Se acabó la prensa

Ayer, 25 de mayo de 2020, las portadas de los principales periódicos españoles se convirtieron en banderas: ondearon a media asta sobre fondo de plata, con el lema #salimosmasfuertes de sable y oro en el abismo y el escudo del Gobierno en el cantón siniestro de la punta. Banderas, digo bien, símbolos de un poder. Perdóname, sufrido lector, el tono heráldico, pero es que la cosa es para ponerse solemne. A ti, que estás aquí porque eres inteligente, todavía te queda un resquicio donde leer información y opinión independiente, pero para la gran mayoría se acabó. Los grandes periódicos han dejado de ser un medio de información, un poder para fiscalizar la acción de los gobiernos. Han vendido su espíritu a los políticos, como Fausto su alma al demonio. Al final, como él, también morirán, para nuestra desgracia.

La democracia, si algún día existió, ya no tiene sentido. Solo una sociedad bien informada puede someter su voto a escrutinio, en otro caso es demagogia. La definición de la RAE se ajusta al caso como un guante:

Demagogia.
Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos,
mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos,
tratan de conseguir o mantener el poder.

Para informarse bien de la actualidad, la prensa juega un papel fundamental. Nunca nos arrepetiremos lo bastante de haberla perdido. El Gobierno ha hecho sus deberes de forma brillante para acabar con ella, el último golpe ha sido comprarla. Con tus impuestos, sí, en el límite de la prevaricación de unos y el cohecho de otros, cuando más falta nos hace el dinero para otras urgencias. Y encima para decir las mentiras aún más gordas: “salimos más fuertes”, claro, fuertes como un roble, más que los cojones del caballo de Espartero, que de bronce son y no tiemblan con nada.

La prensa comprada por los gobiernos se llama propaganda, no hace falta acudir a la definición, ya la sabes: atraer adeptos, propagar doctrinas… Eso no es información, es como leer el programa electoral. Antes, para informarse, uno tenía que leer El País y el ABC, por contrastar, porque no te podías fiar de la querencia de ninguno. Después se hizo más difícil, había que leerse también el 20 minutos, La Razón, El Mundo… y unos cuantos de corte regional para tener una buena perspectiva, La Vanguardia, El Correo, El Periódico, etc. Ahora ya ni con esas, los han comprado todos. Si uno quiere informarse no le queda más remedio que navegar por pequeños diarios digitales, antes de que los cierren, y buscar voces independientes en Youtube, si no les han cancelado la cuenta todavía.

Ya denunciamos el peligroso camino hacia la censura que venía andando el Gobierno últimamente, metiendo sus manazas en la Guardia Civil para que persiguiera a los que no comulgan con sus ideas. También advertimos la importancia de criticar su gestión razonadamente, aunque diga que se hace para desestabilizarlo. Nos asombramos con temor cuando vimos que utilizaban la televisión pública para ridiculizar a la oposición en un programa educativo para niños. Nos espantamos cuando supimos de la manipulación del CIS para inducir a la sociedad a que prefiriera una sola fuente oficial de información. Nos temimos lo peor cuando dijeron que están trabajando en una ley para prohibir los bulos, que según el Gobierno es cualquier información que no salga de su gabinete. Y yo personalmente me quedé de piedra cuando supe que, con todo eso de los bots y de las redes sociales, el partido que más utilizaba esos perfiles falsos y amplificadores de ideología era Podemos, con miles de bots. Sí, miles. Lo peor es que todos los partidos los utilizan. Las noticias acerca de la manipulación de la información ha sido creciente desde que existe este gobierno, y llega a su punto álgido con el soborno a la prensa mayoritaria.

El Gobierno sabe que, en una democracia tan débil como esta, la opinión pública lo es todo, y que mantener una sociedad desinformada y poco crítica es crucial para manejarla y sostenerse en el poder. Andando el tiempo, con toda esa maquinaria de propaganda a su servicio y tan poquitas voces que disienten, conseguirán que a la mayoría le parezca bien cualquier cosa que se propongan, que la mayoría les vote, que la mayoría se conforme y se convierta en un rebaño dócil al que poner en cuarentena perpetua. Eso se llama totalitarismo, también lo sabes, aunque venga disfrazado con el eufemismo de república popular democrática.

Cuando tienes a la prensa sometida nadie puede señalar lo que haces mal. Cuando tienes al sistema judicial sometido nadie puede acusarte de hacerlo mal. Cuando tienes las dos cosas nadie puede evitar que lo hagas mal. Estimado lector, espero que disfrutes de estas líneas mientras nos dejen publicarlas, no creo que sea por mucho más tiempo. Tampoco creo que tengas la oportunidad de enmendarlo con tu voto en el futuro, ese tren ya pasó. Y puede que no vuelva en muchos años. Y no me llores, que la culpa es tuya igual que mía por dejarnos pisotear.

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