«El que se mata, se mata por no esperar a morirse.»
Unamuno – Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos.

El estrĂ©s y la ansiedad afectan gravemente nuestro sistema inmune. Es sabido que las situaciones de estrĂ©s prolongadas lo debilitan, y lo observamos en las infecciones recurrentes, resfriados, mocos, diarreas, bronquitis, en la apariciĂłn de herpes, verrugas, hongos, y tambiĂ©n en una respuesta inadecuada a las vacunas, por citar los efectos más visibles para el profano. A medio plazo, los problemas psiquiátricos, cardiovasculares, digestivos, intelectuales, aparecen y se agravan. La pandemia, más allá de las consecuencias inherentes a una infecciĂłn vĂrica, ha causado un grave trastorno en la sociedad a causa del estrĂ©s y la ansiedad. Y me refiero a las personas que no han padecido la enfermedad, o que la han pasado sin mayor dificultad. SerĂa interesante conocer los daños en la salud que ha producido la pandemia entre quienes no han sido nunca contagiados o, siĂ©ndolo, no han sufrido más que con los virus habituales. Esos datos no creo que los conozcamos nunca, pero serĂa deseable, pues cabe la duda de que la alarma durante la pandemia haya causado más vĂctimas que el propio virus a corto plazo, y que sus secuelas sean desastrosas en el largo. Hasta ahora ha sido un tabĂş cuestionar la gestiĂłn de la pandemia por parte de gobiernos y autoridades sanitarias, asĂ como evaluar los daños colaterales de las medidas para contenerla. Pero ya va siendo hora de echar un vistazo a la evidencia, sin pasiĂłn y sin rencor, serenarse y aprender. Quizá hubiera sido mejor desde el principio.
El miedo, la preocupaciĂłn constante, el temor al aislamiento, a perder el trabajo, a arruinarse, a decir adiĂłs a los seres queridos, el sentimiento de culpa, el terror a la muerte… son factores que aumentan el estrĂ©s y la ansiedad, de los cuales se deriva la flaqueza del sistema inmune y con ello se abre la brecha en el Ăşnico muro que tenemos para contener las enfermedades y seguir con vida. Quien tiene una enfermedad autoinmune o un sistema inmunolĂłgico debilitado sabe con certeza el peligro que le acecha en cada paso que da. La encuesta del CIS de febrero de 2021 nos ofrece unos datos muy interesantes a cerca de la perspectiva que tiene la poblaciĂłn española sobre la pandemia. Conviene recordar que esta sociedad es una de las más longevas y saludables del mundo y que está entre las más desarrolladas a nivel cultural y econĂłmico. Aun asĂ, el miedo irracional es asombroso:
- El 96% están preocupados por el Covid. Sin embargo, el 91% no han padecido la enfermedad, y el 99% no han sido hospitalizados.
- El 61% se preocupa ahora más por su salud y el 49% teme sufrir alguna enfermedad grave.
- El 16% ha tenido ataques de ansiedad o pánico. La mayorĂa teme que sean peligrosos y que vuelvan a ocurrir, y han cambiado sus hábitos para prevenirlos.
- La mitad de la poblaciĂłn ha sentido mucho miedo o mucha ansiedad, o mucha tristeza o depresiĂłn, o mucha preocupaciĂłn por muchas cosas a la vez, o aislamiento, o desesperanza, o muchos nervios, agresividad, agobio, intranquilidad, estrĂ©s… La mitad ha sentido cada una de estas cosas por separado. La encuesta no nos ofrece la informaciĂłn agregada de cuántos han sentido alguno de esos problemas, pero podemos sospechar que será casi toda la poblaciĂłn.
- El 89% tiene miedo de que algún ser querido fallezca a causa la enfermedad. Sin contar con que el 56% teme morir por ello. No tenemos los datos agregados de todos los miedos asociados, pero entre contagios, muertes, ruina, aislamiento y demás calamidades, casi nadie se confiesa tranquilo.
- El 80% ha notado cambios en el comportamiento de los niños: irritabilidad, dificultad para dormir, desorden, demasiada tele, consola o tableta, aislamiento, pesadillas, trastornos alimentarios… La mitad cree que no son problemas leves.
- El 13% ha pedido ayuda a un profesional de salud mental para sus hijos o nietos.
A tenor de las cifras, por encima del piĂ©lago nada el miedo. Y decĂa irracional porque el 35% confiesa tener alguna enfermedad crĂłnica, de las cuales el 29% son cardiovasculares, que representan el principal Ăndice de mortalidad en España con un liderazgo abrumador. Sin embargo, el pánico está asociado al coronavirus, como si no hubiera nada de quĂ© preocuparse más. Ni siquiera al virus, tan solo a su amenaza. Una amenaza, por cierto, que no es relevante en sĂ misma comparada con todas las patologĂas que se esfuerzan por matarnos todos los dĂas. El miedo, la preocupaciĂłn, la inseguridad y la ansiedad, constantes desde hace más de un año, galopan como los cuatro jinetes de Blasco Ibáñez hacia nosotros, con el ánimo de oscurecer nuestro sistema inmune y conducirnos a la enfermedad de verdad.
Que lo diga yo no tiene importancia. En enero de 2021, CĂ©nat y otros autores publicaron un estudio en Psychiatry Research donde concluyen que la pandemia ha influido en la salud mental de la poblaciĂłn, con una alta prevalencia de depresiĂłn, ansiedad, insomnio y estrĂ©s postraumático, de entre tres y cinco veces más elevada de lo normal. Su aval es una bibliografĂa de 136 artĂculos especializados en la materia. No advierten diferencias por paĂses, regiones, ni sexo, lo cual nos hace sospechar que, en el fondo, somos todos más parecidos de lo que creemos. Conviene repetirlo: depresiĂłn, ansiedad, insomnio y estrĂ©s postraumático. ÂżAlguien se atreve a imaginar el daño a medio y largo plazo que esto supone para la salud? Nadie creo que pueda sin escarapelarse. Y si estas secuelas mentales anidan en mayor o menor grado en tanta poblaciĂłn como la que se desprende de la encuesta del CIS, si tantos han debilitado su sistema inmune por el miedo, el estrĂ©s y la ansiedad, cabe preguntarse cuánto daño habrá hecho ya la situaciĂłn de alarma social, cuántos se habrán contagiado de Covid precisamente por el miedo a contagiarse, cuántos habrán sufrido más de lo que lo habrĂan hecho con una salud fuerte y despreocupada, y cuántos no habrán muerto por miedo a no esperar a morirse, que decĂa el poeta. Y lo que está por venir: nadie contará los muertos colaterales, ni las enfermedades derivadas, ni las vidas que sufren más de lo que debieran.
No era fácil abordar esta reflexiĂłn al principio de la pandemia, aunque algunos lo hicimos. En cualquier caso, ahora es necesario evaluar sin pasiĂłn la imprudencia de algunas decisiones polĂticas que se tomaron. No ya para destruir gobiernos y castigar a sus partidos, sino para entender el peligro que supone ceder nuestra responsabilidad a los polĂticos y confiar en que sus intereses son los mismos que los nuestros. Cabe recordar que en España hubo estados de alarma ilegales aconsejados por comitĂ©s de expertos que nunca existieron. No concibo ningĂşn modo más eficaz de alarmar a la poblaciĂłn que el de decretar un estado de alarma. Nadie puede ser tan ingenuo de pensar que lo hicieron con buena fe, y no es cuestiĂłn de sesgo ideolĂłgico, pues en todas partes tocaron a rebato y cundiĂł el pánico, con independencia del color de la bandera. Tampoco creo que sea el momento de revanchas, el tiempo los arrasará inexorable, a todo cerdo le llega su San MartĂn. Pero nunca es tarde para estudiar y aprender, desconfiar de los polĂticos y tomar las riendas de nuestra vida.
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2 thoughts on “Las secuelas mentales del Covid”