«¿Qué es lo que quiero? Conocer la naturaleza y seguirla.«
Epicteto – EnquiridiĂłn, 108 d. C.

¿Conoces la metáfora del pecho como habitación?
Verás, hoy el sol pasará por el primer punto de Aries. De manera curiosa, está ubicado en la constelaciĂłn de Piscis, pero no te preocupes. A ese momento lo llamamos equinoccio de primavera, que viene del latĂn aequus nocte, esto es, que hoy el dĂa será igual que la noche, y mañana ya no. Para muchos, el año, el ciclo, la vida, empiezan aquĂ. No en vano, Aries es el primer signo del zodiaco, masculino, positivo y de fuego. AhĂ está el carnero para recordarlo, con sus imponentes cuernos. Como ya te dije, los cuernos son sĂmbolo de fecundidad. DemĂ©ter, Dioniso, la cornucopia… ya sabes. Pues eso, principio creador. Aries se rige por el planeta Marte, en relaciĂłn con el dios romano de la guerra, heredero a su vez del griego Ares. Por algo será, pues representa la violencia y el horror de la batalla, la brutalidad masculina, la virilidad, pero tambiĂ©n la pasiĂłn, la sexualidad y la belleza de la fuerza. No olvides que fue Zeus quien puso al carnero en el cielo cuando fue sacrificado en honor de Ares, despuĂ©s de rescatar a Frixo y Hele en el mito de los argonautas. No debe ser casual, porque esa historia versa sobre semillas de trigo que no podĂan germinar, y sobre el carnero salvador. Como decĂa, el primer punto de Aries, principio fecundador, masculino, de fuego.

Empieza la primavera y las gramĂneas pintan con un manto de oro toda la tierra. Puedes caminar sin zapatos por el campo y tejer, como las abejas en las flores, unos calcetines de polen amarillo. El trigo es una gramĂnea tambiĂ©n, todos los cereales lo son, fuente nutricia de la humanidad. Nunca pasĂł el hecho desapercibido, pues toman el nombre de la diosa Ceres, imagen de DemĂ©ter, madre de la agricultura y la naturaleza, del ciclo necesario de la vida y la muerte. AsĂ hemos construido los hombres tantos y tantos mitos alrededor del primer punto de Aries, dando muerte y resurrecciĂłn a los dioses y a sus hijos, sacrificando bestias viriles y cornudas, jugando a perder a seres hermosos en la oscuridad del inframundo para rescatarlos despuĂ©s. Y para quĂ©, pues para representar como un pintor el mundo que nos rodea, en medio de ese inescrutable destino que no entendemos, siquiera para que de una forma homeopática pueda ser benĂ©volo con nosotros. Porque si algĂşn dĂa dejara de ser de esa manera, si algĂşn dĂa, despuĂ©s de la muerte invernal, no viniera la primavera vivificadora, la rueda se habrĂa detenido. Y ese cĂrculo de fuego que nos ilumina, dándole nombre a todo, estarĂa apagado para siempre.
Pero no, hoy no es ese dĂa. Hoy empiezan las flores a maquillarse y a abrir las piernas, con el anhelo de que una mariposa les hunda la espiritrompa. Se ponen vestidos llamativos para destacar entre la muchedumbre del monte. Hasta el colibrĂ sucumbe a su belleza y vuela para libarles el nĂ©ctar de los estambres. No olvides que el nĂ©ctar era la bebida de los dioses, y no solo de los griegos. Hoy los machos, despuĂ©s de embriagarse con ese vino floral, cortejarán a las hembras batiendo la cola con tanta fuerza que no podrán resistirse, se derretirán con esa canciĂłn de amor que solo conocen los colibrĂes. No son los Ăşnicos, casi todos los pájaros hinchan hoy el pecho para parecer más grandes y hermosos, despliegan las mejores galas de su plumaje y encandilan a las pájaras con danzas erĂłticas. No puede ser de otra manera, porque ellas solo quieren al más fuerte, al que tiene la cola más grande y más bonita y al que canta mejor.
QuĂ© fuego viril se despierta, me pregunto, hoy por todas partes. Parece que la naturaleza entera, con todo su equilibrio de astros en armonĂa musical, conspira para que el dormido despierte. AsĂ le pasa al dragĂłn que duerme conmigo. Dicen que tiene la sangre frĂa, pero yo le veo el vientre ardiendo, iluminándose cuando se le tensa la piel con cada respiraciĂłn. Duerme como un bebĂ©, con las garras apretadas en un puño, esas que en otros tiempos te han abrazado por la espalda con furia y sin hacerte daño. Tiene las alas enroscadas, abrigándose, tan rojas como siempre. TĂş las has visto llevarte al cielo, ya las conoces. No parecen tan grandes en invierno, pero hoy se desplegarán con todo su imperio. Ronca cada vez más despacio, noto su aliento de fuego resucitando poco a poco, el mismo que te abrasaba el cuello sin quemarte. Pronto estará de pie, con los cuernos enhiestos y viriles que nada temen, de tan arrogantes. Ya lo veo buscándote, llevándoselo todo por delante, secuestrándote del bullicio de la gente, apretando el rabo alrededor de tus piernas para amarte una vez más, en una cueva, o entre las nubes, donde no haya ruido.
Es tu dragĂłn. Se está despertando en mi habitaciĂłn. DespuĂ©s de cada muerte, te hecha tanto de menos… Ya verás cuando te mire, con esos ojos profundos y tan negros que brillan igual que tĂş, cuando el sol pase por el primer punto de Aries.

*
Si te apetece puedes escuchar el podcast sobre este texto aquĂ o en:
*
Si quieres estar al tanto de mis publicaciones solo tienes que dejar tu correo y te llegará una notificación con cada texto nuevo:
*
Si te gusta mi trabajo y eres tan amable de apoyarlo te estaré siempre agradecido. Asà me ayudarás a seguir creando textos de calidad con independencia. Te lo recompensaré.
Puedes suscribirte por 2 € al mes. A cambio tendrás acceso a todo el contenido exclusivo para suscriptores y te librarás de la publicidad en la página. También recibirás antes que nadie y sin ningún coste adicional cualquier obra literaria que publique en papel. Puedes abandonar la suscripción cuando quieras, no te guardaré ningún rencor.
