Un asesinato insólito

“Un simple asesinato, sin más, un asesinato cometido bajo el influjo de cualquier móvil comprensible, no lo hubiera conmovido a usted, no le hubiera hecho vibrar los nervios…”

Chesterton.
Garbanzos con pimientos y jamón

Voy a contarte el caso de un asesinato insólito. Cuesta de creer, por lo enrevesado del móvil y lo pintoresco de la ejecución. Aprovecho la ocasión ahora que el verano nos deja respirar y el fuego carcelario no me retiene en una habitación a oscuras, con el aire acondicionado a dos euros por hora de velocidad. Ya se puede pasear por el monte a pleno día y andar por casa sin sudar, llueve de cuando en cuando, refresca por la noche y estornuda uno al levantarse como Dios manda. Es decir, llega la segunda primavera, en estas latitudes tenemos la suerte de disfrutarla dos veces al año. Se puede uno calzar las botas y andar vestido con educación, con la espalda recta, y no arrastrase en busca de sombra como un turista en Magaluf, desarmado con sandalias y pantaloncillo. Lástima por las mujeres, que tan hermosas brillan cuando tienen calor. En definitiva, que puede uno ponerse a escribir sin que se le derritan las meninges y preparar un plato de cuchara para hacerlo mejor. Unos garbanzos pedía el cielo nublado, benditos sean. Los he preparado al estilo de mi abuela, con lo poco que había a mano, tirando de ingenio y de especias, de un trozo seco de jamón que no se podía cortar y de los últimos pimientos verdes que ya coloreaban en la mata. El sofrito es lo más importante, decía: bien de aceite la cazuela, a fuego suave, picaditos con un poco de ajo y cebolla y arrimados con dulzura. Luego un tomate rallado, al final, cuando ya está todo bien rehogado, que no se cuezan. Ella decía cuezcan, pero no importa. Se ve que está cocinado por el color, no hace falta medirlo. Cuando ya está hecho le pones las especias, me enseñaba. ¿Y cuándo sabe uno que está hecho? Pues cuando ves que ya está. Ni más ni menos, qué razón tenía. Entonces lo clavas con dos clavos, lo cortas con una hoja de laurel, le aderezas un poquito de comino al gusto, es muy importante, y le tiras una mano rota de pimentón picante, de ese de Tiburcio, el de Cuacos de Yuste, que es el mejor, y lo remueves unos segundos, pocos, para que no amargue. Si en ese momento el olor no te hechiza debes abandonar la cocina y arrojarte a un barranco. En caso contrario, el vino, una buena copa de vino blanco, o mejor dos, una para el caldo y otra para ti. Es importante que no sea malo, porque luego te lo vas a comer tú. En ese momento pide fuego vivo, y un traguito, no hay prisa. Si tienes caldo de ave, mejor que agua. Yo lo preparo con la parte menos noble del pollo, la que queda después de quitarle las pechugas, las alas y los muslos, tiene más sustancia. Hay quienes le quitan la piel, para que el caldo sea menos graso, pero bueno, hay gente para todo. La sofrío con un poco de aceite y verduras, las que tengo a mano, zanahorias, puerros, nabos, apios, y la dejo a fuego lento cuatro horas en una olla colmada de agua. Luego que enfríe, sin sacar el contenido, y que infusione hasta el día siguiente. Si uno tiene paciencia puede desmigar la carne del pollo que queda entre los huesos y preparar unas croquetas, no las hay mejores. En todo caso, ese caldo va encima del vino. Lo suyo es prever la contienda y tener los garbanzos a remojo del día anterior. A mí me gustan los pedrosillanos, esos tan pequeñitos, que con una hora a fuego lento se hacen, a la vez que el conjunto baila en armonía. Unos trozos de jamón seco, a tacos, como bien se dejen trabajar, le dan el último toque. No hace falta más para ser feliz. Bueno, a lo que iba, lo del asesinato.

*

Si quieres estar al tanto de mis publicaciones solo tienes que dejar tu correo y te llegará una notificación con cada texto nuevo:

*

Si te gusta mi trabajo y eres tan amable de apoyarlo te estaré siempre agradecido. Así me ayudarás a seguir creando textos de calidad con independencia. Te lo recompensaré.

Puedes suscribirte por 2 € al mes. A cambio tendrás acceso a todo el contenido exclusivo para suscriptores y te librarás de la publicidad en la página. También recibirás antes que nadie y sin ningún coste adicional cualquier obra literaria que publique en papel. Puedes abandonar la suscripción cuando quieras, no te guardaré ningún rencor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close