El Tolkien del Beowulf

«No se encuentra lejos de aquí aquel lago; sobre él cuelgan helados matorrales, y un árbol sostenido por sus raíces ensombrece las aguas. Todas las noches se ve allí un espantoso prodigio: fuego en el agua. No vive ningún hijo de hombre tan sabio como para saber su profundidad.»

Beowulf

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El dibujo del dragón es un original de J. R. R. Tolkien

Aunque el título pueda parecer confuso, de eso trato: de las imágenes, motivos y detalles de la leyenda de Beowulf que pueden haber influido, siquiera inconscientemente, en el fondo creativo de Tolkien para su invención de la Tierra Media. «La guarida de los trolls», las orcnéas, «los bebedores de hidromiel», nos llevan a pensar en los mundos de Tolkien, aunque son literales del Beowulf, así como ese lugar «desde donde gobernaba su sólida ciudad y repartía los anillos». La intención de este texto no es revisar las fuentes de inspiración de Tolkien para sus obras, ni tampoco hacer un análisis del Beowulf, sino tan solo destacar aquellos aspectos del poema anglosajón que vuelven a aparecer en sus historias, algunos quizá provenientes de un folclore más antiguo, tanto da. Para abordar esta tarea, nada mejor que partir de su propia traducción del Beowulf, con sus profundos comentarios. El hecho de que le dedicara tanto tiempo a ese texto en inglés antiguo, a la traducción, a la versificación, a su versión de Sellic Spell, nos da la pista para intuir cuán profundo pudo calar la leyenda escandinava en su imaginario. Sauron, el señor otorgador de los anillos, Bilbo y el dragón, la cota de mithril de Frodo, la espada de Aragorn, el retorno del rey, el kraken de Moria, las águilas gigantes, los jinetes de Rohan, los orcos y los trolls, la desolación de Smaug, los anillos de poder, Gollum… son motivos cuyo rastro podemos encontrar en Beowulf.

El señor de los anillos (ESDLA) es la obra más conocida de Tolkien y, después de las películas, la que cimenta la cultura popular sobre sus mundos inventados. Doy por hecho, paciente lector, que conoces ese imaginario, o de lo contrario este texto te resultará aburridísimo e ininteligible. El señor de los anillos es el malvado Sauron, quien busca el Anillo Único para gobernar el resto de anillos de poder, los cuales fueron otorgados a grandes señores, y así dominar el mundo. Los anillos son extraordinariamente relevantes, pequeños objetos mágicos de enorme poder. ¿Es posible que Tolkien se sintiera seducido por los anillos de las leyendas del Beowulf? Veamos: «le preguntaré al Amigo de los Daneses, señor de los eskildingos y otorgador de anillos;» «desde donde gobernaba su sólida ciudad y repartía los anillos;» «no contradijo su promesa: el reparto de anillos y tesoros en el festejo». Al parecer, los anillos en Beowulf son asombrosamente importantes, símbolos de poder y nobleza, así como el gesto de entregarlos, tal y como hizo Sauron, Señor de los Dones, con elfos, hombres y enanos. Las referencias a regalar anillos son muy abundantes: «el joven rey guerrero que mató a Ongentheow, repartía los anillos en su bien cimentada casa;» «y daba a algún caballero un labrado anillo;» «trayendo a quien nos diera anillos para hacer su funeral;» «yaciendo sin vida sobre la tierra, al que antaño les diera los anillos;» «este brillante salón en el que se reparten los anillos;» «… comprender cómo al encontrar un otorgador de anillos, a un señor agraciado con generosa virtud…» Esta última cita enlaza, sin lugar a dudas, la gracia de entregar anillos a la virtud generosa de un noble. Los lugares en los que reposan los anillos también son relevantes: el «salón de los anillos» donde Beowulf saludó a Hrothgar por primera vez; o el «salón de anillos» donde molestaron al dragón durmiente. En algún pasaje del Beowulf los anillos toman el máximo protagonismo y simbolizan un poder mágico y ancestral que apenas podemos intuir, pero muy seductor: «el mismo rey salió de sus habitaciones, el guardián del tesoro de los anillos;» «he gobernado medio siglo a los orgullosos daneses del anillo.» Esas palabras se cubren con un velo de misterio legendario muy parecido al que encontramos en los textos de Tolkien. Pero no solo los anillos son importantes en su mundo, también otras joyas mágicas, y así aparecen en el poema: «le llevaron la copa, y le ofrecieron amistad con hermosas palabras, y con la mejor voluntad le entregaron el labrado oro, dos brazaletes, un manto, anillos, y la más poderosa gargantilla que haya llevado al cuello hombre alguno sobre la tierra;» «tenía puesto el collar en aquel último día en el que defendió sus tesoros bajo los estandartes;» «como un rey en todo su esplendor, llevó puesta al cuello esa joya de piedras preciosas cuando cruzó la cuenca de los mares». El término poderosa gargantilla nos invita a pensar no solo en su valor económico, sino en su valor tal vez mágico, y también nos recuerda la Elessar, la joya que lleva al cuello Aragorn, otorgada por Arwen, heredada de Galadriel y forjada por Celebrimbor, el mismo orfebre de los anillos de poder. Por si hubiera dudas: «también oí decir que le dio el collar a Hygd, un objeto caro de intrincada y maravillosa factura donado por Wealhtheow». No importa que la cita esté fuera de contexto, toda esa detallada descripción del camino del collar no tiene contexto, es una estrategia narrativa para darle profundidad, invitando a pensar en una historia legendaria mucho más antigua que se extiende allá donde el poema no alcanza. Pero en cualquier caso no deja dudas sobre el valor y el poder de estas joyas. No en vano, Beowulf entrega al morir su gargantilla al último caballero de su estirpe, junto a su malla, su yelmo y un anillo. Nada de tierras, inmuebles ni monedas, sino lo realmente valioso.

Es notoria la benevolencia con que Tolkien trataba la bebida, un aspecto que no suele estar presente en la literatura, salvo interés expreso del autor para la trama. Sin embargo, en Tolkien se retrata una relación amable con el alcohol, así como con la yerba para pipa, con fines meramente contextuales, descriptivos. En Beowulf también es claro el amor de los daneses por la bebida, sin prejuicios, en contraste con la actualidad. Esta cita nos sirve para enlazar los anillos y la cerveza: «… para espiar y ver cómo los daneses de los anillos, después de beber cerveza…» Es decir, los daneses grandes y poderosos, los de los anillos, acostumbraban a beber cerveza. No es el único caso: «mientras bebíais cerveza en los bancos de su salón;» «… la enjoyada copa para la cerveza y vertió brillante la dulce bebida.» Nótese los adjetivos, brillante, dulce. Es fácil recordar a Merry abrazando una pinta de cerveza, o a Gimli comer y beber y fumar a la vez en los momentos de solaz. También el vino, aunque fueran nórdicos, aparece en el poema con cariño: «los escanciadores repartían el vino desde vasijas maravillosamente acabadas.» Sin embargo, la bebida por excelencia de Beowulf, y también de Tolkien, es el hidromiel…,

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BIBLIOGRAFÍA:

Tolkien, J. R. R., (2015), Beowulf, traducción y comentario, Barcelona: Planeta.

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