
Cuando descubro un plato que me enamora, de esos que te levantan las cejas y te sacan un suspiro con la boca llena, siempre pienso en cĂłmo se podrĂa mejorar. Puede parecer un defecto, y aprovecho para disculparme con quien le haya podido molestar alguna vez, que seguro serán muchas. En mi descargo, sepan que me sucede, insisto, cuando me enamora. Lo mismo me pasa cuando pruebo un buen vino: despuĂ©s de disfrutarlo y escrutar sus caracterĂsticas me invade la necesidad de pensar cĂłmo se podrĂa mejorar. Es una especie de halago, a mi manera, que traduzco en pregunta Ăntima: «esta maravilla… Âżse podrĂa hacer mejor?» Con frecuencia sucede que no imagino la manera de conseguirlo, en cuyo caso el vino, o la comida, me parecen perfectos. Digo perfectos en el sentido verbal: perfectivos, terminados. Pero en ocasiones me resultan imperfectos, tambiĂ©n desde una perspectiva verbal: imperfectivos, iniciados pero no concluidos. Confieso que me pasa lo mismo en el arte con frecuencia, sobre todo en literatura, cuando leo un gran poema o me dejo seducir por una trama inteligente o por un personaje atractivo, igual en el cine, en la mĂşsica, etc. Supongo que es un germen creativo que no puedo sofocar. De esa fuente nace El Bvscon.
La primera vez que probĂ© el vino de maceraciĂłn carbĂłnica de Juanmi De la Cruz quedĂ© hechizado. Era un tinto como yo no habĂa probado jamás: la fruta tierna, repleta de flores y recuerdos infantiles de kiosko, venĂa pura, adornada con suaves aromas de nata y matizada con un brote fresco vegetal. Se notaba el suelo, el clima y la vejez del viñedo. Irradiaba juventud, energĂa a borbotones y dulzura, como un mozo enamorado. Era, y sigue siendo, un vino maravilloso. Pero imperfecto, inacabado. PensĂ© que se podĂa mejorar. ImaginĂ© al muchacho cuando fuese mayor, más templado, ilustrado y culto, menos brioso, seguramente, pero más profundo e interesante. Las Bacantes me susurraban que la crianza adecuada le harĂa bien. Con ello perderĂa la inocencia del chico joven, su ternura infantil y esos aromas tan puros, era consciente, pero a cambio se convertirĂa en el hombre que yo imaginaba, quizá no mejor, tal vez igual de imperfecto, pero interesante de conocer. Ahora bien, no podĂa renunciar a su esencia juvenil, a la maceraciĂłn carbĂłnica que con tanta dulzura protegĂa los matices primarios de la fruta y el terruño. El lugar me dio la soluciĂłn, no habĂa que buscar más lejos: la antigua parcela de cencibel de Los Parientes estaba en Villarrobledo, cuna de los mejores alfareros de tinajas. La crianza del vino en tinaja aporta pocos matices aromáticos, algo de mineral y recuerdos hĂşmedos, pero permite la oxigenaciĂłn a travĂ©s de los poros del barro, decanta las impurezas, limpia y estabiliza, sin disfrazar el vino. Terminar la fermentaciĂłn maloláctica en la tinaja, durante el otoño y el invierno, y prolongar el reposo durante la primavera harĂan que el vino domase sus Ămpetus, equilibrase brĂos sin perder arrestos, templase el ánimo y se envolviese en armonĂa. Imaginaba menos intensidad frutal primaria, pero más complejidad, más profundidad y amplitud de matices, más longitud y, sobre todo, más equilibrio, lo que solemos llamar redondez: taninos pulidos, sin aristas, armonĂa aromática, paso suave, amable, con el peso justo y donde las sutilezas se puedan encontrar sin que suene un redoble de tambores. Juanmi supo entender la idea y llevarla a tĂ©rmino con maestrĂa, poco aportĂ© yo aparte de la imaginaciĂłn. Las virtudes que pueda tener el vino, por tanto, son fruto de su talento, y los defectos son exclusivamente culpa mĂa. El resultado, en todo caso, fue el que yo habĂa soñado. Solo faltaba vestirlo e intitularlo.
NacĂa el proyecto con el nombre debajo del brazo, lo confieso, ya estaba en mi cabeza desde hacĂa años: El Bvscon. El pĂcaro personaje de Quevedo encarnaba de alguna manera lo que yo querĂa hacer: vagamundos del vino, buscador de fortuna por los viñedos, maltratador de botas por los terruños para encontrar uvas que merezcan la pena, a fin de engañar al viticultor, en el mejor de los sentidos, y llevarle conmigo a vivir una aventura emocionante. Mi amor por las letras, y especialmente por el poeta madrileño, hicieron el resto para fundir en una sola cosa la imagen del vino: una etiqueta sencilla y blanca, como el papel de las imprentas del s. XVII, con la Garamond habitual de aquellos tiempos y con aspecto de libro. El tinto de Juanmi era el primero, pero tenĂa, y conservo, la intenciĂłn de hacer más, en otras tierras, con otros viticultores. AsĂ pues, sin perder la querencia bibliográfica, este solo podĂa ser el primer capĂtulo. Estaba destinado a llamarse El Lobo, por pura casualidad. Mi amigo MĂ®r tuvo la ingeniosa idea de poner nombres de animales a cinco vinos de una cata a ciegas. Eran los cuatro mejores vinos criados en tinaja que tenĂa en mi bodega, con los que querĂamos medir El Bvscon. A la postre, el vencedor de la cata llevaba la etiqueta de «El Lobo». Por fortuna era el nuestro. DespuĂ©s, el diseñador Yit equilibrĂł todos los detalles estĂ©ticos para que la imagen luciese como la que saliĂł de la imprenta de Zaragoza de Pedro Verges en 1626 de la Historia de la vida del bvscon llamado don Pablos, exemplo de vagamundos y espejo de tacaños. Mantener la «v» original en lugar de la «u» y prescindir de la tilde, asĂ como el uso de nĂşmeros romanos y de una filigrana bajo el tĂtulo, nos parecieron un tributo necesario para conservar el aroma del barroco.
En el futuro habrá una ediciĂłn 2020 de El Bvscon. CapĂtvlo I, El Lobo. Está en proceso de elaboraciĂłn y la cosecha apunta aĂşn mejores intenciones que la de 2019. Quiero pensar que podremos seguir haciĂ©ndolo mientras la ilusiĂłn siga viva. TambiĂ©n habrá un segundo capĂtulo, y muchos más si la suerte me deja, tan pronto como encuentre un vino que me enamore y la imaginaciĂłn me señale el camino. Sigo bvscando.
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Nota del 8 de octubre de 2023:
En las sucesivas cosechas de El Bvscon, decidĂ cambiar el nombre de los capĂtvlos, dándole relevancia a cada nueva añada con un tĂtulo identificativo. El segundo fue El incidente, el tercero , La negra NO, y ahora está a punto de nacer el cuarto. Hasta la fecha he elaborado otros dos vinos, con el mismo espĂritu que naciĂł El Bvscon. Para confundir lo menos posible, optĂ© por intitularlos de forma diferente, bajo el nombre de otras obras literarias pero con una estĂ©tica similar, eso sĂ. ConfĂo en hacer más, la ilusiĂłn sigue intacta.
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Tus palabras para describir el vino me gustan mucho, pero yo sĂłlo necesito una: cojonudo. Castellano antiguo, por otra parte.
Qué amable. Me honra que digas eso.
Por cierto, sobre la palabra cojonudo y toda la familia semántica de los cojones escribà algo en el pequeño ensayo titulado Lost in translation: https://javiercaravaca.com/2020/10/05/lost-in-translation/