Camilo, José y Andorra

Viajo con José en coche hacia Andorra, aunque se pronuncia Jose, nadie dice José, pero tampoco nadie escribe Jose, que sería norma de mal gusto, paramos porque me meo, en la gasolinera más cercana, y así cada poco rato, porque él también se mea, y como no nos coordinamos para mear, no paramos de parar, dice que será la próstata, pero yo creo que será la vejiga, porque José, o Jose, como quieras, no sabe beber agua todavía, pero cerveza sí, y se conoce que ablanda los esfínteres cosa mala, algunos dicen que inhibe la producción de la hormona antidiurética, o lo inverso de lo contrario, nunca me acuerdo, pero tanto da, cuando se eligen políticos inútiles y estúpidos, comentamos por el camino, se corre el riesgo de que lleguen a gobernar, y cuando lo hacen es previsible que legislen con gran incompetencia, en cuyo caso todo es un engendrar leyes estúpidas, sin contar con que algunas pueden ser muy dañinas, pero estúpidas sobre todo, cuando paramos a cenar, todavía casi en España, porque era Cataluña y no Andorra, pedimos terraza y dos cervezas, después de desaguar en el baño, los dos a destiempo, y permiso para fumar un cigarrillo, pero, con eso de las leyes que decía, el camarero no sabe qué responder, porque estamos solos, pero ha oído algo que dicen que han oído decir y no sabe dónde meterse ni contestar, al final parece que sonríe debajo de la mascarilla y por miedo del ridículo de hacer el idiota consiente, me siento como el trotamundos don Camilo, catacaldos y anotador de rarezas humanas en la Moleskine, como en su viaje a la Alcarria, o del Miño al Bidasoa, o por el Guadarrama, que todos los ríos tenían encanto para él, o en cualquiera de sus libros de viajes, que escribió más de diez, y los dejó de escribir cuando todos se los pedían y se cansó de hacerlos, se llamaba como yo, Camilo José María Manuel Juan Ramón Francisco Javier de Jerónimo, aunque no exactamente, y no podía llamarse de otra manera, porque su padre era Camilo y su madre Camila, y llamar de otra forma a la criatura habría sido poco menos que un disparate, también Cela y Trulock, que es herencia de españoles, ingleses, italianos y hasta de los belgas de Lafayette.

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