«Captad mejor vuestro tono, sed simples artĂsticamente, sublimes sin orgullo, agradables sin tapujos.«
Boileau – Arte poĂ©tica, 1674.

Cuando el tĂtulo de un poemario amenaza con Todo lo que soy, uno ya se pertrecha para recibir hondadas de realidad que le abofeteen, y contiene el aliento para soportar el olor de las entrañas que saldrá por la herida. Porque bajo esa frase no puede estar sino el poeta desnudo, y nada hay más terrible.
LidĂłn Sancho RibĂ©s te dedica a ti, que plantas geranios en su memoria, esta pequeña colecciĂłn de poemas. AsĂ de simple, como si no supiĂ©ramos que ya casi nadie los cultiva. Y digo pequeña porque la ediciĂłn de Fueradcarta es diminuta y tierna como un colibrĂ. Un librito para coleccionistas, solo cien ejemplares y sin posibilidad de reediciĂłn, que no es nada fácil de conseguir. Como un alienĂgena, hasta la feria de Marte tuve que navegar para conseguir el mĂo firmado el dĂa de su presentaciĂłn. TenĂa sentido bautizarlo allĂ, entre esculturas ininteligibles y trozos de pintura de rabiosa heterodoxia, porque la autora se viste de comisaria en esos ambientes, cuando no está cantando jazz en los cafĂ©s o dando lecciones de filosofĂa y de historia en la universidad. Lo traigo al papel a cuento y sin capricho: Todo lo que soy es un poemario de una mujer culta, polifacĂ©tica y madura, de otra suerte no tendrĂa mucho sentido para nosotros leer semejante revelaciĂłn de intimidades. Y es interesante por la forma, obviamente, no por el contenido en sĂ, por la crudeza con la que se expone la realidad Ăntima, sin vergĂĽenza, desgarradora, en cuya sombra estamos todos escondidos.
«Maltrátalo.» AsĂ empieza sin mediar advertencias, antes de la dedicatoria. Un poema narrativo de versos largos y enigmáticos que avivan un suspense enredado hasta el final. Es una virtud que utiliza durante todo el libro, la narrativa del suspense, como si en el fondo quisiera escribir novela negra en versos de mujer fatal. El conjunto deja entrever, no en vano, las contradicciones oscuras del ser humano, los defectos inconfesables, la caĂda en el vicio, pero con la luminosa y desagarradora sinceridad de quien se confiesa culpable y perdido. No importa que sean sentimientos y experiencias del poeta, no son exclusivos, podemos intuir entre los versos a todo el gĂ©nero humano y encontrar ahĂ pintadas nuestras propias miserias: las entrañas, a plena luz.
Sin embargo, poco hay de pesimista en la obra. «Voy a necesitarte más,» dice una voz. Cuando uno se desnuda y se confiesa es para limpiarse el alma y resucitar, con una esperanza ingenua y siempre verde en el amor. Es un contraste recurrente: primero la herida abierta, luego la cicatriz indolora y por último el bálsamo regenerador, todo ello sin perder la ilusión por descubrir la belleza de la próxima lanzada en el costado. Consciente de la amargura de algunos momentos de la vida, encuentra el optimismo con inocencia, «con la frente cuajada de sueños,» y nos lo ofrece redimida con «las manos llenas de dulces.»
Me pregunto qué vendrá después de Todo lo que soy. Pareciera como si ya no quedase nada que contar. Tal vez sea el momento de esa novela negra que asoma en alguna estrofa. Aunque, parafraseando los versos de Lidón, todo lo que soy, en el futuro, ya no seré yo.

AquĂ te dejo el IG de la autora, @lidon_sancho, y la web de la editorial.
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