de diversas épocas, con un cariz sincero. Habida cuenta de la variedad de temas, sociedad, política, economía, cine, arte, necrológicas, internacional… y después de cuarenta años escribiendo de forma honesta y bien informada, se puede pensar que Lourdes es una buena periodista, independientemente de que sus ideas políticas encajen más o menos con las de su lector. En su caso, la ideología no está por encima del trabajo para prostituirlo. Al parecer, ya que no hay artículos suyos en El País desde 2007, Pepa la ha debido rescatar para el periódico, lo cual debiera ser buena noticia. En 14 días ha escrito 11 artículos, durante la segunda quincena de agosto: Boris Johnson, Afganistán, G-7, taliban, gobierno en Escocia, Tony Blair, empresarios británicos, el mercado latino de Londres, Biden, la extradición de Ponsatí… Un trabajo serio, como de costumbre, sobre temas interesantes y sin atisbo de tergiversación. Y de repente… la noticia basura de la que hablamos. En su descargo diremos que a pesar de la pobreza de las fuentes, Siofra en Trip Advisor y etc., Lourdes defiende con honor y buena pluma un texto amplio y bien documentado que aprovecha para describir la Royal Collection Trust, los recientes cambios en el jardín del palacio, el interés de los ingleses por la botánica y los tipos de visitas turísticas de Londres. Además, con rigor en el oficio, recoge también el testimonio de otras personas de Trip Advisor quienes dicen que los jardines son «un oasis de paz,» un lugar histórico precioso e imprescindible de ver,» «brillante,» o incluso que «me gustaría repetir el año próximo.» En resumen, una noticia anodina para rellenar páginas de agosto, que Lourdes resuelve con elegancia y buena fe, y hasta se permite el capricho de introducirla con un párrafo lleno de voluntad de estilo literario: «… Los rayos tímidos de alguna mañana pronto se desvanecen entre cielos encapotados. Las nubes, en su rica gama grisácea, explotan casi a diario en chaparrones intermitentes…»

Una persona escribe en Trip Advisor una reseña negativa, otra, una positiva. Una periodista honesta, a pesar de sus ideas, hace del oficio virtud y, con esa fútil excusa, nos informa de los jardines y otros asuntos ingleses, para entretenernos. Otra, deshonesta y sometida a su ideología, tergiversa, engaña y miente, y arrastra la dignidad del periódico y de la periodista por el barro. El asunto no es baladí: si a causa de un jardín sin importancia alguien es capaz de publicar un titular falso contra la monarquía inglesa, qué no será capaz de hacer por una causa importante, cuando las circunstancias se lo pidan.

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